Sevilla

Los niños de Feria hablan alemán

  • Después de tres años de obras y cuatro cursos sin Infantil, Altos Colegios volvió a abrir sus puertas en la Macarena con gimnasio, comedor y aula matinal y su ya arraigado programa de enseñanza bilingüe

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Como un hotel de cinco estrellas. El centro escolar de Infantil y Primaria Altos Colegios Macarena ha vuelto a abrir sus puertas después de tres años de obras, andamios y movilizaciones. La pesadilla ya forma parte del pasado y ayer se reencontraron con un colegio completamente remozado sin perder la personalidad que le dieron sus mentores, la Real Maestranza de Caballería, en 1894, ni quienes lo reformaron en 1937. Los 225 alumnos del centro estrenan gimnasio y comedor. Mens sana in corpore sano, aunque en este colegio el soporte de su plan bilingüe no es el latín, sino el inglés y el alemán.

El padre, Adolfo, trabaja para los colegios privados y la madre, Nadine, bretona de nacimiento, es profesora de Francés. No dudan en elogiar el espíritu que alienta el ideario de este centro donde estudian niños de una veintena de países "y conviven diferentes rentas y culturas". Ella vino con una beca Erasmus y se conocieron en un doctorado de Historia.

Esperando que abrieran las puertas, una niña rusa, varias niñas chinas y un niño marroquí, Saib, padres de Tetuán. Celia, 11 años, empieza sexto de Primaria. Nació en Huévar y no se separa de dos amigas chinas, una amistad que cuajó en el colegio Padre Manjón, que abrió las puertas al alumnado de Altos Colegios cuando empezaron las obras.

"Mis niños vienen del pueblo, pero no han tenido ningún problema de adaptación. Eran algo tímidos y les ha beneficiado". Rosa María Godoy es la madre de Celia y de Manuel -7 años, segundo de Primaria- y trabaja de cocinera en el palacio de Dueñas. "Aquí conviven con alumnos de otros países, con niños que tienen alguna discapacidad. Se dan cuenta de cómo es la realidad. La educación es eso, enseñar a vivir".

Tifenn, hija de quienes se conocieron en el doctorado de Historia, tuvo que vencer serios obstáculos para vencer el pánico a su incorporación al colegio. Sus padres confiaban ayer en contar con la mediadora que en el Padre Manjón le prestaba un apoyo específico con el lenguaje de signos: "Con este profesorado notamos las ventajas del efecto llamada".

Adelio Castaño, salmantino de Sanchón de la Sagrada, llegó a los Altos Colegios en 1994 y desde 1996 es su director. No vive en la casa que da a la calle Feria que se ideó para ser ocupada por el director, que era también profesor de Párvulos. El centro cuenta en la zona posterior, la que da a la entrada por Pacheco y Núñez de Prado, con otras dos casas que eran para los maestros. Una estaba en mejor estado porque en la Expo 92 fue oficina del comisario de Sevilla y ahora albergará el aula de Alemán, el segundo idioma de este centro. La otra casa estaba en condiciones mucho peores y ha sido objeto de una profunda rehabilitación. Acogerá biblioteca, mediateca "y Religión y alternativa", dice el director.

Thomas Budil nació en Viena. Se dedica a las energías renovables y es padre de Carlos, un niño trianero que ha iniciado quinto de Primaria. Este austriaco se conoce todos los recovecos de los Altos Colegios y la intrahistoria de un centro que pasó por diferentes avatares.

El colegio abanderó un estilo muy singular de enseñanza. En el flamante gimnasio, que ocupa lo que antes de la obra habían sido dos aulas, una placa recuerda el papel que desempeñó desde 1894 hasta su muerte, en 1910, Faustino Álvarez, recordado en el callejero en una arteria paralela a la calle Feria que desemboca en el propio colegio. En las antiguas aulas se conservan restos de los frescos del italiano Cavallini en los que aparecían los ríos más largos del mundo y las montañas más altas.

José Hernández Carballo empieza a impartir su clase de Primaria. 25 niños. Catorce han elegido alemán y once inglés. Rodeando el techo del aula, un abecedario, desde Árbol a Zorra, con inscripciones del propio Cavallini, de quien Budil ha encontrado trabajos en el palacio de San Telmo. El profesor de Primaria, que repartió su etapa escolar entre Lora del Río "y los Salesianos de Utrera por bueno", empieza la lección frente a un ventanal luminoso: "Han puesto un asfalto menos ruidoso y ahora da gusto. Antes, con la doble dirección de la Ronda, teníamos que cerrar siempre la ventana. Era insoportable enseñar con pitos, atascos, sirenas".

El centro cuenta con calefacción, ducha para los más pequeños y un comedor que da a la calle Bécquer. Se han apuntado más de cien alumnos y hoy se servirá el almuerzo inaugural, por el sistema de catering. Los Altos Colegios cuentan con un aula matinal, a partir de las siete y media de la mañana, al servicio de aquellos niños cuyos padres inician a primera hora la jornada laboral.

Tres mástiles sin bandera aguardan la inauguración oficial del remozado colegio. "Si viene el alcalde, habrá que poner una cuarta bandera". La roja carmesí.

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