La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La muy tiesa ciudad de Sevilla
Una tarde cualquiera, recién acabada la Guerra Civil, Franco paseaba por uno de los jardines del Alcázar de Sevilla, donde se alojaba por primera vez, cuando se topó con dos hombres. Uno era Joaquín Romero Murube, director del Alcázar; el otro, el poeta Miguel Hernández, que se refugiaba allí antes de emprender su huida hacia Portugal. Una vez hechas las presentaciones, Franco continuó su paseo. Ésta y otras historias -en el límite entre realidad y leyenda- son las que cuentan el propio Romero Murube y otros autores que han escrito sobre él en uno de los 25 escritos recuperados ahora por el profesor Claudio Maestre Moreno para recrear una ruta literaria por otros tantos rincones del Alcázar y que ha plasmado en una guía.
Maestre, nacido como Romero Murube en Los Palacios, propone un paseo diferente por el Alcázar de la mano de las vivencias del que fuera su director durante 35 años. En cada parada, una anécdota en forma de verso, prosa o artículo periodístico y una pincelada de la historia de este emblemático monumento y de la propia ciudad de Sevilla. Romero Murube, que vivió en el Alcázar hasta que un infarto tras sus propios muros acabó con su vida en 1969, fue íntimo amigo de Federico García Lorca y testigo de la primera lectura que éste hizo de su poema Llanto por Ignacio Sánchez Mejías una primavera de 1935 frente al estanque de Mercurio.
La ruta que propone Maestre hace un alto en el camino en la escalera que hay entre el Cuarto del Almirante y la fachada del rey Don Pedro, donde se toparon en su día Romero Murube, el entonces ministro de Estado de España, Ramón Serrano Súñer y el cuñado de Mussolini, el conde Ciano. Maestre se detiene también en la galería del Grutesco, donde en los años 50 el rey de Transjordania Abdullah, conocedor de la leyenda de que algunas palmeras eran milenarias, instó al director del Alcázar a que le señalara la más antigua. El cenador de Carlos V -construido con motivo de su boda con Isabel de Portugal en el siglo XVI-, o el Patio de la Montería son otros de los rincones del Alcázar en los que el mito y la realidad se mezclan para sorprender al visitante que participe de esta ruta literaria.
Esta obra, fruto de dos años de trabajo, ha sido concebida especialmente para los alumnos de Bachillerato o Secundaria que visiten el monumento. Con ello, Maestre pretende despertar su interés por los autores de la Generación del 27, a la que pertenecía también Romero Murube, que participó en el homenaje que estos hicieron a Góngora. Pero también cualquier sevillano o turista que se acerque al Alcázar puede disfrutar de ella, por lo que se han programado dos rutas: una que parte de la Puerta del León (acceso del público en general) y otra que arranca de la Puerta de la Alcoba (por donde entran los grupos escolares).
La figura de Joaquín Romero Murube ha sido siempre contradictoria. Por una parte, se le vincula al movimiento falangista y, por otra, no sólo dio cobijo a Miguel Hernández -perseguido por Franco- sino que él mismo se desplazó en persona hasta Granada para investigar la muerte de su amigo Lorca y dedicó a su asesinato un libro de poemas. De "poliédrica" tilda el autor de la guía que le rinde ahora homenaje la personalidad de Romero Murube, un personaje, apunta Maestre, que "no fue fácil" pero que, defiende, "fue un literato por encima de todo".
Con esta publicación, tras la que están el Patronato del Alcázar y el Aula para la Recuperación de la Memoria Histórica, se pretende recuperar la figura de un personaje muy presente en la historia de Sevilla y cuya labor como escritor y defensor del patrimonio local, defiende su autor, ha pasado desapercibida. Maestre quiere dar un paso más y ya está recopilando algunos de los más de 400 artículos de Romero Murube, publicados por varios periódicos de la ciudad, para ensalzar también su labor periodística.
También te puede interesar
Lo último
No hay comentarios