El alcalde y las llaves de un pensionista de Nervión
EL título recuerda a las mil historias de cercanía protagonizadas por el ex alcalde Juan Ignacio Zoido en los últimos años. Gestos intangibles, le gustaba decir a su equipo. Pero en esta ocasión se trata de Juan Espadas a quien, eso sí, le gusta mucho menos airear estos asuntos que hacen que el ciudadano sienta al alcalde como una persona próxima. No es ningún descubrimiento que estos gestos son clave del éxito de un munícipe y, conscientes de ello, en el nuevo equipo de gobierno ya hay quien apuesta por sacar a la luz este tipo de historias.
Una función parecida cumple el nuevo canal de Emergencias Sevilla en Twitter. La cuenta pretende ser una ventana municipal abierta para lanzar a las redes, a falta de avisos y comunicados importantes, las pequeñas glorias de los agentes municipales, bomberos o policías, aun a riesgo de resultar a veces hilarante. Gatos y perros salvados, niños rescatados... Con la debida medida, esta rutina del servicio público revela la cara humana que todo político necesita. Y éste es el caso del relato del alcalde Espadas y las llaves de Rafael, un pensionista de Nervión.
Sucedió hace unos días. Un hombre de 78 años de edad fue víctima una tarde de agosto de un robo. Entre los efectos sustraídos estaban las llaves de su piso. Tras dar el aviso, los agentes de la Policía Nacional intentaron abrir la puerta del domicilio para que el señor pudiera regresar a su casa. Al resultar imposible, pasaron el caso al servicio de intervención, emergencias y exclusión social adscrito al área municipal de Bienestar Social y Empleo, que se hizo cargo de la situación al tratarse de una persona mayor y sola.
La solución más rápida era forzar algún hueco para entrar en el domicilio, de lo que se harían cargo los Bomberos. Pero entonces el hombre relató a los agentes su situación: pensionista, con los achaques de salud de su edad, sin familia ni acompañantes en el piso y los únicos ingresos de una pensión no contributiva de 400 euros. A mediados de mes sería incapaz de hacer frente al coste de la reparación de la puerta o la ventana que los Bomberos destrozarían.
El único recurso, cuando ya la noche caía, fue trasladar al anciano al albergue municipal para que pudiese pernoctar mientras se gestionaba otra alternativa. Así se hizo y se desactivó el operativo policial y de bomberos que había sido avisado. Pero los agentes, no conformes, decidieron regresar al domicilio y, en caso de causar daños, hacerse cargo entre todos de los gastos. Al final lograron entrar por un patio interior, pero, a esa hora, el pensionista de Nervión ya dormía. Era medianoche cuando despertaron a Rafael, que no podía creer cuántas molestias se habían tomado por él. No sólo los agentes, sino parte del equipo de gobierno con el alcalde a la cabeza. Una sensibilidad que nunca un alcalde debería despreciar.
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