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Había palmeras, no había grúas

Había palmeras, no había grúas

03 de septiembre 2009 - 05:03

UN camionero amigo le dijo un día: "Juanito, en Sevilla hay muchas palmeras y no hay servicio de grúas". Juanito no tenía aún 25 años y vino desde Albacete, su ciudad natal, a comprobar la veracidad del consejo. Cincuenta años después, no hay escritor, pintor, artista en general cuya autoría brille a más altura que el legado de aquel manchego. Donde quiera que alguien lea Grúas Lozano, allí está la impronta de un mecánico vanguardista a quien sus tres hijos, Juan (Albacete, 1953), José María (Albacete, 1955) y Francisco (Sevilla, 1964), homenajean de la manera más original en el cincuentenario de su llegada a esta ciudad donde las palmeras eclipsaban a las grúas.

Con doce años pintó a Stan Laurel y Oliver Hardy, el Gordo y el Flaco. Es una de las muchas imágenes que aparecen en un libro de familia cuyo contenido se desglosará en el casi centenar de dibujos de una antología pictórica de este pionero de las grúas que se inaugura el 18 de septiembre en la galería Concha Pedrosa.

Hizo grúas cubistas sin conocer a Braque y a Picasso; practicó el surrealismo mecánico sin que nadie le hablara de André Breton. "Antes de cualquier invento", dice su hijo Juan, "lo hacía primero en maqueta con recortes de cartón, polvo de lavadora, hilo y botones". Inventor genuino. "Una vez mi madre tuvo un accidente al caerse de la bicicleta. El médico le dijo que tenía que mover mucho la rótula y mi padre, con el motor de una lavadora, le hizo una máquina para hacer gimnasia".

Una familia en la que la mecánica es una cuestión genética. El abuelo paterno, panadero de profesión, le abrió un taller a su tío Vicente, que aprendió mecánica en el aeropuerto de Los Llanos, donde se fabrican los Mirages. Fue Vicente el mentor del padre y patriarca de los Lozano. Hasta el amor está teñido de este afán de aprender y experimentar. "Mi tía Asunción, que tiene 94 años y vendrá a la inauguración, tenía una flota de taxis en Albacete y una relación de cliente con el taller de mi tío y mi padre". Asunción era hermana de Rita Jiménez, nacida en Sisante (Cuenca), que se convertiría en la esposa de aquel hombre que no hizo otra cosa que seguir el consejo de los griegos: palanca más átomo igual a movimiento.

Las conmemoraciones tienen en esta familia una fuerza telúrica. Para celebrar los cuarenta años de la llegada de su padre a Sevilla, crearon el certamen de pintura Grúas Lozano, que ya va por la undécima edición. "Algunos de nuestros primeros premios recibieron después el Focus-Abengoa con Antonio López y Carmen Laffón en el jurado".

En Sevilla no había grúas. Había un alminar árabe que imponía respeto. Una grúa Lozano hizo la permuta de Giraldillos, otra procedió al relevo de las campanas. Y Juan Lozano, el pintor casi furtivo, clandestino, descubrió en los montajes de la portada de la Feria en el Prado uno de sus principales motivos artísticos, la integración hombre-máquina.

El cambio de aires fue una revolución. "En Albacete mi padre iba de caza, de pesca. En Sevilla se acabó todo eso y no hizo otra cosa que trabajar". Siempre tuvo muy claro su destino. "Si dudó, fue para irse a América, hasta que se casó", dice el mayor de sus hijos. Su santuario particular era el de los Talleres Luna, en Huesca, superviviente nacional de los fabricantes de grúas. "Se ha mantenido porque le vende grúas a Cuba".

Los Lozano se instalan en un piso cerca de Baturone que les buscó Agustín Peiró, paisano de Albacete que daba clases de Biología en el San Isidoro. La mayoría de sus vecinos eran norteamericanos. El Plan Marshall pasó de largo. Lozano le compró a los gringos una camioneta azul, una Ford Pick Up que fue la primera grúa de servicio de automóviles de Sevilla. Sus hijos dijeron adiós a las nevadas, a Los Llanos. Juan estudió en los Salesianos y San Francisco de Paula y en el 92 se metió en Bellas Artes, fiel a esa inquietud de su progenitor, que cambió la premisa de De Quincey: la grúa como una de las bellas artes. Su obra dejó secuelas en la plaza del Pelícano, carretera de Carmona, carretera Amarilla y el Polígono Industrial La Red.

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