Un centenar de alumnos de un IES de Tomares protesta por el mal estado de su centro: "Es un riesgo para todos"

La comunidad educativa del instituto Ítaca reclama que lleva años dando clases en unas caracolas provisionales

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Estudiantes durante la protesta celebrada ayer para denunciar el mal estado del centro.
Estudiantes durante la protesta celebrada ayer para denunciar el mal estado del centro. / m. g.

Más de un centenar de alumnos del IES Ítaca, ubicado en Tomares, celebraron ayer una protesta para denunciar el evidente deterioro de los espacios en los que dan clases cada día. Reclaman que las caracolas que se instalaron de forma provisional hace una década, se han convertido en permanentes. Además, a las goteras en el techo, las puertas destrozadas, el deterioro de ventanas y el mal funcionamiento de los sistemas de calefacción se suman los estragos de las distintas borrascas que han pasado por el municipio. La situación ha colmado el vaso del hartazgo en la comunidad educativa, porque “puede constituir un riesgo para el profesorado y para el alumnado”.

Así lo explica a este periódico Patricia Martínez, presidenta del AMPA del centro, quien pone en valor que la dirección del instituto ha mandado diferentes escritos a la Delegación territorial de Educación y al Ayuntamiento de Tomares denunciando la situación, pero “no hay manera de que haya un cambio”.

En uno de los escritos facilitados a Diario de Sevilla, el AMPA manifiesta que las condiciones de las instalaciones son “insostenibles” para atender de manera adecuada al alumnado y poder garantizar “la seguridad de los mismos y el profesorado”. Expresan que, de los casi 700 alumnos del centro, “la mitad se encuentran distribuidos en caracolas exteriores”. Unas infraestructuras “de tamaño insuficiente” que se colocaron de manera provisional, la primera en 2015, pero se han convertido en “permanentes”. Esta primera caracola “tiene deterioros insostenibles” a pesar de “los arreglos” que se han realizado a lo largo de los años.

Una de las caracolas provisionales en las que dan clases.
Una de las caracolas provisionales en las que dan clases. / M. G.

La lista parece no tener fin. Goteras en el techo que provocan que los días de lluvia caiga agua dentro de las aulas, suelos levantados, paredes llenas de agujeros, puertas destrozadas, sistemas de climatización que no funcionan y ventanas deterioradas. Al repertorio de desperfectos se suman las filtraciones de agua en paredes y enchufes como consecuencia de las sucesivas borrascas de las últimas semanas.

Para paliar la situación han reclamado una “ampliación” del centro, que se adecúe “al tamaño y las necesidades del bachillerato, con aulas de grupo, aulas específicas, departamentos y salas de profesores”.

Uno de los calefactores rotos.
Uno de los calefactores rotos. / M. G.

“Siempre andan con promesas de cambios, pero al final no hay nada”, indica con resignación Carmina Montemayor, madre de una de las alumnas que decidieron protestar ayer “por su cuenta y riesgo” como una medida de presión. Explica que los alumnos seguirán celebrando protestas como las de ayer de manera continuada, aunque desconoce con qué periodicidad. Denuncia que las instalaciones “están en unas condiciones lamentables” y que las familias están “intentando apoyar al alumnado y estudiando qué medidas de presión tomar”.

Todos coinciden en la necesidad “urgente” de ampliar el centro de “manera adecuada” para garantizar su seguridad.

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