La sombra de Juan de Mairena es alargada
Al recreo. Joaquín Arbide recupera en su nuevo libro la memoria de maestros y colegios en Sevilla
CON el dictado de por medio, un viaje del gran dictador, Charlot dixit, a los pequeños dictadores. Del país que dilapidó la enseñanza de la República y se quedó sin maestros -fusilados, represaliados, exiliados- a un estado llamado del bienestar donde maestros que ya no le temen al pelotón, al exilio ni a la represalia le temen a los alumnos y a sus progenitores y en muchos casos se dan de baja por miedo al colegio.
Este viaje lo ha realizado Joaquín Arbide (Bienvenida, Badajoz, 1941) en su libro Sevilla de maestros y pupitres (RD Editores), que ayer le presentaron un catedrático de Matemáticas que es delegado del Gobierno, Juan José López Garzón, y una profesora de Literatura, Concha Caballero, que fue portavoz parlamentaria en las Cinco Llagas.
"Cada uno lleva su colegio o su maestro como lleva el escudo de su equipo o la foto de su Virgen", dice Arbide, cuya relación con la Sevilla de los pupitres es tardía. "Yo me eduqué en Tetuán, donde por cierto llegaron muchos maestros republicanos, porque en Marruecos no se fijaban", recuerda quien llegó a Sevilla para hacer el Preu en el instituto San Isidoro, el más antiguo de Sevilla, "en el mismo curso de Felipe González, Alfonso Eduardo Pérez Orozco o Manuel Alonso Vicedo". De Felipe a Carmen Romero, que aparece en la extensísima nómina de maestros y evoca la etapa en la que simultaneó la vida de presidenta consorte en la Moncloa con la de profesora de Literatura en el instituto Calderón de la Barca de Madrid.
Maestros, colegios, alumnos. Un enjambre de recuerdos. "Por las muchas conversaciones mantenidas para este libro, yo diría que en Sevilla lo que destacan muchos respecto a sus maestros es la humanidad, el sentido del humor y la necesidad de realizar actividades extraescolares".
Los personajes a los que Benito Zambrano retrataba como vecinos en Solas se han dedicado a la docencia. Carlos Álvarez-Novoa mandó una nota a la presentación porque está en Madrid representando Bodas de sangre.María Galiana, la suegra de Alcántara en Cuéntame, tiene un apartado en el libro, un homenaje a los que lucharon contra viento y marea.
Un libro de reencuentros, como los que propicia la propia vida. Cuenta el caso de un policía municipal que libró de una multa a quien reconoció como antiguo profesor o el camarero que atendió como cliente al maestro que le enseñó lo imprescindible para valerse a la hora de llevar un negocio. "Antonio Álvarez, que trabajó conmigo como actor", dice el que fuera creador del grupo Tabanque de teatro, "le dio clase a jóvenes que pasaron por reformatorios, fichados por la Policía, detritus sociales, y consiguió que tuvieran un empleo, que algunos sean directores de empresa. No es una película de neorrealismo italiano. Eso pasó en Montequinto".
Retrata a Antonio Rodrigo Torrijos con su babi a rayas en el colegio Mesón del Moro, del que recuerda a una profesora llamada Pura "que tenía unas manos fuertes, sensibles". Colegios de Nervión y de Triana, del centro y de la periferia, trayectorias personales como el viceconsejero de la Junta que dejó el cargo para irse de maestro al Polígono Sur (Pedro Navarro Imberlón) o los alumnos de un colegio de Torreblanca que se han ganado un viaje a Inglaterra por las dimensiones que le dieron a un blog escolar.
"Yo ya no sé qué es la Penibética", bromea Arbide con la superación de los conocimientos convencionales, "pero sé dónde está la peña bética". La sombra de Juan de Mairena, asegura, es todavía muy alargada. Aboga por un acuerdo entre padres y maestros para lograr la paz de los pupitres, antesala del futuro.
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