El cuarteto de Santa Justa
Calle Rioja
Historias. Antonio González sigue editando libros; hace una década viajó con cuatro autores a Madrid.
AYER parecía George Cukor. Antonio González, el editor de Signatura Ediciones, estaba en uno de los salones del Ayuntamiento rodeado de mujeres. Dos en la mesa de presentación, Rosa Martínez, autora del libro El traje de flamenca, en el que Levi-Strauss no es una marca de vaqueros, y Rosamar Prieto-Castro, delegada municipal de Fiestas Mayores promocionada en algunos cenáculos políticos para fiestas mayores. Sentadas entre el público o de pie porque no se cabía en este salón reconvertido en Caseta Municipal, un ramillete de selectas mujeres: Carmen Hermosín, Reyes de la Lastra (autora del cartel de fiestas primaverales), Lola Heredia, Marita Rufino Rus, Evelia Rincón, Beatriz Sáinz-Pardo o las hermanas editoras Rosa e Isabel García Perea. Había hombres, por supuesto, pero ayer estaban de palmeros. Estaba Manolo Cortés, por ejemplo, de quien en la página 191 del libro aparece una sublime lección de estilismo con peineta en la cabeza de la periodista Mamen Otero fotografiada en Diario 16 por Juan Carlos Cazalla. En la bibliografía, entre Ortiz Nuevo y Padiglione, aparece el Tratado de bailes del maestro José Otero, bisabuelo de la sevillana arreglada por Manolo Cortés.
Tal día como hoy de hace diez años, festividad de San Blas del año 2000, el editor que ayer aparecía rodeado de mujeres, cogió un AVE en Santa Justa y se llevó a Madrid a cuatro autores de su cuadrilla editorial para presentar sus productos en la delegación que la Junta de Andalucía tiene en la capital de España. El cuarteto y sus libros lo formábamos José Antonio Garmendia (Florilegio de chorradas), José Antonio Francés (Soy tonto y además lo sé), Francisco Robles (El fútbol es mucho más…) y un servidor (Plumillas y foteros). Nada más llegar a Madrid nos enteramos del derrumbe de Muebles Peralta en la fatídica promoción de sillones orejeros.
El viaje fue una experiencia muy gratificante. Allí nació una generación. El editor volvió a unir al cuarteto para perpetrar un Diccionario de fútbol. Un curioso ejercicio de promoción literaria. Un fitur de palabras. Diez años después, hago recuento del grupo: Garmendia murió el miércoles de Feria de 2007; Robles cambió de periódico y Francés cambió de ciudad. Cambió Sevilla por Barcelona, donde trabaja en tareas de redacción y edición de libros de texto. Los únicos que seguimos donde estábamos somos el editor y yo. Nos reímos mucho con Garmendia. Ayer mismo, en la hemeroteca, encontré los Ciprigramas, crucigramas de Cipriano que publicaba en La Hoja del Lunes.
Cuatro sevillanos de cuna o adopción en Madrid. En la Corte, qué corte. Se agotaron las existencias, por supuesto. Y los escoltas de la editorial nos protegían de los cazadores de autógrafos. Yo le di un libro firmado, qué atrevimiento, a Francisco Umbral, que estaba en una mesa del Café Gijón. Umbral se murió el mismo año que Garmendia, en 2007. El mismo día, curiosa sinonimia, que Antonio Puerta. Diez años después de aquel viaje, pese a que el AVE no corta el mapa sino vuela como el poema de Espronceda, Despeñaperros sigue existiendo. Existe el taconeo de Guti y el de Jesús Navas, el toreo de José Tomás y el de Morante. De la capital y de provincias.
Antonio González iba para futbolero caro en la quinta bética de Gordillo. Hace diez años se convirtió en nuestro representante, nuestro Manolo Morán. Nadie pujó por nosotros en la tertulia de Pombo ni en el mercado de invierno y nos volvimos con él en el AVE. En Madrid hacía mucho frío. Allí los trajes de flamenca son del tercio de Flandes.
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