Metáfora del templo y los mercaderes

Calle Rioja

Remedios. Para combatir el calor, el cronista propone encierros en la Catedral, con visita cultural y espiritual, o en unos grandes almacenes, un viaje a Egipto con los inventos de Nikola Tesla o una escapada en autobús a las playas de Huelva

Turistas en la plaza Virgen de los Reyes, junto a la catedral. / Juan Carlos Muñoz

La gente aguardaba la apertura de El Corte Inglés a las diez de la mañana. La primera junto a la Campana. Es una estampa casi cofrade fuera de temporada. La expectación tan sevillana ante la apertura o cierre de una puerta. La ascensión de las escaleras mecánicas. Ya apretaba el calor de lo lindo. De pronto, recordé el titular de la entrevista que le hice a una escritora. Aunque nunca leí su novela, no he olvidado ni el título ni el nombre de su autora. Ganó un premio de novela convocado por una entidad bancaria en cuyo jurado ese año estuvo Fernando Quiñones. La escritora se llamaba Dolores Soler Espiauba y llevaba mucho tiempo viviendo en el extranjero. La novela ganadora se titula Hermana Ana, ¿qué ves?. En la citada entrevista me contaba que casi siempre había venido a Sevilla en verano y tenía dos refugios fundamentales contra el calor: la Catedral y El Corte Inglés. La iglesia religiosa y la civil. El templo y los mercaderes.

Seguimos caminando por Alfonso XII. La noche anterior en el cielo no se veían ni las estrellas. Los rigores de la calima, la paleta del desierto. En la estación de autobuses de Plaza de Armas no funcionaba el aire acondicionado. Y eso que muchos de los que estaban allí era porque buscaban un punto del mapa donde refrescarse, donde respirar a pierna suelta y hacerle una carantoña a las alertas naranjas de los telediarios, que a veces informan del tiempo como si fuera la radiofónica guerra de los mundos de Orson Welles.

La ventanilla con más viajeros era la número 6. Normal. Era donde se sacaban los billetes para las playas de Huelva. Hay una serie de ventanillas para vuelos internacionales. La número 3, de la empresa Eurolines, tiene los destinos como si fueran emparejamientos de los cuartos de final de una Eurocopa o un Mundial: Bélgica-Holanda, duelo del Benelux (¿habrá autobuses hasta Luxemburgo?); Italia-Francia, como la final del Mundial de Alemania 2006, el último partido oficial en la carrera de Zinedine Zidane; Portugal-Alemania, que evoca esa final de la Copa de Europa en la que el Oporto sorprendió al Bayern de Munich; y Marruecos-Bulgaria. Se aproxima mi turno, pero se lo cedo a una señora y un joven cuyos autocares salen los dos a las once de la mañana, uno para Sanlúcar de Barrameda y otro para Almonte. Dos municipios limítrofes pero con un límite fluvial, el río Guadalquivir y los humedales de Doñana. Dos términos que incluso comparten espacio en el Palacio de las Marismillas, como bien sabe el biólogo Miguel Delibes de Castro.

Tenía razón la escritora. La Catedral es uno de los pocos sitios donde uno puede guarecerse de los rigores del calor. En verano será Matacanónigos pero no por el frío. En su interior se veían todavía peregrinos de la JMJ. Un grupo de jóvenes de la República Dominicana sentados muy cerca de la tumba de Cristóbal Colón.

Como bien conocía el que fuera director del Archivo de Indias, José de la Peña Cámara, Sevilla ha pleiteado históricamente con Santo Domingo por los restos del Almirante. La tierra que más amó Colón, se lee en el malecón del puerto del país caribeño. Numerosos guías se detienen con sus grupos ante la pieza recién restaurada, El Triunfo del Sacramento de la Eucaristía, de Francisco Herrera El Mozo. Pasa debajo de tan imponente cuadro Álvaro Pereira, el sacerdote que ha predicado la novena a la Virgen de los Reyes. Charo y Eduardo recorren las Naves de la Catedral. Es gasolina espiritual para el viaje que van a emprender. Parada en Mérida, para ver Salomé en el festival del Teatro Romano; sucesivas escalas en Cáceres, Hervás hasta llegar a Oporto.

Tesla inventó el mando a distancia y los egipcios el elixir de la cerveza

Caixaforum es una Catedral laica y subterránea donde se alternan las exposiciones. Otra alternativa para librarse del calor con una librería en la que además de los textos relacionados con las muestras conviven obras sobre Tadao Ando, Alvar Aalto, Guillermo Vázquez Consuegra o los secretos de Sevilla señalados por Manuel Jesús Roldán.

No sé si alguna vez estuvo Nikola Tesla en Egipto, pero sus inventos seguro que llegaron. Es impactante la visita a las dos exposiciones. La del inventor nacido en los países balcánicos, en lo que después de su nacimiento (1856) sería Yugoslavia y lo que medio siglo después de su muerte (1943) dejaría de serlo, y la de las seis momias del antiguo Egipto con abundante información sobre las civilizaciones que crecieron en las riberas del Nilo.

No fue un río sino un océano el que atravesó Tesla para dar a conocer sus impresionantes avances científicos. Los perfeccionó en su juventud, el tiempo que estudió en Budapest (aparece un Puskas entre sus mecenas). Llegó a Nueva York a bordo del barco Ciudad de Richmond. Allí se inició uno de los duelos más apasionantes que conoce la historia de ese país. Donde se batieron sudistas y federales, donde lo hacen republicanos y demócratas, con la rivalidad que mantuvieron los Boston Celtics y Los Angeles Lakers, se desarrolló un pulso gigantesco entre los partidarios de la corriente alterna y los que defendían la corriente continua. A los primeros los abanderó Tesla, con la alianza de la compañía Westinghouse; a los segundos, Edison, que pasó de maestro a encarnizado adversario. La exposición muestra algunas de las 300 patentes que inscribió Tesla, muchas fallidas, otras ya integradas en la vida cotidiana, como el mando a distancia. Es apasionante el viaje por los creadores de la radio, aunque ésta se asocia a Guillermo Marconi, que recibió el Nobel de Física. A Tesla lo inmortalizó una marca de automóviles.

Es inevitable pensar en Sinuhé el Egipcio, el personaje de la novela del finlandés Mika Waltari, en el viaje por los secretos del alma egipcia. Extraían el cerebro porque consideraban que aquella se depositaba en el corazón. El segundo país más importante de los Evangelios atesora una cultura de la momificación en la que llaman la atención algunos asuntos: la importancia de los amuletos o lo vestigios médicos que evidencian que el cáncer o las enfermedades cardiovasculares, las patologías que más muertes producen en el siglo XXI, ya causaban estragos en el Egipto de los faraones. Aparecen dos divinidades a las que les profeso una devoción heterodoxa, Isis y Osiris. Le daban nombre al barco en el que enjulio de 1987 hice un crucero por el Nilo. En la exposición fotografié la técnica de fabricación de la cerveza. Yo la probé en los botellines Stella.

Los guardas de los monumentos fumaban casi todos cigarrillos Cleopatra. Tesla en Egipto. Un viaje a orillas del Guadalquivir, junto al parque Magallanes y al puente de la Expiración, obra de José Luis Manzanares, el único de autoría sevillana (trianera) que se hizo para la Expo, con el añadido de esos toldos que son abanicos de ingeniería dignos de refrescar la estancia del faraón en su viaje del pergamino al papiro.

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