"La manzana nos persigue a todas las mujeres desde el árbol de Adán y Eva"
Los invisibles · Claudia Frau
Vivió de niña en el Berlín del muro y en México, allí sus abuelos eran vecinos de Frida Kahlo. Expone 57 manzanas 'apuñaladas', alegato contra la violencia machista.
NI una más. Es el título de la instalación que Claudia Frau (Madrid, 1977) ha preparado en la Fundación Madariaga. 57 manzanas atravesadas por otros tantos cuchillos. Ni una menos. Tantas como mujeres asesinadas por sus parejas en 2015. Más de una por provincia. Más de una a la semana. Nieta de pintores, es una fotógrafa entre escultores.
-¿Pintora por genética o azar?
-Mis abuelos, José Frau y Margarita de Frau, como se decía entonces, eran pintores los dos. Él tiene obra en el Reina Sofía. A los dos les gustaba el impresionismo. Mi madre también pinta y mi padre lo hacía por hobby.
-¿Cómo llega a Andalucía?
-Llevo treinta y tantas mudanzas en el cuerpo. En 1992 viajé con mi madre. Ella se quedó en Fuengirola y yo me vine a Sevilla a estudiar Fotografía Artística en la Escuela de Arte de Nervión.
-¿Por qué la fotografía?
-Porque a mí pintar no se me daba muy bien. Con mi primer sueldo me compré una cámara y me atrapó. Cuando pude me hice mi propio laboratorio.
-¿Le atrapó también la luz de Sevilla, la de sus pintores Velázquez, Murillo, Zurbarán?
-Es nuestra iconografía, nuestro pasado.
-¿Por qué ha elegido las manzanas para denunciar esta patología social de los crímenes contra mujeres?
-Tiene muchas connotaciones. La manzana nos persigue a todas las mujeres desde el árbol de Adán y Eva. Está en todos los cuentos y yo he querido darle la vuelta al cuento de hadas. Yo tengo mis propias impresiones. Que cada cual haga la suya propia.
-¿Cuándo esas manzanas lo serán de la concordia?
-57 son las víctimas oficiales. Otras estadísticas hablan de 66 y algunas de 109 porque incluyen a familiares y a crímenes que no son sólo de pareja.
-¿Qué se puede hacer?
-Yo creo que todo empieza en la educación. Hay mucha igualdad en los discursos oficiales, pero no nos educan en la igualdad. La desigualdad entre hombres y mujeres sigue siendo lo cotidiano. Se ve en la propia imagen pública de la mujer. Desde las famosas campanadas de la Nochevieja a su uso como reclamo publicitario. Es una cosificación de la mujer de la que sólo interesa su belleza.
-La cita de mañana tiene el epígrafe de 'La naturaleza como materia de escultura'. ¿Por eso eligió las frutas?
-Al ser manzanas de verdad, he comprado cuatro cajas en un almacén de frutas, recalco el mensaje de algo vivo. Esta instalación ya ha pasado por una galería de Cuenca y me gustaría que se viera en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. En los últimos años he hecho diferentes instalaciones con frutas, es una forma de combatir el consumismo y el materialismo.
-¿Qué otras frutas ha tocado?
-En Rota hice una instalación sobre los tomates. Le llaman mayética. Los mayetos son los que cultivan esos tomates con tanto mimo y cuidado que ya en mayo están listos para el consumo.
-La Mayética suena a rama de la Metafísica...
-Sí. A la Mayeútica de los socráticos.
-¿Como veían sus familiares artistas este trabajo?
-A mis abuelos les gustaría mucho porque eran unos apasionados de la naturaleza. Mi madre sería un poco más crítica. Entiende el arte de otra manera.
-¿Tiene raíces del sur?
-Mi abuelo, el pintor, era de Jaén, pero nació en Vigo porque allí estaba destinado su padre de carabinero. Tiene una calle con su nombre en Vigo.
-¿Qué ciudades le han influido como artista?
-Mi padre es alemán y hasta los cinco años viví en Berlín.
-Una niña en el Berlín del muro que retrata Spielberg en la película 'El puente de los espías'...
-Era muy pequeña. El único recuerdo que tengo es el de ir al Kindergarden con mucho frío y con mucho gorro.
-¿Cuál fue su siguiente etapa?
-Vivimos en México y en Puerto Rico. México me marcó como artista y como persona. Mis abuelos vivieron allí mucho tiempo, vivían al lado de Frida Kahlo y Diego Rivera. Allí viven todavía algunos de mis primos y mi madre se casó por primera vez. Tuvo un hijo que es mi hermano. También he vivido en Ibiza y en Barcelona.
-La manzana es la fruta prohibida y también el símbolo universal de Guillermo Tell y Newton...
-Lo de la fruta prohibida es como un tabú.
-57 manzanas. ¿No se corre el riesgo de que la gente se acostumbre a esa cruenta rutina, como cuando informaban de los crímenes etarras?
-Hay mucho sensacionalismo en los telediarios. Esa manzana también esta bastante podrida.
-Nació dos días después de las primeras elecciones de 1977. ¿Qué votaron sus padres?
-Imagino que al PSOE o a Adolfo Suárez.
-¿Es una artista feminista?
-Estoy leyendo la Teoría King-Kong, de Virginie Despentes, una novela en la que las mujeres ocupan lugares tradicionalmente reservados para los hombres.
-¿Su última fotografía?
-Aquí en la Fundación Madariaga, a la instalación Llover a cántaros de MP&MP Rosado.
-¿Última película?
-Star Wars. No soy muy original.
-¿Cómo llegó a esta cita internacional de escultura?
-Hace dos años asistí como ponente a un taller de Wilfredo Prieto. Allí conocí a la comisaria de la muestra, Belleda López, y he vuelto como artista invitada.
-¿Una imagen vale más que mil palabras?
-Las palabras también ayudan.
-¿Nació en la primera Transición?
-Parece que sí.
-La fotografía, un arte solitario?
-Tengo buenos compañeros como Ana Cantalapiedra o Eduardo Dacosta.
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