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"Mi abuelo era el sastre del padre de Néstor Almendros"

Los invisibles · Antonio Gosálvez Collado

Hace 25 años era el director que localizó al director de fotografía que da nombre al instituto Por teléfono, descubrió un insólito paisanaje.

"Mi abuelo era el sastre del padre de Néstor Almendros"
Francisco Correal

06 de diciembre 2014 - 01:00

ESTUVO un año de director y veinte de profesor de Dibujo, pero el destino le regaló a Antonio Gosálvez (Almansa, Albacete, 1948) el encuentro mágico con un maestro de la luz.

-¿Usted propuso el nombre de Néstor Almendros para el instituto de Tomares?

-Fueron los profesores de Imagen y Sonido. Salieron también los de Luis Cuadrado y Berlanga.

-¿Cómo lo localiza?

-Me voy al Larousse en la biblioteca del centro y leo Almendros, Néstor, nacido en Barcelona en 1930. Llamé a Cultura del Ayuntamiento de Barcelona.

-Entonces no había móviles...

-Me dieron el teléfono de su casa de la calle Muntaner, que se la había comprado a su madre. Aprovechó el rodaje de La decisión de Sophie, que se rodaba en Checoslovaquia, para sacar de Cuba a su madre, su hermano Sergio y el hijo de éste, David, que se quedó deslumbrado con Madrid y El Corte Inglés. De un país comunista a otro sí se podía viajar. Hicieron escala en Madrid y se quedaron en España.

-¿Le cogió Néstor el teléfono?

-Fue su sobrino. Él estaba en el jurado del festival de Montreal. A los pocos días me llamó el propio Néstor Almendros al instituto. No se creía que se acordaran de él en España, de donde su familia tuvo que huir antes de hacerlo de Cuba. Le dije que esas cosas eran mejor hacerlas en vida y algo en mi expresión le llevó a preguntarme si yo era manchego.

-¿Descubrió a un paisano?

-Si me hubiera fijado en el nombre anterior del Larousse, habría leído Almendros, Herminio, un pedagogo de la Institución Libre de Enseñanza nacido en Almansa. Yo soy hijo y nieto de sastres y mi abuelo Nicolás había sido el sastre del padre de Néstor Almendros. Él me dijo que tenía en su casa de París un metro de cerámica de la firma Collado, porque un primo suyo había sido representante de la empresa de tejas y ladrillos de mi familia materna.

-¿Un Oscar a su alcance?

-Pasé del usted al tú. Fui con Emilio Sáenz a recogerlo al aeropuerto. Lo llevamos al hotel Inglaterra. Le regaló al centro una clase magistral de Fotografía y un guión, El Abencerraje, que escribió en el ordenador de Terenci Moix, nos mandó dos meses antes de morir y 25 años después no hemos conseguido que ninguna productora se interese por él.

-¿Aquel desconocido se convirtió en su amigo?

-Me invitó al homenaje que le dio la Filmoteca en Madrid. Tengo correspondencia con él. Emilio y yo nos quedamos con las ganas de visitar su apartamento de Nueva York, que se compró con el dinero de Kramer contra Kramer.

-Para un profesor de Dibujo, debió ser lo máximo...

-Esa vocación vino de rebote. Yo estudié Aparejadores, pero llegó la crisis del 73. Empecé a trabajar en una empresa decorando con mármoles edificios del Banco Popular. La sede estaba en Almagro y me recorrí casi toda Galicia decorando bancos, pero aquello también se fue al garete. En Almagro quedó vacante una plaza de profesor de Dibujo en un centro de Formación Profesional.

-¿Cómo llega a Sevilla?

-Aprobé las oposiciones y mi primer destino fue Alicante. Mi pareja es gaditana, aunque la conocí en Almagro. Manoli creía que con lo de las autonomías iban a poner fronteras. Los andaluces añoran mucho su tierra, a mí me da igual. Pedí el destino de Granada pero no me lo dieron. Un año después, me dieron Sevilla. Un instituto del Polígono Sur.

-¿Qué le pareció?

-Dejamos a Curro, el mayor, con los abuelos en Cádiz y vinimos a verlo. A mí lo de Polígono me sonaba a zona con edificios nuevos, lo que había visto en el Polígono Babel de Alicante. Pregunté a un taxista y me dijo que bajara las ventanillas del coche. Estuve tres años. Una experiencia muy gratificante. Los que pasaron por el Polígono Sur han sido todos altos cargos de la Consejería. Era una plataforma para los que querían trepar políticamente.

-Y del Polígono Sur al Aljarafe.

-El instituto no tenía nombre y estaba a medio construir. Sustituí en la dirección a Manuel Cid y aguanté un año, que era lo que solían aguantar todos los directores. Había mucha presión.

-¿Una imagen, un sonido?

-La mezcla explosiva del primer año. Los alumnos de Relaciones Públicas muy exquisitos y los más pequeños, que eran unas fieras. Pero se frenaban unos a otros.

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