EL TIEMPO
Regresa la lluvia a Sevilla

Me pone tres cuartos de infierno

Paseo. El C3 y el C4 tienen parada en la estación de tren del 92, el C1 y el C2 en la del 29. La mejor manera de conocer la ciudad, bus refrigerado con termómetros en las glorietas

El C3, circular interior, ayer en la glorieta de la Barqueta, junto al termómetro que marcaba 45 grados.
Francisco Correal

30 de julio 2015 - 05:03

EL mar, la mar. El calor, la calor sin Alberti con el frío de Pepe Hierro. El calor extremo es lo más parecido al frío. Lo dice un niño que me concierne: no hace ni frío ni calor, hace temperatura. Una mujer mueve el abanico en el C1. Viajar en los circulares de Tussam es la mejor manera de conocer la ciudad. Alfalfa. Todo en mosquiteras. El anuncio del monitor da sensación de frescor, como la información de campeonatos del mundo relacionados con el agua, que empieza por uve doble: de waterpolo, de windsurf.

Dejemos hablar al viento, dicen los lectores de Onetti. Dejemos hablar al polo, dicen los que veranean en Sotogrande. Próxima parada, se oye por la megafonía del C4, Torneo Baños. Suena a partido de waterpolo como los que se jugaron cuando Alejandro Rojas-Marcos trajo los campeonatos mundiales de Natación.

Desde el autobús se ve cómo van subiendo los termómetros. En la Barqueta se alcanzan los 45 grados. Me pone tres cuartos de infierno. La única temperatura agradable son los 21 Grados con los que el Cicus (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla) ha llamado a su festival de verano, que incluye poesía, cine y otras actividades. La temperatura máxima a la que ayer se llegó en Oviedo y Pontevedra. El norte también existe, le dice Onetti a Benedetti.

Canículas de sombrereros y dermatólogos. No es un efecto óptico. Es el nombre de un restaurante. El Cairo, esquina de Reyes Católicos con Pastor y Landero. En el interior, dos corvinas en el mascarón de proa. El invierno invita a la carne; el verano, al pescado. Qué pena que sea pecado, cantaban en El diluvio que viene. A Noé, con el secarral, lo verán en una oficina del Inem. Concierto de chicharras en el Casino de la Exposición.

Hoy termina la temporada del cine de verano del muelle de las Delicias. Hay obras de teatro que suenan a cine de verano. Como el Miles Gloriosus que Sergio Rodríguez y su compañía llevarán en agosto a Itálica y a Bolonia. Título de Plauto que remite a aquella maravillosa charlotada de Richard Lester que tituló Golfus de Roma, con Zero Mostel y Buster Keaton emulando a Abebe Bikila por las colinas de la Ciudad Eterna donde ahora los cristianos se comen a los leones.

Un hombre mayor entra sin picar en el C4, parada de la Macarena. El conductor le afea su conducta y nombra la palabra inspector. Un viajero pica con su bonobús, viaje solidario. El polizón, ya sentado, invita al inspector a olvidarse de él y a ir "al Congreso de los Diputados o al Parlamento de Andalucía". Que está allí mismo, junto a la parada. El lobo es un tertuliano para el lobo.

Parada del C3 en los Juzgados. El autobús parece un coche de novios: el conductor, una chica y el cronista. Mientras llegan más viajeros para romper la ficción nupcial, miro de soslayo a los soportales pero no hay manera: no aparece la juez Alaya. El surf también existe. En Plaza de Armas se produce el tránsito del autobús al autocar. Del recorrido urbano, la rutina, la costumbre, la obligación, al interurbano, la aventura, escapada sin Godard.

Cruces de caminos de los Circulares, que evocan una ciudad redonda en su cuadratura del círculo. Para recorrer la ciudad sin prisa pero sin pausa. El C3 y el C4 tienen parada en la de Plaza de Armas. El C1 y el C2, en la de Santa Justa. Los dos nombres de la estación de Córdoba. Por la primera llegaba a Sevilla el rey Alfonso XIII y los toreros que habían triunfado en Madrid o en las Américas; la segunda la inauguraron los reyes Juan Carlos y Sofía en puertas de la Exposición de 1992, capicúa del certamen que inauguró el abuelo del penúltimo Monarca. Entre los autobuses y la estación de tren, parada de EA, iniciales del autobús que va hasta el aeropuerto. La primera estación es ahora un multicines frente a la estación de autobuses y Saura lo convirtió en plató cinematográfico. La segunda, la de Cruz y Ortiz, es de película.

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