Cuando salir del hospital se vuelve misión imposible
Una mujer denuncia la odisea vivida en el Virgen del Rocío con su hija en silla de ruedas tras una cirugía, a la que tres desconocidos ayudaron a bajar tres plantas a pulso por la saturación de los ascensores
Salir del hospital después de una operación debería ser un momento de alivio y alegría, pero para María del Carmen Ramos Acuña se convirtió en una auténtica aventura de supervivencia urbana, aún dentro de las instalaciones sanitarias.
El pasado 20 de enero, su hija fue intervenida quirúrgicamente en el Hospital de Traumatología del Virgen del Rocío en una cirugía que incluyó la implantación de una prótesis en la pierna, por lo que requirió del uso de una silla de ruedas. Hasta aquí, todo perfecto. "No tenemos ninguna queja. Fue todo estupendo. La atención, el trato del personal maravilloso e, incluso, la comida buenísima. Sólo faltaba irnos a casa", relata la mujer.
Y es ahí cuando saltó el problema. Tres días después recibió el alta y, lo que debería haber sido un simple trámite, se convirtió en una odisea de casi dos horas hasta poder estar en la calle, entre llamadas infructuosas a los ascensores y la desesperación por no poder salir.
Según el relato de María del Carmen, todo se complicó cuando, tras recoger la carta del alta sobre las 13:00 horas, y disponerse a bajar de la tercera planta, se toparon con un obstáculo inesperado. Todos los ascensores estaban ocupados por camillas y pacientes. "No había manera de poder entrar. Todos ocupados de arriba para abajo en toda la planta", recuerda la mujer, todavía con la tensión en la voz.
Había pocas opciones. Intentar bajar por las escaleras era imposible. Su hija, recién operada y dolorida, estaba en silla de ruedas y no podía moverse sola. "Bajar por las escaleras tampoco podía, mi hija estaba en la tercera planta y en silla de ruedas. Era imposible", recuerda entre risas nerviosas. "La situación se volvió desesperante", añade.
El tiempo pasaba y la frustración iba subiendo. "¡Señores, yo sólo quiero irme a casa! ¿Qué tengo que hacer, pedir un helicóptero?", gritaba María, mientras golpeaba el ascensor. La escena llamó la atención de los demás usuarios del hospital, que la miraban con sorpresa y cierta solidaridad silenciosa.
Finalmente, la solución llegó dos horas después, y de manera inesperada. Otros usuarios del hospital que estaban presentes en la zona se ofrecieron a ayudar. "Tres hombres cogieron el carrito de mi hija a pulso. Uno por delante y dos por los lados, y la bajaron hasta la calle", relata María del Carmen, todavía emocionada. Su hija, aunque dolorida, pudo salir al fin de su prisión hospitalaria improvisada.
Semanas después, la mujer lamente que, a pesar de la excelente atención recibida durante la estancia hospitalaria, el problema surgiera al salir, "cuando la organización y la accesibilidad brillaron por su ausencia". "Lo único que queríamos era irnos a casa y no había forma de hacerlo sin ayuda externa", apostilla.
La mujer selló por escrito su indignación por lo sucedido en forma de una queja registrada en el servicio de atención a la ciudadanía del hospital, a la que ha tenido acceso este periódico, y en la que se cuestiona la organización del centro. "No es aceptable que, en un hospital, los pacientes con movilidad reducida se encuentren con que no pueden salir por falta de medios adecuados", lamenta María del Carmen. "La atención fue excelente durante la hospitalización, pero la falta de accesibilidad y de coordinación en la salida genera situaciones de estrés innecesarias y pone en riesgo la seguridad de los pacientes", sentencia.
También te puede interesar
Lo último