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El reencuentro de los ahijados

calle rioja

Desagravio. Emotivo homenaje a Blasco Garzón, el presidente del Ateneo que reunió a los poetas del 27 al que ayer recordaron un sobrino y una sobrina-nieta de los que fue padrino.

Foto: Belén Vargas
Francisco Correal

09 de octubre 2013 - 01:00

FUE padrino de bautismo de los dos. De Manuel Morón (1926), hijo de su cuñada Maravillas Palomino, en Sevilla. De Dora Dachevsky Álvarez (1944), nieta de su cuñada Trinidad Palomino, en Buenos Aires. Entre uno y otro bautizo, entre Sevilla y Buenos Aires, el exilio de Manuel Blasco Garzón (1885-1954), presidente del Ateneo de Sevilla desde el 22 de mayo de 1927, testigo de excepción de la famosa foto. Abogado al que escoltan Alberti y Lorca por un lado; Guillén, Dámaso y Gerardo Diego, por otro.

Manuel Morón, sevillano de San Lorenzo, y Dora Dachevsky, bonaerense, hija de un argentino descendiente de ucranianos y de una sevillana de la calle Sor Ángela de la Cruz, acudieron ayer al Ateneo para rendir homenaje a quien fue tres veces diputado, otras tantas ministro de la República hasta que su compañero de pupitre en el colegio San Ramón, Diego Martínez Barrio, el que lo hizo republicano y masón, lo nombró cónsul general de España en Buenos Aires y Montevideo. Ese traslado en el barco Mendoza fue un viaje sin retorno. Se fue en 1936, con España partida en dos por la guerra. Le acompañaban su esposa, Luisa Palomino; una hermana de ésta, Matilde, monja; su sobrina Trinidad Álvarez, 17 años, la madre de Dora; su sobrino Vicente; y Carmen Sabina, su empleada doméstica. La monja es la única que regresó.

Al sobrino y la sobrina-nieta les une algo más. Ambos vieron por última vez a Blasco Garzón cuando tenían nueve años. "Recuerdo perfectamente la última vez que lo vi", dice Manuel Morón. "Era el Jueves o el Viernes Santo de la Semana Santa de 1936. Mi tío, como buen sevillano, estaba preocupado por la posibilidad de que lloviera ese día". Dora Dachevsky era demasiado niña para ir a su entierro en el cementerio de la Chacarita. Ayer, ante el presidente del Ateneo, Alberto Máximo Pérez Calero, leyó un poema póstumo de su tío-abuelo, alegato contra el rencor.

"En el caso de que un día volvieran sus restos, el epitafio ya lo dejó escrito", dice Juan Ortiz Villalba: "He trabajado por todos menos por mí". Sabedor de su bondad, el general Queipo de Llano, como cuenta el citado historiador en su libro Sevilla 1936, el mismo día que se entrevista con Mola, escribe a Diego Martínez Barrio para que interceda ante Blasco Garzón, entonces ministro de Justicia, y éste nombre juez municipal de Málaga a un sobrino del virrey de Sevilla.

Este año se cumple el centenario de su matrimonio con Luisa Palomino. "Los casó en 1913 Fray Jerónimo de Córdoba". Un hombre rupturista en todos los sentidos: de formación clásica, apuesta en ese encuentro poético por la generación más vanguardista de la lírica europea; cuatro años antes, en 1923, llegó a la presidencia del Sevilla Fútbol Club, etapa que reconstruyó Juan Castro. Incorpora a Sánchez Pizjuán a la secretaría, es pionero en las concentraciones del equipo -en Villanueva del Río y Minas-, en tener un equipo médico (el doctor Puelles de los Santos, fusilado en el 36) y la presencia por primera vez en Sevilla de la selección.

Del grupo, a Dora le gusta Lorca. En su familia, la faceta más literaria es la relación laboral de su padre, Anselmo Dachevsky, con Espasa-Calpe, etapa en la que coincidió con Borges. Su familia empezó a cobrar derechos de autor de la obra de Blasco Garzón Evocaciones Andaluzas, publicada en 1942, rescatada y reeditada por Morales Padrón, autor de la semblanza del abogado en el Diccionario de Ateneístas.

En la foto hay otro ateneísta, el médico José María Martínez Romero, "el niño sabio de Triana". Junto a García Lorca, el otro fusilado del grupo "por el delito", dice Pérez Calero, "de haber sido dos días gobernador civil interino del Frente Popular". En Argentina, Blasco Garzón publicó los libros Gloria y pasión de Antonio Machado y Jovellanos, literato. Dirigió el periódico España republicana. No tuvo hijos, le sobró familia. Su sobrina Trinidad se casó con el comerciante de ascendencia ucraniana. "Un amor de Romeo y Julieta", dice su hija Dora. Su sobrino Vicente se enamoró de una hija de gallegos a la que conoció en el Centro Republicano Andaluz. La familia de Dora son de Independiente de Avellaneda. "Les dicen los rojos".

Dora vino por primera vez a Sevilla. Manuel Morón volvió al Ateneo del que fue socio un año, Alfonso de Cossío de presidente. "Hasta que saqué la cátedra".

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