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El relevo en la Alcaldía de Sevilla

Ilusión, la vacuna de Antonio Muñoz contra la desafección política

  • Muñoz ha estado ajeno a la vida del partido y llega sin aristas

  • Su primer discurso dibuja una estrategia valiente y respetuosa que no genera animadversiones

Antonio Muñoz camina por la calle Sierpes, camino del pleno de su investidura, acompañado por su equipo: Antonio Jiménez, Isabel Ojeda y Rafa Márquez.

Antonio Muñoz camina por la calle Sierpes, camino del pleno de su investidura, acompañado por su equipo: Antonio Jiménez, Isabel Ojeda y Rafa Márquez. / Ayuntamiento de Sevilla

Su reto es estar a la altura de Sevilla y los sevillanos y su compromiso es lograr todos sean más iguales, dignos y felices. Suena a eslogan pero quienes conocen de cerca al nuevo alcalde confirman que ilusión es proporcional al intenso trabajo que a realizado en las últimas semanas para preparar su proyecto de gestión propia, a pesar de la dilatada transición que ha supuesto el relevo y de su obligado confinamiento por Covid.

Muñoz entró en el Salón Colón entusiasmado, con un discurso muy madurado que dio para varios titulares y para generar buenas sensaciones entre el personal. El nuevo alcalde es un militante sin apenas vida de partido y ese desapego a lo orgánico lo presenta sin aristas. Su mejor aval es la gestión y a ello se agarrará. Gestión, gestión, gestión y reivindicación, reivindicación, reivindicación, fueron las dos claves que esbozó en su primera intervención, donde arriesgó.

Tras defender su candidatura –algo que quizás debió corresponder a la portavoz del grupo– y coger el bastón de mando tras la votación pertinente, Muñoz esbozó con mucho detalle una estrategia que es valiente y a la vez respetuosa, un equilibrio que evita de entrada las animadversiones y le facilita un voto de confianza que asume sin vértigo. El nuevo alcalde sabe que este honor se debe, primero a la confianza depositada en él por Juan Espadas, a quien agradeció públicamente su labor y amistad, pero luego es el mérito por el trabajo desempeñado especialmente en estos últimos seis años y seis meses.

Dicho así suena como una condena, pero para Muñoz esta etapa al frente de la Alcaldía es la oportunidad para llevar a cabo un proyecto transformador, una tercera revolución que lo consagre como otro de los alcaldes socialistas que cambiaron radicalmente Sevilla, después de Manuel del Valle y Alfredo Sánchez Monteseirín. 

Muñoz fue generoso y tuvo palabras de elogio para todos los alcaldes de la democracia, convencido de que todos afrontaron su mandato con la intención de  mejorar la situación y que todos lograron su cometido en mayor o menor grado. Aunque en el auditorio sólo estaban presentes dos: Monteseirín y Juan Espadas. Y también dio su sitio a todo el equipo del que ha aprendido en este tiempo, asegurando de que sólo se crece cuando no sobra nadie, ni concejales ni el resto de trabajadores que forman parte de la maquinaria municipal.

Con este equipo cohesionado y estable, que necesita fundamentalmente para este año y medio que resta de mandato, Muñoz afronta su etapa como un líder “con altura de miras y sin complejos, con luces largas y con visión de futuro” y preparo una lista de proyectos que empezará hoy mismo a ejecutar con una ilusión que es, sin duda, la mejor vacuna para combatir la desafección a la política que sienten una gran parte de los ciudadanos, un mal endémico al que se suma el hartazgo de los dos años de pandemia y lo que ello ha supuesto.

Muñoz fue bastante claro y apuntó que el rigor no está reñido con la esperanza y garantizó que prefiere el compromiso a las promesas y los hechos a las palabras tras apuntar dos lecciones aprendidas de esta crisis y que pasan por la apuesta por lo público y por la ayuda de Europa.  El nuevo alcalde no renunciará a seguir con la proyección internacional de la imagen de Sevilla asociada al caso de éxito del turismo, que prepara también una vuelta de tuerca más; ni con el impulso de las políticas de igualdad, en las que hizo un guiño a Amparo Rubiales reivindicando un gobierno feminista y que llama por su nombre a la violencia machista; o la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, que dio pie para saludar a Remedios Álvarez por su película sobre la fosa de Pico Reja y, de paso, al resto de representantes del sector audiovisual presentes en el acto, entre ellos, el presidente de la Academia de Cine, Mariano Barroso. Guiños a la Sevilla del talento, la ciencia y la innovación, la Sevilla de la diversidad, inclusiva y verde que vigilan “sus hijos y mis sobrinos”.

La estrategia de Muñoz pasa por cuatro ejes para que la ciudad funcione, respire, sea inclusiva y desarrolle un nuevo modelo económico. Y la segunda parte de su discurso se centró en detallar sus planes y haciendo partícipes de ellos, con nombre y apellidos, al auditorio. “Ya está bien. Llevamos demasiado tiempo hablando de proyectos y muy poco de realidades”, apuntó en un tono reivindicativo que la gente agradeció.

No se puso de perfil para eludir la amarga situación de los barrios más pobres, en los que no se ha hecho los suficiente, una Sevilla rota para la que trae una nueva estrategia de coordinación. Y también enumeró otras realidades que permiten sacar pecho a Sevilla, de empresas como Persán, Heineken, GRI, Alter Technology, Airbus, Unyq, Ranault, Glamping Hub o Universal DX. Otra Sevilla que existe pero que está a la sombra y él se compromete a iluminar.

Antonio Muñoz posa con su familia. Antonio Muñoz posa con su familia.

Antonio Muñoz posa con su familia. / Antonio Pizarro

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