Los expertos creen que los planes son "poco homogéneos y contradictorios"

La protección del conjunto histórico sevillano Culmina un proceso con luces y sombras

El Ayuntamiento aprobó en julio el documento del único subsector pendiente: San Andrés-San Martín · La Junta de Andalucía debe convalidar todavía cuatro zonas

Los expertos creen que los planes son "poco homogéneos y contradictorios"
Los expertos creen que los planes son "poco homogéneos y contradictorios"
Juan Parejo

17 de septiembre 2012 - 05:03

De Alejandro Rojas Marcos a Juan Ignacio Zoido. Casi 20 años después de la aprobación del Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de la Ciudad, ya han sido certificados los documentos específicos de los 27 sectores en los que se dividió la trama urbana. Con el visto bueno dado el pasado 13 de julio a la última zona que quedaba, el subsector 8.2, correspondiente a San Andrés y San Martín, se cerró un círculo que comenzó en 1994 con la actuación en la Huerta de la Salud. Dieciocho años que han servido para proteger un amplísimo conjunto histórico y monumental que fue troceado para poder desarrollar este planeamiento de manera más efectiva, aunque los expertos consultados por este periódico consideran que este plan no será práctico por estos dos motivos: el tiempo que se ha tardado en hacer y la poca homogeneización de las diferentes zonas, lo que hace que para los mismos problemas se den soluciones distintas en según qué lugares.

El Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de Sevilla no se limita a regular la Sevilla más conocida, como el propio casco antiguo o los viejos arrabales de San Bernardo o Triana. Va más allá e incluye otras zonas más alejadas del centro, como todo el entorno de la Ronda Histórica, La Palmera, El Porvenir, o la zona del Puerto y la lámina del río. Durante todo este tiempo, el plan se ha desarrollado a diferentes velocidades. Tras la aprobación del primero de los planes en 1994, el referido de la Huerta de la Salud, un año más tarde fueron abordados los del Prado de San Sebastián y San Bernardo. En 1996, le tocó el turno al de la Estación de San Bernardo. En 1997, a la Pirotecnia Cross. En 1998, a San Luis.

Cuatro sectores fueron aprobados en 1999: Los Humeros, Macarena, la Trinidad y Triana. Otros tres llegaron un año más tarde: Santa Paula-Santa Lucía, San Lorenzo-San Vicente y Plaza de Armas. Eh 2001, se abordaron las zonas de San Julián-Cruz Roja y Puerto-Lámina de agua, aunque este último fue subdividido en 3 subsectores (Torneo, Histórico y Puerto), que se desarrollaron entre 2003 y 2004. En el año 2003, se aprobaron los sectores del Porvenir y San Gil-Alameda. En 2004, fue el turno de San Bartolomé y La Palmera. En 2005, la Casa de la Moneda. En 2006, se aprobó el sector del Arenal y se comenzó a abordar el correspondiente a la Encarnación-Magdalena, aunque su gran superficie hizo que se subdividiera en cuatro zonas: Encarnación, San Andrés-San Martín, Duque-el Salvador y Magdalena. En los años 2007, 2008 y 2009 no se convalidó ningún sector; hay que esperar hasta 2010, cuando el Ayuntamiento da luz verde a los de Santa Catalina-Santiago y la Calzada-Fábrica de Artillería. En los dos últimos años se ha dado un nuevo impulso. En 2011, se aprobaron los subsectores de la Encarnación, Duque-el Salvador y Magdalena. El proceso se ha cerrado este mismo año con otras tres aprobaciones: Reales Alcázares, San Andrés-San Martín y Catedral. Durante todo el proceso algunos sectores ya aprobados también han ido sufriendo modificaciones puntuales.

Todos los sectores se encuentran en este momento convalidados, salvo los de San Andrés- San Martín, Magdalena, y Reales Alcázares, que están aprobados provisionalmente; y el de la Catedral, que lo está inicialmente. Estas ratificaciones son de gran importancia no sólo para la protección histórico y artística de cada zona, también lo es para su vida económica. El Ayuntamiento, a través de la Gerencia de Urbanismo, tiene plenos poderes para autorizar, o no, todas aquellas obras que se realicen, aunque la Junta de Andalucía sigue teniendo la tutela de los edificios catalogados como BIC.

Pero este ambicioso plan de protección presenta importantes puntos débiles, como ponen de manifiesto los expertos consultados por Diario de Sevilla. Víctor Fernández Salinas, profesor titular de Geografía Humana en la Universidad de Sevilla y secretario de Icomos en España, identifica dos debilidades: la tardanza y que los planes son muy heterogéneos. "Primero hay que celebrar que por fin Sevilla tenga completado, o en vías de hacerlo, la protección del conjunto histórico. El problema que yo veo es que el tratamiento de los sectores no es homogéneo. Faltaría hacer esa labor, sobre todo en los más antiguos, algo que se podría ejecutar ahora, en una segunda ronda". Este experto considera que esta parcelación de la amplia zona que se debía tratar ha podido hacer más fácil el proceso, aunque lo ha dilatado demasiado en el tiempo y creado actuaciones contradictorias.

Otro experto en patrimonio y profesor de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas en la Hispalense, Julián Sobrino Simal, coincide en los planteamientos de Fernández Salinas, aunque va un poco más a la raíz del problema y reclama a los poderes públicos una estrategia integral y conjunta: "No hay una planificación. Se hace muy necesario un pacto por el patrimonio en Sevilla. El gobierno, la oposición, los expertos y los agentes ciudadanos tienen que opinar y adoptar una estrategia clara y decidida". Sobrino pone ejemplos claros sobre dónde no se ha sabido actuar de manera decidida: Santa Catalina, la Fábrica de Artillería, el Malecón de Triana, las Atarazanas o la fábrica de vidrio de la Trinidad. "Es un rosario continuado de despropósitos o del mal entendimiento sobre cómo se debe gestionar el patrimonio".

El arquitecto y escenógrafo, Juan Ruesga, ha estudiado detenidamente las hojas del catálogo de los edificios, a raíz de una sentencia del Tribunal Supremo que cambiaba el uso de los cines Cervantes, Avenida y Alameda, hasta entonces recogido en el PGOU como equipamiento cultural, para ampliarlo a residencial, de oficinas, comercial, u hotelero, una circunstancia que Urbanismo hizo extensivo a muchas otras salas del centro. "Tengo que decir que en las hojas de catálogo los edificios no están bien explicados. Hay un claro vacío de planeamiento. Los planes no han llegado hasta el fondo para detallar cuáles son los elementos a proteger. Esto es un importante coladero para futuras actuaciones".

Ana Ávila, vicepresidenta de Ben Basso, una asociación para la protección y difusión del patrimonio, asegura que el Plan de Protección del Conjunto Histórico no va a resolver los problemas de la ciudad. "De entrada estaba bien, pero hay actuaciones muy contradictorias". Ávila, al igual que sus colegas consultados, cree que los primeros planes están anticuados, y considera que la enorme fragmentación de los sectores ha desencadenado en unas actuaciones nada homogéneas. "El catálogo también es muy deficiente. No se ha atendido ninguna alegación de Adepa. Bastante sería si se llevara a cabo, algo que no creemos".

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