Sevilla

¿Ha dejado Sevilla de perder población?

  • La última revisión del padrón de la capital recoge un crecimiento de 329 personas con respecto al ejercicio anterior que supone el freno a una tendencia imparable en los últimos seis años 

Una vista de Sevilla desde el mirador de las ‘setas’ de la Encarnación. Una vista de Sevilla desde el mirador de las ‘setas’ de la Encarnación.

Una vista de Sevilla desde el mirador de las ‘setas’ de la Encarnación. / Belén Vargas

La última revisión del padrón municipal llega con sorpresa. Los datos comunicados a primeros de año han sido corregidos al alza de manera que, por primera vez en varios años, la pérdida de población se ha frenado. A 1 de enero de 2019 el padrón de la capital registraba 699.005 personas, 329 más que el año anterior, en el que prácticamente la cifra se había estancado.

La sangría comenzó con el estreno de la década y en la última década Sevilla capital ha perdido cerca de 15.000 habitantes. Muy lejana queda la cifra de 709.975 habitantes, la cota máxima registrada en 2003. El crecimiento empezó a dispararse después de la Expo del 92. En el 93 la población aumentó en 24.000 habitantes. En 2014, la capital bajó el umbral de los 700.000 censados, regresando a los niveles de la pre Expo del 92.

No es sólo una barrera psicológica. En 2015, en las últimas elecciones municipales, la bajada de la población supuso la pérdida de dos concejales en el pleno, que se quedó con 31, sin mencionar otras desventajas económicas, como la reducción de los ingresos por impuestos. Y también por aportaciones de Estado. El perjuicio es también fiscal.

En resumen, Sevilla no ha dejado de ser considerada como gran ciudad, de hecho es la cuarta de España tras Madrid, Barcelona y Valencia, pero ha perdido peso político y económico al sobrepasar el listón de los 700.000 habitantes.

¿Significa esto que la situación ha empezado a invertirse?

Es pronto para afirmarlo, pero sí se deja ver una tendencia que llega en un momento de recuperación económica en la capital, donde sectores como la construcción han empezado a moverse. El número total de viviendas de nueva creación en la ciudad bajó hasta la reducida cifra de 169 en 2013, frente a las 2.953 de 2007, año de los últimos coletazos de la burbuja inmobiliaria que un año después sería uno de los desencadenantes de la crisis financiera y económica. La promoción de viviendas comienza a despegar en 2016, hasta alcanzar las 2.207 en 2018, en niveles ya próximos a los años previos a la crisis.

Hay una correlación entre la construcción de viviendas, su entrega más que las obras, y el aumento de la población. El último padrón casi coincide con el de 2007 y las cifras de nuevas viviendas tienden también a equiparare, sobre pasando las 2.000.

Otro de los factores que juega a favor del equilibrio demográfico son las viviendas de protección oficial. Las últimas VPO empezaron a construirse en 2010 y se entregaron entre el mandato de Zoido principalmente. Ya con Espadas en la Alcaldía se adjudicaron muchos pisos que estaban vacíos y se comenzó a generar viviendas sociales a través de la compra y del alquiler, una nueva fórmula que ha paliado la paralización de los planes de construcción.

El desglose de las causas por la que ha variado este padrón también tiene una lectura que confirma la teoría de que hay una población que está instalándose en la capital, por el crecimiento del parque de viviendas. El número de personas que se han dado de alta y que proceden de otros municipios es este año un 8% superior que en 2017, mientras las altas de personas que han vuelto del extranjero es casi un 40% mayor. Vuelve gente y eso favorece un saldo positivo.

También se observa movimiento de cambio de domicilio entre los distintos distritos. Y el padrón también se estabiliza por el propio movimiento natural de la población, pues si es verdad que la natalidad en el último año fue inferior, las defunciones no han aumentado tampoco.

¿Qué medidas se han adoptado para incrementar el padrón?

La sangría del padrón municipal viene siendo objeto de confrontación política desde hace años pero, hasta ahora, ninguno de los últimos gobiernos municipales ha logrado detenerla.

Cuando en 2014 el padrón cayó por debajo de los 700.000 habitantes, el entonces alcalde, Juan Ignacio Zoido, alegó que se enmarcaba en una bajada generalizada en España. Y apuntó que la mejor campaña era ofrecer “beneficios” y “privilegios” en materia fiscal para que los ciudadanos se animasen a residir en Sevilla capital. El hoy alcalde, Juan Espadas, tomó el mando anunciando una campaña de empadronamiento puerta a puerta. Todo quedó en una campaña generalista, que tampoco ha ayudado a levantar el censo. #100x100Sevilla recordaba las ventajas de estar empadronado, entre otras, poder registrarse como demandante de vivienda, registro que se ha activado en este mandato.

Aunque el repunte de la construcción tiene que ver con la coyuntura económica del momento, el gobierno de Espadas se atribuye también la gestión para el desbloqueo de numerosos proyectos de nuevas viviendas y desarrollo de suelos que estaban paralizados. En total en los últimos cuatro años se han dado licencias para 4.224 nuevas viviendas.

¿Por qué los datos del padrón no corresponden con las estadísticas del INE?

Al mirar las estadísticas hay algo que no cuadra. Las diferencias en los datos suelen darse al contabilizar la población extranjera por parte del INE. Desde 2006 se está aplicando el procedimiento de caducidad de las inscripciones padronales de los extranjeros no comunitarios sin autorización de residencia permanente que no sean renovadas cada dos años, establecido en virtud de la modificación del artículo 16 de la Ley 7/1985 Reguladora de las Bases del Régimen Local, por la Ley Orgánica 14/2003, de 20 de noviembre, y la no contabilización en las cifras, por este motivo, de las inscripciones no renovadas. Además, desde 2017 no se contabilizan los extranjeros comunitarios o con residencia de larga duración para los que no se haya comprobado la continuidad de residencia en el municipio por parte de los ayuntamientos según un procedimiento que fija las comprobaciones para cada 2 o 5 años, según explican desde el INE.

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