Los Invisibles: José del Pozo Machuca

“Al niño se le protege en exceso porque hoy día es un bien escaso”

  • Del ginecólogo Bedoya llegó a la pediatría, el ciclo de la atención a la infancia. Nació en un pueblo de la Sierra Sur y en la medicina rural encontró su vocación

El doctor José del Pozo Machuca, en el Colegio de Médicos de Sevilla. El doctor José del Pozo Machuca, en el Colegio de Médicos de Sevilla.

El doctor José del Pozo Machuca, en el Colegio de Médicos de Sevilla. / Juan Carlos Vázquez

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TUVO una infancia difícil y ha procurado hacerle la vida más fácil a miles de niños. José del Pozo Machuca (Pedrera, Sevilla, 1933) fundó en 1983 la Sociedad Nacional de Pediatría que preside.

–¿Por qué nace en Pedrera?

–Mi abuelo era secretario del juzgado en ese pueblo de la Sierra Sur. Mi madre era de allí y mi padre de El Saucejo.

–¿Marca ser de pueblo?

–Mi vida de estudiante ha sido muy especial. Hubo un momento en el que mi madre se planteó estudiar o no estudiar e irnos al campo, porque tenía un cortijo. Decidió que mi hermano y yo, los dos pediatras, estudiáramos. Hice Primero en los Salesianos de Morón y Segundo en Madrid, en el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios. Mi padre muere cuando yo tengo tres años.

–Si nace en el 33, muere el 36.

–Lo mataron, como a tantos ferroviarios de aquella época que sufrieron la represión de La Roda de Andalucía.

–¿Dónde prosigue los estudios?

–Vuelvo de Madrid al pueblo, hago Quinto en Osuna y Sexto y Séptimo en el instituto San Isidoro, donde soy compañero de curso de Luis Navarro y del resto de alumnos que todos los lunes tenemos una tertulia.

¿Su primer destino de médico?

–Como quería casarme, me fui a un pueblo. A El Coronil. En 1961, cuando la riada del Tamarguillo, vine a ver a mi madre y en una lancha neumática asistimos a una familia en la calle Bécquer.

¿Cuándo vuelve a Sevilla?

–En 1965, después de dos años en El Coronil y dos en La Roda.

–¿Cómo surge su vocación?

–De la mano de Bedoya. Haciendo guardias, asistiendo a partos, en intervenciones quirúrgicas. Aquello era terrible por la cantidad de niños que morían al nacer. Fui derivando a lesiones cerebrales, asfixia neonatal y terminé aficionándome a la pediatría, aunque en El Coronil tuve mucho éxito en los partos y haciendo suturas de periné.

¿Cómo lo recuerda?

–Como los tiempos más maravillosos del ejercicio de la medicina. La clínica tenía importancia y la medicina no estaba deshumanizada. El médico era un amigo, un confesor de la familia. Cuando había un fallecimiento, los familiares consolaban al médico. Esa frase, “ha hecho usted todo lo posible”, se me quedó grabada, porque la gente obviamente moría en su casa, no en el hospital.

–¿Se ha avanzado mucho?

–Muchísimo. En genética, en biología, en inmunología, pero se hacen exploraciones que no son necesarias. Yo soy partidario de la anamnesia, que es el interrogatorio del enfermo,saber lo que transmite.

–¿Un recuerdo de Bedoya?

–Asistió a todos los partos de mis hijos, y tengo cuatro. Cuando se empezó a hablar de las fiebres puerperales, de después del parto, que en los siglos XVII y XVIII se llevaban a un 30% de las parturientas, un día Bedoya nos bajó a todo su equipo junto al monumento de Fleming que había en el patio del hospital de las Cinco Llagas y nos propuso rezarle un Padrenuestro.

–Nace en Pedrera, estudia en Morón y Osuna, trabaja en El Coronil y La Roda. Conoce la provincia entera...

–Y cuando saqué las oposiciones a Pediatría en 1972 mi primer destino fue Alcalá de Guadaría. La medicina rural me encanta. Los pueblos ya son diferentes, algunos son ciudades-dormitorio.

–¿De qué hablan en la tertulia?

–Primero hay una charla y después una cervecita que pagamos a escote. Se habla poco de fútbol, bastante de política y mucho de los recuerdos. Y como tenemos a Luis Navarro, hablamos mucho de la Historia de América. Viajé a Brasil y México a congresos de Pediatría. A los detractores de la obra de España siempre les digo que dónde están los nativos de América del Norte. Aquí tenemos fenotipos de la América hispana.

–¿Hay niños superprotegidos?

–A los niños hay que cuidarlos desde antes del nacimiento hasta la pubertad, pero el exceso de protección es funesto. No les hace desarrollar su propia personalidad para hacer frente a los obstáculos. Los niños tienen que aprender a cuidarse por sí mismos sintiéndose protegidos.

–¿De dónde ese exceso de celo?

–Porque hoy el niño es un bien escaso. Al ser pocos niños en la familia, los padres, madres y abuelas tienen más miedo.

–Una sociedad con más abuelos que nietos...–La misión de los abuelos, yo tengo seis nietos, es insoslayable, pero hay dos situaciones: los abuelos voluntarios que atienden a sus nietos; y los abuelos forzados por sus propios hijos.

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