De rivales en los Goya a una sesión continua
Calle Rioja
Impacto. La fiesta del cine español surtió efecto: ayer compartían multicines y hasta sala 'Truman' y 'La novia', películas que compitieron en un duelo en el que se coló Isabel Coixet.
LAS películas no compiten entre sí, dijo Fernando León de Aranoa en la recepción de uno de los Goya. Lo dijo ante dos testigos de excepción como eran Mario Vargas Llosa y Elvira Lindo. Tampoco compiten los actores, diría después el argentino Ricardo Darín al recoger el Goya al mejor actor por Truman, no sin antes abrazar a sus tres compañeros de nominación. Tienen razón el director de Los lunes al sol y el actor que encarnó a Bombita en uno de los episodios más divertidos de Relatos Salvajes. Ayer, sin ir más lejos, las películas Truman, de Cesc Gay, y La novia, de Paula Vázquez, las dos grandes aspirantes a casi todo, compartían cartelera en el Alameda Multicines y se proyectaban en la misma sala. Una perfecta sesión continua para calibrar los méritos de las películas y los conocimientos de los miembros del jurado que le dieron cinco galardones a Truman y sólo dos a La novia, que se quedó compuesta, sin novio y con la mitad del ajuar sin pagar.
Llevaba media hora de partido el Betis-Valencia en la pantalla gigante del bar Realito y la cola pasaba de la entrada del Alameda Multicines. Los efectos de la noche de los Goya empezaban a notarse. A las seis de la tarde y a las diez menos cuarto ponían Truman y a las ocho La novia. Un duelo en el que se coló Isabel Coixet con Nadie quiere la noche.
La Alameda es la nueva Cinecittá del cine andaluz. En la Casa de las Sirenas se hicieron el casting de La Isla Mínima y recientemente el de Brigada de Fenómenos, la serie para Canal Sur que produce Gervasio Iglesias basada en la trilogía de Julio Muñoz Gijón. Es raro no ver cualquier domingo por la mañana a alguno de los miembros del equipo que el año pasado se trajo doce estatuillas con esa historia truculenta de las Marismas. Un equipo que se reunía en el bar la Sirenas en su época anterior. Miembros de la película de Alberto Rodríguez aparecieron en la gala de los Goya: el ferrolano Javier Gutiérrez (que encarnará a Franco en un próximo proyecto), uno de los dos investigadores, entregó uno de los galardones; Antonio de la Torre, escoltado por dos damas de la interpretación, entregó otro; Manolo Solo, que en la película encarna al periodista de El Caso, estaba nominado por su papel en la película de Bárcenas, al que encarna Pedro Casablanc.
Hay un monsieur Hulot en la Alameda que estará disfrutando como el que más. Pepe Quero, fundador y actor de los Ulen, el genial policía de El mundo es nuestro, llevaba tiempo apostando por las posibilidades de su sobrina. Natalia de Molina es hija de una hermana del actor, granadino de nacimiento, formado en el Instituto de Teatro de Sevilla. Réplica del Mon oncle de Jacques Tati, Quero decía que las triunfos de su sobrina en la gala de Asecan y en los premios Forqué eran indicadores muy positivos. Hay que echar quinielas con Pepe Quero. Natalia de Molina, la protagonista de Techo y comida, derrotó en la categoría de mejor actriz nada menos que a Penélope Cruz, Inma Cuesta y Juliette Binoche. Que es como si el Numancia ganara la Copa del Rey. El crítico Paco Casado también hizo pleno en su quiniela goyesca.
Había cumbre de dueños de galgos en uno de los veladores de la Alameda. Un homenaje subliminal al perro que conduce la historia de Truman que le ha dado el repóquer de premios a la película de Cesc Gay. Por la Alameda paseaba una voz mágica que algunas veces se ha asomado a la pantalla. Lole Montoya, terremoto de sílabas y silencios en Manuela, de Gonzalo García Pelayo, también en alguna película de Quentin Tarantino.
Estas mañanas de domingo hay casting en la zona, pero son de costaleros. Ayer se les veía en sendos grupos, uno en la calle Guadiana, otro en Peris Mencheta, junto a la casa-hermandad de los Javieres, con el Cristo de las Almas a punto de iniciar el quinario. Por la Alameda paseaban las hermanas Cobo. Cualquier calle por la que pasen la convierten en alfombra roja estas hermanas del galerista Pepe Cobo, que hace tres décadas, cuando empezaban los Goya, reunió en una galería de Pastor y Landero, La Máquina Española, junto al mercado del Arenal, a la flor y nata de la pintura sevillana contemporánea.
En su bicicleta paseaba Mariano García Romero, uno de los socios del bar Donald. Tiene de cliente al cineasta Alberto Rodríguez y en una tienda de ropa provee de material a Carmina, la madre de Paco León a la que su hijo convirtió en estrella del celuloide. Pero los carteles en los que ya piensa Mariano son de otro calado: las cinco tardes de Morante, las cuatro de Manzanares... El Donald está junto al Burladero del hotel Colón. Pero tienen razón Fernando León y Ricardo Darín: los buenos bares no compiten, siempre suman.
"Sevilla al pintor de la luz", se lee en la estatua que la ciudad le dedica a Velázquez en la plaza del Duque. Una luz que sigue mandando en los Goya. El testigo del premio a la mejor fotografía, que el año pasado recayó en Alex Catalán por La Isla Mínima, pasó al sevillano Migue Amoedo, responsable de iluminar a La novia en las lorquianas bodas de sangre. El día de los premios decía en una entrevista en este periódico que no podría haber hecho esa película sin lo que aprendió en su paso por la Facultad de Comunicación Audiovisual de Sevilla. Allí coincidió con otros goyas locales, como Fernando Franco (La Herida) o Nacho Arenas, que lo recibió anteayer por el mejor sonido en la película El desconocido.
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