Manuel Prado, mucho más que un coronel médico militar

OBITUARIO

El coronel médico-militar y escritor, Manuel Prado Soltero, en su biblioteca particular.
Carlos Navarro Antolín

03 de octubre 2015 - 05:03

Uno puede limitarse al noble ejercicio de su profesión y al cuidado de su familia, o ir más allá y dar rienda suelta a todas sus capacidades, exprimir al máximo la naranja de la vida, sacarle todo el zumo y ofrecer su ejemplo a la prole como vitaminas sin caducidad. Manuel Prado Soltero (Sevilla, 1938-Reims, Francia, 2015), coronel médico-militar del Ejército de Tierra, era mucho más que su profesión, que la llevaba a gala como un sacramento que imprime carácter para toda la vida. Era un ciudadano inquieto, deseoso de saber más, amante de esas aficiones que siempre deben generar efectos positivos: leer, escribir, viajar, coleccionar sellos... La muerte le sorprendió el pasado sábado durante un viaje por Centroeuropa, prueba de que siempre ha sido un espíritu inquieto y que jamás quiso relegarse a la condición de un ser pasivo empadronado en una butaca delante del televisor.

Profesional sensible y humanista. Socio fundador de la tertulia literaria Charla de café a mediados de los años cincuenta, contertulio habitual de Noches del Baratillo y fundador de la Asociación Literaria Alhoja. Residió varios años en el antiguo Sahara español en su condición de médico militar. Unos años que, pese su dureza, siempre recordaba con cierta nostalgia por el cúmulo de experiencias vividas en el desierto. En Sevilla ejerció su profesión en el Hospital Militar Vigil de Quiñones y en el ISFAS.

Como escritor destacó por su condición de poeta modernista con tintes románticos, como le gustaba ser identificado. Cultivó también el género de la narrativa corta y la literatura infantil clásica, en los que concebía cada obra como un ejercicio de prosa poética. Promovió la organización de las primeras jornadas de Humanismo Sanitario como componente de la Sociedad de Médicos Artistas Nicolás Monardes. Tenía trece nietos. Para ellos preparó una serie de cuentos, entre ellos destacan el titulado La princesa rana de los ojos verdes, que obtuvo un premio literario, y El pozo sin fin. Fue finalista del premio Azorín (Planeta) de novela con la obra ¡Noche y Niebla!. Entre su extensa obra también destacan Remembranzas (con tintes autobiográficos) y Soneto para ciprés y nardo.

Fue un amante de los valores del orden y la disciplina sin ningún tipo de complejos. En ellos educó a sus seis hijos (Manuel, Rafael, José Félix, Fernando Javier, Daniel y Jesús) junto con su esposa, María Cristina Velasco, con la que llevaba casado más de 50 años. Vecino de la Avenida de Reina Mercedes, todos sus hijos realizaron estudios universitarios en las facultades de Ciencias, concebidas como una prolongación más de la gran vivienda familiar. Manuel Prado fue uno de los veraneantes históricos de Matalascañas, en el edificio El Delfín, en los años en que el proyecto urbanístico conocido como Playas del Coto Doñana distaba mucho de lo que con el paso de los años ha acabado siendo.

Manuel Prado aprendía de todo, de la lectura y de las minuciosas sesiones que se pasaba documentando sellos, porque vivía con intensidad y en continua renovación, prueba de ello es que no paró hasta controlar los ordenadores y estar en las redes sociales.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último