Sevilla

El cura fue asesinado porque iba a echar de su casa a los jóvenes

  • La Policía llegó hasta los dos sospechosos porque un amigo les delató · Los detenidos se negaron a declarar ante el juez, a pesar de que inicialmente confesaron el crimen

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Los dos jóvenes que se encuentran en prisión provisional desde el pasado sábado acusados de la muerte del sacerdote Ernesto Muñoz López confesaron ante la Policía Nacional que decidieron matar al religioso porque éste había decidido expulsarles de su casa, un apartamento ubicado en el número 26 de la calle Jesús del Gran Poder donde los dos sospechosos vivían con el cura desde los primeros días del mes de octubre.

Fuentes del caso explicaron ayer a este periódico que la muerte del sacerdote se produjo la noche del pasado 6 de octubre en su domicilio, tras haber discutido con los dos jóvenes. Según la declaración prestada ante la Policía Nacional por los dos detenidos, el sacerdote habría supuestamente propuesto a uno de los jóvenes que mantuviera relaciones sexuales con él, pero, ante la negativa del joven, el cura les habría amenazado con que al día siguiente tendrían que marcharse del piso, precisaron las fuentes consultadas, que citan en todo momento el testimonio de los imputados.

En ese contexto y, siempre según la versión de los dos jóvenes imputados, C. M. D. y J. M. L. D., ambos de 19 años y naturales de una localidad de la provincia de Huelva, en ese momento idearon un plan para acabar con la vida del sacerdote. 

Para ello, los dos jóvenes, que podrían dedicarse a actividades relacionadas con la prostitución masculina, simularon que aceptarían mantener relaciones sexuales con el párroco, que tenía 65 años. Fue entonces cuando ambos imputados asfixiaron al cura con un cojín que había en el apartamento de la calle Jesús del Gran Poder.

A continuación se llevaron algunos efectos del piso, como un ordenador, un teléfono móvil, y algo de dinero, y se marcharon de la vivienda, dejando el cadáver sobre la cama, donde fue hallado a la mañana siguiente, el pasado 7 de octubre. Fue un conocido del párroco quien descubrió el cuerpo del sacerdote tras extrañarse de su ausencia a la misa que tenía que haber oficiado ese mismo día.

La muerte del sacerdote se atribuyó desde un primer momento a causas naturales por los servicios sanitarios que acudieron a su piso e incluso a la familia se informó de que la muerte se había producido por un "infarto fulminante". Como en principio no había ningún elemento extraño relacionado con el fallecimiento del sacerdote, el cadáver fue incluso incinerado.

No fue hasta varios días después cuando un amigo de los dos detenidos, que reside en Guadalajara, informó a la Policía Nacional de que ambos le habían relatado que habían asesinado a una persona. La Policía inició entonces una investigación en la que los agentes del grupo de Homicidios se tropezaron con la dificultad de averiguar quién era la víctima, dado que la muerte del sacerdote seguía siendo, hasta ese instante, producto de causas naturales.

Las pesquisas permitieron, no obstante, identificar a los dos sospechosos, a través del amigo, y de esta forma se llegó a conocer la identidad del fallecido. La intervención policial culminó con la detención, el pasado jueves día 14 de octubre, de los dos jóvenes, a los que el juez ha enviado a prisión imputados por un delito de homicidio y otro de robo.

A pesar de que en su primera declaración ante la Policía Nacional los dos individuos reconocieron la autoría del crimen y expusieron esta versión de los hechos, que introduce el móvil del robo y el trasfondo sexual, cuando fueron puestos a disposición judicial señalaron que no iban a ratificar la declaración anterior y se acogieron a su derecho constitucional a no prestar declaración.

La investigación judicial ha recaído en el juzgado de Instrucción número 2 de Sevilla, que en breve continuará las diligencias y llamará a declarar a algunos testigos del entorno de la víctima. 

Aunque los dos jóvenes se han negado a declarar ante el juez, la ley de Enjuiciamiento Criminal prevé que puedan hacerlo en cualquier momento de la instrucción, bien a requerimiento del propio juez -lo que de momento no tendría sentido ante la negativa de los jóvenes- o de los propios imputados en el homicidio del sacerdote.

Las actuaciones judiciales no han sido declaradas secretas, como en un principio informó la Jefatura Superior de Policía de Sevilla, que no aportó ninguna información sobre esta actuación policial amparándose en el supuesto secreto de sumario.

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