Sevilla

Un alcalde de Guinness

  • Desde que en 1835 se constituyen los alcaldes constitucionales, ningún regidor alcanzó los diez años que Sánchez Monteseirín inició después de las elecciones municipales del 13 de junio de 1999

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Alfredo Sánchez Monteseirín no necesita calles ni medallas. Está en el Guinness de Sevilla. Mañana se cumplen diez años de las elecciones locales que con los votos del PA lo llevaron a la alcaldía. Nunca nadie en la historia municipal de Sevilla rebasó la franja de los diez años. Desde que en 1835, por orden de la reina María Cristina, se instituye la figura de los alcaldes constitucionales, ningún alcalde alcanzó esa cifra.

En la primera década del siglo XX, haciendo un paralelismo cronológico con el calendario de Monteseirín, Sevilla tuvo quince alcaldías repartidas entre trece alcaldes, porque dos repitieron bastón: Fernando de Checa Sánchez (1899 y 1903-1904) y Fernando Barón y Martínez de Agulló (1904-1906 y 1907). Éste, que fue conde de Colombí, preparó la ciudad para las reformas que precedieron a la Exposición Iberoamericana de 1929. En 1899, un siglo antes de que llegara el actual alcalde, Sevilla tuvo cuatro regidores municipales: Hipólito Adalid, Manuel Laraña Ramírez, José María Moreno Florido y el citado Fernando de Checa Sánchez.

De los alcaldes de aquella primera década del siglo XX destaca el que cerró ese periodo. Antonio Halcón y Vinent, conde de Halcón, fue alcalde en tres periodos distintos: un primer mandato de 1909 a 1913, repitió en el bienio 1922-1923 y de marzo de 1930 al 14 de abril de 1931, proclamación de la II República. Fue conocido popularmente como el alcalde Palanqueta por el masivo derribo de viviendas y construcciones que marcaron su primer mandato. Consta como el tercer alcalde más longevo en la historia del Ayuntamiento de Sevilla. Sus siete años de alcalde en tres periodos sólo lo superan los ocho años de Manuel del Valle Arévalo y los diez de Sánchez Monteseirín.

Tras la conquista de Sevilla, Fernando III le otorga a la ciudad el Fuero de Toledo que instituye la figura del Alcalde Mayor, cargo de condición noble y elección real que presidía los cabildos con voz y voto y ejercía funciones judiciales y administrativas. De acuerdo con los datos incluidos por el historiador y cronista José Contreras Rodríguez-Jurado en su trabajo De los Asistentes a los alcaldes constitucionales (en el libro Ayuntamiento de Sevilla: Historia y Patrimonio, Ediciones Guadalquivir), el primer Asistente de Sevilla fue Diego de Merlo el Valiente, que ejerció el cargo entre 1478 y 1482.

El marqués de Arco Hermoso (1835-1836), es el primer alcalde constitucional. Y de los asistentes que rigieron los destinos de la ciudad en los cuatro siglos anteriores, sólo tres gobernaron en periodos superiores a los diez años.

Juan de Silva y Ribera, conde de Cifuentes (1482-1506) fue Asistente durante casi un cuarto de siglo. Nadie estuvo tanto tiempo. Durante su etapa se vivieron dos hechos cruciales: la conquista de Granada, en la que participó, y el Descubrimiento de América, en el que tuvo un curioso protagonismo, ya que los Reyes Católicos le encargaron en 1489 que le buscara alojamiento a Cristóbal Colón. Su hijo, Juan Silva y Ribera, señor de Montemayor, también fue Asistente. Preparó la boda de Carlos V y acordó construir nuevas Casas Consistoriales junto al convento de San Francisco.

Otro Asistente que superó la década fue Lorenzo Fernández de Villavicencio, primer marqués de Vallehermoso. Lo fue entre 1695 y 1702 y de 1714 a 1719. Nombrado por Felipe V, hizo frente a la riada de 1697, a la amenaza de la Armada inglesa en Cádiz (1702) y al incendio del convento de San Francisco (1716). Durante su segundo mandato, se produjo en 1717 el traslado de la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz. También superó la década Manuel Cándido Moreno Ciadoncha (1795-1806), cuñado de Godoy, que demostró su ineptitud en la inundación de 1796 y la fiebre amarilla de 1800.

