Funeral en Sevilla por las víctimas de los accidentes ferroviarios: "Hoy Adamuz y Gelida son cañadas oscuras"
Unas 1.500 personas arropan en la Catedral a la familia del maquinista Fernando Huerta, fallecido en Gelida, y rezan por los muertos en Adamuz
Las fotos de la misa en la Catedral de Sevilla
Se había tranquilizado un día que había amanecido con un tiempo verdaderamente de perros, con unas rachas de viento huracanado que derribaron decenas de árboles y ramas por toda Sevilla, con una lluvia racheada que hacía inservible cualquier paraguas. Nada de eso ocurría ya, caída la tarde, en el centro de Sevilla. La calma después de la tempestad. Y, aún así, unas gotas dispersas de lluvia recibían a quienes entraban en la Catedral poco antes de las ocho de la tarde. Como si fueran lágrimas del cielo. Qué metáfora. Del horror de Adamuz y Gelida a la serenidad de las naves catedralicias.
Y allí, un hombre tenía la difícil misión de dar consuelo a unos familiares que, como Job, se preguntan el por qué de su sufrimiento. Ese hombre era el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, que inició su homilía precisamente admitiendo que "no es fácil dirigir la palabra". "Cuando la herida está abierta, cuando la ausencia es tan dolorosa, cuando nos invade la oscuridad, es más importante y eficaz la presencia cercana, el silencio respetuoso, la oración esperanzada", continuó el presbítero. Los padres y familiares de Fernando Huerta Jiménez, maquinista sevillano fallecido en el accidente de Gelida (Barcelona), escuchaban en la primera fila.
Desde un buen rato antes de la hora prevista estaban allí, preparados para asistir a una ceremonia solemne por el alma de Fernando. Y fue verdaderamente imponente. Fueron llegando amigos, autoridades civiles y militares o simplemente ciudadanos que quisieron acompañar de alguna forma a la familia. Unas 1.500 personas se congregaron en la Catedral de Sevilla para rezar no sólo por el joven sevillano de 27 años, sino también por las 45 víctimas mortales del accidente de Adamuz, en un funeral que fue la antesala del que se celebrará este jueves en Huelva, de donde eran la mayoría de los fallecidos.
Contó la misa con una amplia representación institucional. Estuvieron tres consejeros de la Junta (Catalina García, Arturo Bernal y Patricia del Pozo); el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz; el portavoz municipal socialista, Antonio Muñoz; el presidente de la Diputación, Javier Fernández; el subdelegado del Gobierno, Francisco Toscano; el delegado del Gobierno andaluz en Sevilla, Ricardo Sánchez; la portavoz parlamentaria del PSOE-A, María Márquez, y el senador del PP Rafael Belmonte. Tras ellos, un nutrido grupo de autoridades civiles y militares y también Joaquín Caparrós y Pablo Blanco como representantes del Sevilla Fútbol Club, del que Fernando era socio, y Fernando Fernández Cabezuelo, hermano mayor de la Macarena, cofradía de la que su tocayo era hermano.
Agradeció el arzobispo la labor de sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad, bomberos, voluntarios, psicólogos, sacerdotes, personal ferroviario y tantos servidores públicos "que han puesto su profesionalidad y su humanidad al servicio del dolor ajeno". Y citó el salmo 23, la oración que dice "aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo". "Hoy esas cañadas oscuras tienen nombres: Adamuz, Gelida y tantos hogares donde se llora". Pidió Saiz Meneses a los padres de Fernando Huerta que se agarren a la mano de la Virgen. La madre se pasó toda la misa con la medalla de la Macarena en sus manos.
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