Los responsables de la gasolinera de Alcosa, tras el derribo: "Han ido a degüello, no nos han dejado defendernos"
El propietario del negocio, Jesús Martínez, lamenta que no haya podido salvar ninguna de las máquinas
Comienza la demolición de la estación de servicio de Alcosa
El derribo de la gasolinera de Alcosa, en imágenes
Los responsables de la gasolinera de Alcosa, cuyo derribo comenzó la madrugada de este jueves, lamentan que no han tenido oportunidad de defenderse y critican que se ha cometido con ellos "una completa injusticia". Así lo ha explicado el propietario del negocio, Jesús Martínez, que ha atendido a la prensa la mañana de este jueves junto a la barrera policial colocada en la calle Ulpiano Blanco para impedir el acceso a toda persona ajena a los trabajos de demolición de la estación de servicio.
"Anoche estaba en casa, tan tranquilo, cuando me llama el guarda, que tiene aquí una vivienda adaptada. Me cuenta que han llegado veinte patrullas. Yo pensé que era algo rutinario, que habían parado a alguien aquí. Me di cuenta de que no era así y vino para acá escopeteado. Me encontré a unos 50 policías con escudos y cascos, algo desmedido", apunta Martínez, que describe los momentos iniciales del derribo de la gasolinera, que comenzó sobre la una de la madrugada bajo un impresionante despliegue de la Policía Local de Sevilla.
El gasolinero lamenta que no se le haya permitido iniciar un proceso de legalización del establecimiento, que contaba con una licencia otorgada por Urbanismo, pero que fue declarada nula por un juzgado de Sevilla. El juzgado se basaba para resolver esto en que se presentó un contrato de arrendamiento con una persona que no era el propietario del terreno, y que también fue por tanto declarado falso. Al anularse la licencia, también quedaba la empresa sin título para ejercer la actividad.
La Gerencia Municipal de Urbanismo tenía que ejecutar la sentencia demoliendo la gasolinera, algo que ya intentó el pasado 10 de diciembre. Ese día, sin embargo, fue imposible materializar el derribo porque había unas cincuenta personas (entre empleados, familiares y amigos) concentrados en la estación de servicio, donde se habían cruzado un autobús y varios camiones para impedir el acceso a los operarios de la empresa encargada de la demolición. Este jueves, para impedir una acción similar, se estableció un fuerte despliegue policial y se llevó a cabo la acción por sorpresa durante la madrugada.
"En un principio no nos han dejado ni retirar los enseres. Ya luego sí", indicó Jesús Martínez. "Han derribado toda la zona de lavado, la han descuartizado, hecha añicos para que no haya nada aprovechable, la tienda está totalmente desmantelada. Me llama la atención que lo primero que hayan hecho sea desmantelar el sistema de videovigilancia, todas las cámaras fueron desmontadas. No sé si esto es normal".
El gasolinero añadió que la empresa tiene abierto un pleito para demostrar que no es la responsable de la falsedad documental, pero que no han llegado a tiempo para argumentar esto. "No nos han dejado ni defendernos". Uno de los momentos más tensos de la mañana se vivió cuando apareció por el lugar el propietario del terreno colindante, Antonio Ponce, quien acusó a los dueños de la gasolinera de haber estado operando como ocupas en sus suelos durante diez años. Varios de los trabajadores se encararon con él y los policías locales tuvieron que separar a los contendientes para la tensión no fuera a más. Dos agentes acompañaron a Ponce fuera de la zona próxima a la gasolinera.
"No sé quién es Antonio Ponce, no le hemos hecho ningún contrato. Nos acusa de estar de ocupas, pero nos hemos llevado aquí cinco años funcionando sin ningún problema. Esta persona ha presentado una falsedad documental, bien acreditada por peritos caligráficos", expuso Martínez. El responsable de la estación de servicio anunció un pleito para reclamar daños y perjuicios, pues montaron las instalaciones con una licencia otorgada por la Gerencia de Urbanismo. "Si para algo me quedan energías, es para eso".
Las tareas de demolición se prolongarán durante varias semanas. "Ni ellos mismos saben cuánto tardarán. Hay cosas que no se están haciendo bien a mi entender. El depósito del GLP (Gas Licuado de Petróleo) está lleno y eso es literalmente una bomba. Hay que quemar el gas y no sé si puede estar ardiendo 15 ó 20 días. En la zona de aspiradoras y lavado había dentro entre 2.000 y 3.000 euros y no he tenido acceso a esllos. En el peor de los casos, yo hubiera cogido mis cosas y salvado lo que hubiera podido. Pero han ido a degüello, a la una de la madrugada... Hay policías que nos han contado que les quedan dos años para jubilarse y no han visto nunca algo similar".
Juan Manuel Martínez, hermano de Jesús, tuvo que ser atendido de madrugada en una ambulancia, porque tenía una fuerte crisis de ansiedad. "Me dolía mucho el pecho, algo que nunca me había pasado", indicaba este hombre, todavía muy nervioso varias horas después. "Esto es una gasolinera en la que no se le paga a una máquina, sino que hay personas trabajando. Somos como un grupo de amigos, o una familia. Y ahora ves que no podemos salvar nada".
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