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La nube radiactiva no llegará a Sevilla

Expertos en Medicina Nuclear y en Física descartan cualquier posibilidad de que las fugas en la central de Fukushima lleguen a afectar a España y apuntan que las partículas detectadas son "ínfimas"

Los doctores Miguel Herrador y Ricardo Vázquez, ayer en el laboratorio del Virgen del Rocío.
Noelia Márquez

02 de abril 2011 - 05:03

Expertos en Medicina Nuclear y Física descartan cualquier posibilidad de que una nube radiactiva capaz de afectar a la población llegue a Sevilla procedente de Japón. "Es imposible" explica Rafael García-Tenorio, físico nuclear y miembro del grupo de investigación que realiza las mediciones de radiactividad en Sevilla para la red de vigilancia del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). García-Tenorio puntualiza que las partículas de yodo y cesio radiactivo que se han detectado en Sevilla en los últimos días procedentes de Japón suponen "una millonésima parte de la radiactividad natural que recibimos constantemente"; y añade que es "inocua para la población".

Esta valoración sobre la detección de estas partículas en el aire coincide con la opinión de expertos médicos en el Virgen del Rocío. Para el jefe de servicio de Radiofísica y Protección Radiológica en el complejo hospitalario, Miguel Herrador, es "impensable que las fugas actuales de la central nuclear de Japón lleguen a afectar a Sevilla". Herrador incide, por otra parte, en el enorme valor médico que tiene el yodo radiactivo, el primer isótopo que comenzó a utilizarse en Medicina Nuclear en los años 40 del siglo XX y que hoy en día es clave para combatir el cáncer de tiroides. El Virgen del Rocío aplica al año tratamientos con isótopos radiactivos en unos 120 casos de cáncer de tiroides al año. Cuando el diagnóstico es precoz, la terapia con yodo radiactivo permite la supervivencia al cáncer de tiroides, a los 20 años del tratamiento, en un 90% de los casos.

"Esta terapia no suele tener efectos adversos visibles y tras unos días de aislamiento, los pacientes suelen recibir el alta", añade. La radiación controlada que se suele utilizar para atacar tumores en el tiroides es miles de millones de veces superior a la detectada en la atmósfera por las mediciones realizadas en la Universidad de Sevilla.

Una de las ventajas que tiene el yodo radiactivo es que se puede prevenir una vez que se ha detectado una cantidad suficiente que pueda suponer un riesgo. El jefe de Medicina Nuclear en el Virgen del Rocío, Ricardo Vázquez, explica que mediante el yodo natural se puede evitar el yodo radiactivo, motivo por el cual las autoridades japonesas están distribuyéndolo en la población. El yodo natural es necesario para el funcionamiento del tiroides, una glándula que funciona como árbitro del metabolismo y el crecimiento en el organismo. El 80% del yodo natural que ingerimos -por ejemplo a través de la sal- se queda en el tiroides como componente necesario. El 10% restante se desecha. Cuando se produce una fuga de yodo 131, que es artificial, en una central nuclear, este isótopo radiactivo también tiende a fijarse en el tiroides, lo que supone un grave riesgo. "Para prevenirlo, una vez que se detectan niveles peligrosos para la población, se administra yodo natural de modo que el propio organismo sea capaz de rechazar el yodo artificial. El tiroides tiene una capacidad limitada para recibir yodo y el excedente de este elemento -natural o radiactivo- es rechazado por la propia glándula. Es precisamente lo que se están haciendo en Japón", agrega. En el caso del cesio, "la ventaja es que se requiere mucha cantidad para que llegue a provocar algún daño; y la desventaja reside en que este isótopo radiactivo tiene una vida media de 30 años".

Los expertos insisten en que la población "no debe tener ningún temor" ya que las cantidades detectadas de estos isótopos son "ínfimas" e "inocuas".

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