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"Me pongo en el pellejo de los padres de la niña y lo siento mucho"

María del Carmen Barrera Hernández, 'La Perla'.

La matriarca del clan implicado en el tiroteo en el que murió una niña en el Polígono Sur, hace justo dos años, cuenta su versión de los hechos tras salir de la cárcel de Albolote.

"Me pongo en el pellejo de los padres de la niña y lo siento mucho"
Fernando Pérez Ávila

23 de agosto 2015 - 05:03

Salió de la cárcel hace un mes tras pasar dos años en preventiva por la muerte de Encarnación Silva Salguero, una niña de 7 años que fue alcanzada por una bala perdida en el Polígono Sur. Su marido y su hijo permanecen en prisión, acusados de este homicidio junto con otros familiares. Supuestamente iban a ajustar cuentas con Rafael Gutiérrez, Faíto, un delincuente del barrio que había secuestrado a su hijo unos meses antes, y que se encontraba en la casa contigua a la de la niña Encarnación.

-¿Cómo ha llevado estos dos años en la cárcel?

-Fatal. Muy mal. Con respecto a la prisión y al trato de los funcionarios, bien, con normalidad, pero lo he pasado mal por la situación que hemos vivido, por mi familia y por mis niños. Ha supuesto un cambio radical en mi vida, porque he tenido que abandonar a mi familia y a mis niños chiquititos. Cuesta asimilarlo. Soy una persona tranquila y he pasado de estar en mi casa preparando la comida para mis niños y mi marido a verme en prisión sin poder hacer nada, sin saber nada de lo que pasaba fuera.

-¿Qué espera del proceso judicial?

-Que haya Justicia. Es lo único.

-¿Qué es para usted que haya Justicia?

-Que se demuestre mi inocencia.

-Usted siempre ha mantenido que no estuvo en el lugar de los hechos, cuénteme su versión.

-Yo me encontraba sentada en la puerta de mi casa con mis niñas y unas cuantas vecinas. Eso es lo que he mantenido siempre porque es la verdad. No hay otra cosa. No puedo justificarlo pero es la pura verdad.

-¿Por qué entonces le imputan también a usted el homicidio?

-A mí me imputan el homicidio un año después. En un principio entro (en prisión) por salud pública y amenazas. Me imputan al año y después de que unos testigos que son familiares de la víctima supuestamente me vean allí.

-¿Y cómo se enteró de lo que había pasado?

-Me entero cuando vienen mi marido y mis niños llenos de sangre y diciendo "vámonos, vámonos". En ese momento veo a mi hijo lleno de sangre, con las piernas, los brazos, el chaleco... todo lleno de sangre. Porque él también recibió impactos de bala.

-¿Usted no sabía que su familia había ido a buscar a Faíto?

-De Faíto sabía lo que pasó en mayo, cuando secuestraron a mi niño y le robaron. Pero ese día no sabía nada. Si supiera lo que iba a pasar ese día, yo no iba a estar sentada en mi puerta, ¿no?

-¿Y qué pasó en mayo?

-Quizás esto sea mejor que lo hable con mi abogada.

-¿De dónde salieron las armas que llevaban sus familiares?

-No le puedo decir nada porque no lo sé.

-¿Cómo fue la huida?

-Duró un día y medio. Nos fuimos por el miedo a que nos hicieran algo. Mi marido se iba a entregar, pero no le dio tiempo. Y yo confío también en su inocencia.

-Si tuviera la oportunidad de hablar con los padres de Encarnación, ¿qué les diría?

-Ahora mismo tampoco está claro que nosotros seamos culpables. Digo nosotros, y me incluyo, porque están mi marido y mi hijo. ¿Qué puedo decir? Primero, que no tendría ocasión de encontrarme con ellos por la situación de la etnia gitana, ¿me entiende? Y segundo que habrá que ver si somos culpables o no. Pero, de todas maneras, yo me pongo en su pellejo como madre, y lo siento mucho. Es muy doloroso. Por pedir perdón no pasa nada. Si hay que pedirlo, se pide.

-¿Ha pensado que podría haberle pasado a usted?

-Cuando digo que me pongo en su pellejo es porque, cuando se llevaron a mi niño, escuché que decían que había que matarlo. Y me iba arrancando los pelos en busca de él. Y llamando a la Guardia Civil. Todo esto se demostrará en su momento.

-¿Cómo había sido su vida hasta ahora?

-Nací en Sevilla, tengo 44 años y siempre he sido ama de casa porque he tenido un marido que siempre ha traído comida a casa.

-¿A qué se dedica su marido?

-A la venta de coches y de pisos.

-Pero tanto a él como a usted se les imputa tráfico de drogas.

-A nosotros no nos han intervenido droga. Eso se demostrará en el juicio.

-¿Volverá al Polígono Sur?

-Como volver... se puede volver. Pero no lo vamos a hacer por respeto a la familia de la víctima. Nos podemos encontrar con algún familiar y que eso tenga repercusión. Así nos lo han advertido.

-¿Ha recibido amenazas?

-Prefiero no entrar en eso.

-Pero su casa y las de sus familiares sí que fueron saqueadas tras el tiroteo.

-De manera radical. Y esos saqueos los hemos denunciado ante la Policía.

-¿Tiene miedo a una posible venganza?

-Claro que tengo miedo de una venganza, contra mí o contra alguien de mi familia.

-¿Desea añadir algo más?

-Sí. Que el apodo de la Perla me ha perjudicado...

-¿De dónde viene, por cierto?

-No sabría decirle, así soy conocida porque a mi madre y a mi abuela también las llamaron así.

-¿Y por qué le ha perjudicado?

-Porque han metido en la cárcel a mis hermanos sólo por serlo. El apodo ha pesado y repercutido a gente que tiene su casa y sus hijos y no hizo nada. Es como si los delitos se contagiaran. Porque un perla haga algo no quiere decir que lo hayan hecho todos los demás. Querían meter (en la cárcel) hasta a un hijo de mi padre que ni siquiera lleva nuestros apellidos ni se ha criado con nosotros. Al menos creo que la Justicia está haciendo un buen trabajo porque los pusieron en libertad después, cuando los jueces vieron que nada tenían que ver.

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