Los dos asistentes más célebres de Sevilla se quedaron ambos en el tope de los ocho años, pero su obra va más allá de los clichés cronológicos: Pablo de Olavide y Jáuregui (1767-1775), peruano de cuna, simultaneó el cargo con su condición de director de Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, con base en La Carolina. Levantó el primer plano topográfico de Sevilla. Arjona es el último de los asistentes. Un moderno del Antiguo Régimen. Nacido en Osuna, ocupó el cargo entre 1825 y 1833. Conocido como el "rey de Despeñaperros", igual que Olavide hizo compatible su trabajo en Sevilla con otro cometido, en su caso la Intendencia General del Ejército de Andalucía.

El alcalde más longevo del siglo XIX fue Juan José García de Vinuesa (1859-1865), el más popular del periodo de Isabel II. Este alcalde inició el derribo de murallas y es el primero que descentraliza los servicios municipales en distritos. Construyó la verja de la Fábrica de Tabacos y murió con las botas puestas. El 26 de octubre de 1865 falleció contagiado por el cólera morbo mientras asistía a las víctimas.

Las referencias a los bajos del Marqués de Contadero, el consultorio de Marqués de Paradas o la calle Puente y Pellón evocan alcaldes de Sevilla. El de Puente y Pellón, montañés de nacimiento, no fue el más largo, pero sí es el único que fue alcalde con tres regímenes distintos: con Amadeo de Saboya (1872), durante la I República (1874) y con la Restauración (1881-1882).

Primera década del siglo XX. Quince alcaldías en una década. "El régimen de la Restauración hacía elecciones municipales cada dos años. Un ardid muy caciquil", dice el historiador Juan Ortiz Villalba. A la inestabilidad municipal se añadía la gubernamental, la alternancia de conservadores y liberales. En 1902 jura su cargo Alfonso XIII. Un rey de 16 años. El bipartidismo lo protagonizan el Partido Liberal Conservador de Cánovas del Castillo y el Liberal Fusionista de Sagasta. Pedro Rodríguez de la Borbolla fue alcalde en 1918. Monteseirín evitó en las primarias que lo nominaron como candidato que el nieto de aquél, José Rodríguez de la Borbolla, ocupara el sillón de su abuelo, que fue ministro.

La Segunda República tuvo seis alcaldes en Sevilla. Uno muy breve, Hermenegildo Casas (sólo cuatro días); otro monárquico, Rodrigo Fernández y García de la Villa. Isacio Contreras tuvo que liquidar las deudas de la Exposición del 29 y a Horacio Hermoso lo detienen el 19 de julio de 1936 en el propio Ayuntamiento.

Después de la guerra civil, se dio un paso atrás de varios siglos. Los alcaldes serán elegidos por los gobernadores civiles y, como en tiempos del Fuero de Toledo, pertenecían a la nobleza: Ramón de Carranza (1936-38), marqués de Soto Hermoso, o Joaquín Benjumea Burín, conde de Benjumea, en proceso de exclusión del callejero de la ciudad de la que fue alcalde entre noviembre de 1938 y julio de 1939. Franco lo nombró ministro de Agricultura y Hacienda.

De los alcaldes del franquismo sólo dos llegaron a los seis años de mandato: Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas, marqués del Contadero, que rescató el servicio de aguas a los ingleses y fue presidente del Betis y del Sevilla, y Juan Fernández Rodríguez y García del Busto (1969-1975), que llevó la Feria del Prado a Los Remedios, aunque quien adquirió los terrenos a la Junta de Obras del Puerto fue su predecesor, Félix Moreno de la Cova (1966-1969). Éste hermanó Sevilla con Kansas City y alentó el primer proyecto de Metro. El mandato de Rafael Medina (1943-1947) coincide con la visita de Evita Perón. El de Mariano Pérez de Ayala (1959-1963), con la inundación del Tamarguillo. Entre Evita y el Tamarguillo está la alcaldía de José María Piñar y Miura (1947-1952). Rafael Medina y Mariano Pérez de Ayala ejercieron cuatro años de mandato, el periodo que ya con la legitimidad democrática tendrían las alcaldías de Luis Uruñuela (1979-1983), Alejandro Rojas-Marcos (1991-1995) y Soledad Becerril (1995-1999), la más votada el año que Monteseirín empezó su década prodigiosa y entró en el Guinness de Sevilla.

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