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"La foto más cara me la pagó '¡Hola!' por no publicarla"

Los invisibles · Miguel Ángel León del Pino

Decano de los fotógrafos de Sevilla, la patria de su madre a la que llegó por un oficio que le contagió su padre. Testigo gráfico de diversas transiciones.

"La foto más cara me la pagó '¡Hola!' por no publicarla"
Francisco Correal

31 de octubre 2015 - 01:00

ES el fotógrafo que lleva más años en ejercicio en Sevilla. Pero a Miguel Ángel León (Córdoba, 1953) sólo se le nota en que Marco y Martín lo han hecho abuelo.

-Se llama igual que un torero de Gerena que promete mucho...

-De toros he hecho muchísimas fotos. A José Mari Manzanares le hice una saludando desde el suelo con el capote. Me llamó su apoderado; al maestro, me dijo, le ha gustado mucho y me encargó cinco docenas, como los huevos.

-¿Su primera foto publicada?

-Una entrevista a Rogelio. Y le hice un reportaje a Gordillo justo antes de debutar en Primera.

-¿Entendía de fútbol?

-No tenía ni idea. Sólo había ido una vez al Arcángel con mi padre porque jugaba el Madrid, que tardó cuarenta años en volver.

-¿De dónde le viene la afición?

-De mi padre. Era perito industrial pero muy aficionado a la fotografía. Montó un pequeño laboratorio en la fundición La Cordobesa donde trabajaba. Y a mí me sirvió para abandonar las tres medio carreras que había empezado: ATS, Perito Mercantil y Graduado Social.

-¿A Sevilla le trae la fotografía?

-Mi destino cambió en el bautizo de mi sobrina Laura, que va a cumplir 40 años. Los que voy a hacer yo en el oficio.

-¿Fue un cambio brusco?

-No, porque mi madre era sevillana del Arenal. Llegué a El Correo de Andalucía que dirigía José María Requena. Se iba Escamilla y ocupé su plaza. Mi primo Domingo del Pino, una eminencia en el mundo árabe, corresponsal en Beirut hasta que le bombardearon la agencia cubana para la que trabajaba, me dijo que me fuera a El País. Madrid ma asustaba.

-Le dijo que no a ese periódico, igual que Miguel Delibes...

-No me arrepiento. Todo el que llegaba de nuevo quería ser corresponsal de guerra. Yo le decía que nuestra guerra estaba aquí, en sacar cabreada a Soledad Becerril en una rueda de prensa.

-¿Dónde se quedó?

-Alquilé un piso en el Parque de las Naciones y me casé enseguida. Entonces había que casarse, lo de arrejuntarse no se llevaba.

-¿Bodas, bautizos y comuniones?

-Sólo con algunos amigos, pero cuando lo hago, las fotos son tipo reportaje de prensa. Lo único que les pido es que no tenga que llevarlos al parque de María Luisa.

-¿Y las fotos de su boda?

-Me acuerdo del cura. Me casó Eduardo Chinarro, el amigo de Felipe. Me dijo que antes de mí sólo había casado a Manolo Chaves. El 1 de mayo de 1977. Fue en la misa de doce, en una iglesia de Córdoba, y hubo parroquianos que se enfadaron porque al hablar del amor comparó a Jesucristo con Salvador Allende.

-¿Fue testigo de la transición?

-Yo he empezado tres instituciones punteras: el Parlamento de Andalucía, Canal Sur, desde que empezó, y las primeras fotos de Plácido Fernández Viagas en el despacho de la Diputación.

-Una época apasionante...

-Mucho más que eso. Estábamos todos apasionados.

-Hizo fotos de la Bienal del 98. ¿Paco de Lucía o Sanlúcar?

-Me quedo con Camarón, que murió seis años antes. Un reportaje que le hicimos para la revista Tiempo en la Venta Vargas.

-¿Le hubiera gustado retratar las barbas del 98: Valle-Inclán, Unamuno, Baroja...?

-Me hubiera gustado conocer a Azorín. No hay nada más fotogénico que la miseria. Todos prometían acabar con el Vacie.

-¿A la cámara le gusta la fama?

-Fotografié a Borges, García Márquez. Vino un Papa, que no había venido un Papa en la vida.

-¿La foto más cotizada?

-La foto que me pagaron más cara fue por no publicarla. Le rompí la exclusiva al ¡Hola! en la boda del actual duque de Alba con Matilde Solís. A los fotógrafos locales nos pusieron en un púlpito, como a los curas, de espaldas a los novios. Yo me bajé, me puse junto a monseñor Amigo y tiré dos rollos de diapositivas. Me llamó Eduardo Osborne y me pagó 750.000 pesetas para que no llegaran a Madrid. Lo compartí con Ricardo Carmona.

-¿Qué aficiones tiene?

-No puedo pasar sin mis amigos. Cuando me jubile me gustaría montar La Taberna del Fotógrafo. Me gusta comer bien, cocinar para gente y leer. Leo cada vez menos porque veo cuatro o cinco periódicos todos los días. Los jóvenes no se informan.

-¿Quiénes eran los clásicos de la fotografía cuando llega?

-Estaban Serafín, Serrano padre, su hermano, Cubiles, que me cedió al corresponsalía en Europa Press, Ruesga, Ángel Doblado...

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