Han transcurrido ya varias semanas desde el grave accidente ferroviario ocurrido en Andalucía. El paso del tiempo permite hoy abordar esta cuestión desde una perspectiva más analítica, alejada del impacto inmediato, pero con mayor claridad sobre las causas profundas y las responsabilidades estructurales. Lejos de diluirse, las dudas se han intensificado.
El pasado verano, desde ASET advertimos, con rigor y datos, del deterioro progresivo de las infraestructuras ferroviarias que conectan Andalucía con el resto del país, especialmente con Madrid. No se trataba de una reivindicación coyuntural ni de una postura política, sino de una advertencia técnica basada en incidencias reiteradas, pérdida de fiabilidad del servicio y una preocupante falta de inversión sostenida en el tiempo.
Semanas después del accidente, los análisis preliminares, los antecedentes operativos conocidos y la acumulación de incidencias confirman que no estamos ante un hecho aislado. Fallos de mantenimiento, infraestructuras envejecidas y una planificación claramente insuficiente en corredores estratégicos dibujan un escenario de riesgo que afecta tanto a la seguridad de las personas como a la competitividad económica.
En este contexto, los anuncios realizados por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible sobre inversiones ferroviarias a cinco años vista deben ser valorados con prudencia. No solo por la ausencia de unos Presupuestos Generales del Estado actualizados desde hace tres ejercicios —condición indispensable para garantizar la ejecución real de cualquier plan—, sino también por la pérdida de competitividad acumulada en los últimos años.
La gestión de infraestructuras críticas exige no solo recursos económicos, sino también transparencia, solvencia técnica y credibilidad institucional, elementos hoy seriamente erosionados.
En un momento en el que están en juego la seguridad de los trabajadores y de los usuarios, desde ASET mantenemos una posición clara y exigente que contribuya a poner de relieve la preocupante sensación de desprotección y degradación reputacional. Cuando ciudadanos y profesionales están expuestos a riesgos derivados de deficiencias estructurales, el silencio no puede considerarse una opción responsable.
Las consecuencias de esta situación impactan en la línea de flotación de la economía andaluza. La industria turística, motor económico de Andalucía, afronta una temporada alta en ciernes en un contexto de incertidumbre operativa y pérdida de confianza en la conectividad ferroviaria. La falta de garantías en movilidad pone en riesgo la sostenibilidad económica de cientos de empresas turísticas, compromete la planificación de la actividad y afecta directamente al empleo. Fitur, celebrado pocos días después del accidente, evidenció esta inquietud.
La promoción y la competitividad pierden sentido cuando las infraestructuras básicas no ofrecen seguridad ni estabilidad. No puede hablarse de crecimiento turístico sin una red de transporte fiable, segura y adecuadamente mantenida.
Desde ASET actuamos con responsabilidad. Ante la cancelación de servicios ferroviarios y la falta de alternativas claras, la asociación fletó un autobús para garantizar que los empresarios pudieran desplazarse a Madrid y cumplir con sus compromisos profesionales. Fue una solución excepcional que, lejos de normalizarse, debería servir de advertencia sobre la gravedad del momento.
Semanas después, sigue preocupando la ausencia de una hoja de ruta clara, técnicamente sólida y respaldada por financiación real. Los mensajes cambiantes y las explicaciones parciales no contribuyen a recuperar la confianza ni de los ciudadanos ni de los sectores productivos. De hecho, estos factores han llevado a nuestras empresas a registrar un descenso de facturación medio que supera el 20 % durante este primer mes transcurrido desde el accidente de Adamuz. Y a esta bajada se suma un descenso también ya registrado para reservas futuras.
Por todo ello, reiteramos que no olvidamos. No olvidamos a las víctimas ni a sus familias. No olvidamos las advertencias previas ni los compromisos incumplidos. Y, desde el respeto institucional, exigimos inversiones reales, verificables y urgentes. Un plan serio de modernización y mantenimiento del sistema ferroviario, con presupuestos, plazos definidos y controles efectivos.
Porque lo que está en juego no es solo la movilidad ni la competitividad del turismo. Lo que está en juego, como la experiencia reciente ha dejado claro, es la seguridad de las personas y la sostenibilidad económica de un sector clave para Andalucía.