Otra prohibición "inútil"

Expertos universitarios creen que la intención del Ayuntamiento de multar a las personas que den de comer a las palomas no servirá para controlar su población

Palomas comiendo el pan arrojado por un ciudadano en la Plaza del Triunfo.
Luis Sánchez-Moliní

31 de enero 2011 - 05:03

La intención del Ayuntamiento de Sevilla de multar a las personas que den de comer a las palomas en la vía pública podrá servir para mejorar la limpieza de las zonas afectadas, pero no para controlar la población de estas aves que, en algunos barrios, es preocupante. Así, al menos, opinan los expertos universitarios consultados por este periódico.

El Consistorio ultima una ordenanza, cuya aprobación se prevé para la primavera, según la cual se sancionará con entre 75 y 500 euros a aquellas personas -normalmente pertenecientes a la tercera edad- que den de comer en la calle a las palomas. Sin embargo, para el ornitólogo de la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla, José Luis López, la medida resultará "inútil", ya que esta comida de los ciudadanos bienintencionados es "irrelevante" en la alimentación de las palomas. "Hay que tener en cuenta que es un ave muy antrópica, es decir, que se adapta muy bien al entorno humano. Saben aprovechar cualquier cosa, cualquier desperdicio humano, desde el rastro de comida que deja una manifestación o los desperdicios de un restaurante de comida rápida hasta los restos de un camión que ha volcado". Para López, las palomas "saben buscar muy bien los recursos y se adaptarán a cualquier variación".

Por eso, el director de la Oficina de Sostenibilidad de la Hispalense, el catedrático Manuel Enrique Figueroa, además de calificar la iniciativa municipal como de "absurda", cree que hay que buscar otras medidas que pueden ser complementarias a las capturas ya iniciadas por el Ayuntamiento -el pasado fin de semana se atraparon 150 ejemplares-. Una de ellas es la introducción en los entornos más poblados de rapaces nocturnas, cuya acción depredadora equilibraría la situación.

Tanto para Figueroa como para López no se puede hablar de una superpoblación de estas aves, que son transmisoras de algunas enfermedades y cuyos excrementos suponen un problema para la conservación del patrimonio histórico debido a su alto contenido en ácido úrico. "Si dividimos la superficie de Sevilla entre la población de palomas nos daremos cuenta de que no hay tantas. Otra cosa diferente es que se concentren en determinadas zonas y que supongan un incordio", afirma Manuel Enrique Figueroa.

Aparte está la opinión de los vecinos de las zonas afectadas, que no suele ser muy favorable. El exceso de suciedad y de ruidos que generan suele provocar la indignación de la mayoría.

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