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El hombre que nunca ríe

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Aniversario. Se cumplen cincuenta años de la muerte de Buster Keaton, al que homenajean Groucho y el Gordo y el Flaco en un bar de Sevilla

Francisco Correal

01 de febrero 2016 - 01:00

HAY muchas maneras de homenajear a Buster Keaton (1895-1966), de quien hoy se cumplen cincuenta años de su muerte. No es la más recomendable fruncir el entrecejo y poner cara de pocos amigos. Se le conoció como el hombre que nunca ríe. "Se comprometió por contrato", dice Georges Sadoul en Historia del cine mundial, "a no sonreír nunca ni en sus filmes ni siquiera en un lugar público". Otra forma tampoco aconsejable es emular su anhelo titánico de llevar a cabo "el duelo de un solitario hipocondriaco con los elementos de la vida cotidiana y las fuerzas ciegas del cosmos", en palabras de Roger Boussinot, autor de una Enciclopedia del Cine en la que el portento del cine mudo comparte espacio con Elia Kazan y Diane Keaton.

Hay una forma mucho más sencilla de recordar al genio de El Maquinista de la General, cuyas escenas veíamos los niños de la televisión en blanco y negro y una sola cadena en los minutos de Cine Cómico (Cine Tragicómico debería llamarse), mientras que los niños del plasma y cientos de canales ignoran ahora quién fue Buster Keaton. Sería tan sencillo como incluir un montadito Buster Keaton en la carta de El Carromato, un bar de temática cómico-circense que abrieron Práxedes y Víctor, de Síndrome Clown, en la calle Feria esquina con Relator.

El Gordo y el Flaco, Charlot o Groucho tienen sus correspondientes tapas con su nombre, igual que actores locales como los Ulen, los propios dueños del local, Digo-Digo y O'Dogherty. Podría figurar en la modalidad llamada Carpas de Circo, en recuerdo a la época que con su familia Buster Keaton participó en números de acrobacia circense. Fue poco antes de que en 1918 fuera movilizado en los últimos compases de la Primera Guerra Mundial. No ha habido un soldado más loco y aventurero en la historia del séptimo arte.

Pepe Quero homenajea a Buster Keaton en la obra El detective Andaluz que interpretó José María Peña con música de Kiko Veneno. Quero estaba la noche del sábado con Paco Tous interpretando Los dos idiotas en El Puerto de Santa María, la patria de Pedro Muñoz Seca, ecos de la venganza de don Mendo. Práxedes y Víctor Carretero no estaban ayer en El Carromato. Habían delegado en Manuel Morente, técnico de sonido de Síndrome Clown, y Pascual Orzaez, sobrino de Carretero.

El mostrador lo preside una fotografía de Stan Laurel y Oliver Hardy. El Gordo y el Flaco, metáfora cinematográfica del aniversario de un bautismo balompédico. El 30 de enero de 1977, el Gordo entró por el Flaco en el campo del Betis. Gordillo, en su debut en Primera, entró por Cardeñosa en un Betis-Burgos con dos goles de López en el equipo local y de Juanito en el visitante. Se llevan los enseres de La Gorda (te da de comer) de la calle Relator y en unos días canta la Flaka en el teatro Quintero.

Buster Keaton en las estampas de la vida cotidiana. En el ensayo de los costaleros de la Virgen de Regla de los Panaderos por delante de la puerta de El Carromato. Cine mudo. La música y el masaje se pueden hacer sin palabras, dicen personajes de La juventud, la película de Paolo Sorrentino que el cineasta dedica a Francesco Rosi con guiños a Stravinsky y Maradona. En el cine estaba el dermatólogo Ismael Yebra con Victoria, su esposa, y debió quedarse impresionado con la piel de Michael Caine y Jane Fonda en un duelo interpretativo.

La Alameda estaba llena de niños y padres. Rafa venía de correr la media maratón, solitarios contra esa fuerza del cosmos que es el tiempo. Juan Carlos, profesor de música, hablaba del fagot y de las coincidencias (Bach, Haendel y Scarlatti nacieron el mismo año de 1685) con Andrés, un madrileño de Alcalá de Henares que es dermatólogo especialista en cáncer de cuello y cabeza en el Macarena. No hablan de Buster Keaton, pero sale el nombre de Woody Allen en una cita que recuerda el médico. "La segunda frase que más me gusta oír es Te quiero. La primera: Es benigno".

En El Carromato tienen tapa Mastropiero, homenaje a Les Luthiers, y Curro Jiménez. Al maquinista de la general se le podía incluir en las hamburguesas. Buster King. Richard Lester lo convirtió en maratoniano en Golfus de Roma: no habla en esta película pero le dio varias vueltas a las colinas de la Ciudad Eterna. Medio siglo después, está de plena actualidad. Era conocido con el sobrenombre de Pamplinas.

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