¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Flores de Borgoña
Juan Fernández Valverde habla muy bajo y con un matizado acento andaluz. Cultiva cierta indolencia en la expresión para dejar claro que, pese a su condición de catedrático, no se da muchos humos, y sabe salpicar su discurso de expresiones coloquiales para acortar distancias con su interlocutor. Pertenece a esa Sevilla culta, amable, educada y discreta que nunca saldrá en los vídeos promocionales de la ciudad porque, sencillamente, es un tipo de persona que puede encontrarse en cualquier rincón de Europa. Este latinista nacido en Priego de Córdoba e hijo de un magistrado quiso ser periodista, pero una oferta de empleo al final de la carrera le hizo adentrarse en la docencia universitaria para ya no abandonarla nunca más. "No me cambio por nadie", dice, y es completamente cierto. Actualmente disfruta de un año sabático para dedicarse a dos proyectos de investigación sobre Marcial y Las Metamorfosis de Ovidio. Discípulo de Juan Gil y muy querido por sus alumnos dejó un día la Universidad de Sevilla para exiliarse (dicen algunos, nunca él) en la Pablo de Olavide. Le duele la universidad y se nota. Siente nostalgia por una educación más generalista, más pendiente de la formación mental y espiritual del estudiante que de formar buenos competidores sin alma. "No se te olvide poner que el 6 de enero fui abuelo", son las últimas palabras que le dice a su entrevistador.
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