Therian y el ruido digital: lo anecdótico eclipsa lo importante
La psicóloga profundiza en este artículo sobre la preocupación social por el llamado “fenómeno therian” y cómo patologizar a un sector de la población puede llevarnos a la confusión y a obviar que hay realidades más complejas e importantes que abordar en nuestros jóvenes desde la Salud Mental
Mientras miramos a otro lado; los 22 meses de Salma
Tenemos una nueva “epidemia” de salud mental, y como parece que “le estamos cogiendo el gusto” a esto de odiar lo desconocido (no sin previamente estigmatizarlo y discriminarlo), el cepo ha sido fácil: los Therian. Tan fácil que se trata en su mayoría de jóvenes o adolescentes que se reúnen sin hacerle daño a nadie para compartir algo a lo que se llama energía o espiritualidad. Sin ánimo de hacer comparaciones, es lo que hacemos de forma continuada en cualquier romería o peregrinaje varias veces al año en muchos puntos de nuestro país y del mundo.
Es sorprendente desde el mundo de la salud mental que este “fenómeno” (o así nos lo quieren vender) llegue pegando tan fuerte ahora, justo en este preciso momento en el que cualquier ilusión óptica nos sirve para avivar aún más las diferencias de pensamiento en la “política de tasca” que no paramos de alimentar.
Pero a veces solo hay que levantar un poco la vista del teléfono, para coger aire y mirar alrededor, echar la vista atrás en esto a lo que llamamos “historia” (sea reciente o antepasada) aunque sea a través de Google, para darnos cuenta de que esto de los Therian no es ninguna novedad, solo que “les ha tocado pillar ahora”.
Si nos vamos a la definición más esencial, tenemos que un therian es una persona que se identifica interna y subjetivamente con un animal no humano en el plano psicológico, emocional o espiritual; es decir, no implica el deseo de transformación física real; la persona reconoce que su cuerpo es humano y no tiene por qué coexistir con una incomodidad con su especie más allá de la que todos y todas podemos experimentar en muchas ocasiones, entre otras cosas por la presión de los estándares de belleza ( y estos cuerpos “normativos” que a veces parecen más salidos de un laboratorio que “normales”).
Si nos vamos a la episteme (origen de las palabras), el término proviene de therianthropy (del griego theríon “bestia/animal” + anthrōpos “humano”), utilizado inicialmente para describir figuras mitológicas híbridas y luego adaptado por comunidades que sienten una afinidad profunda con animales. Si bien es cierto que para esta “tribu” ser Therian va más allá de un disfraz, no es una confusión de identidad ni cursa con delirio o psicosis.
Si profundizamos un poco más, la idea de therianthropy existe desde la antigüedad en mitologías y simbolismos culturales sobre humanos que adoptan formas animales. Pero es que si además en vez de remontarnos al origen del mundo (porque no lo justifica todo, es más, a veces nos abre más preguntas que respuestas), el uso moderno del término en comunidades personales comenzó en los 90 en foros de internet donde muchas personas compartían experiencias relacionadas con lobos y otros animales. Es a través de las ya conocidísimas (y cuestionadísimas por su impacto en nuestra salud) redes como Tik Tok, cuando el fenómeno crece y se hace más visible; especialmente entre 2010 y 2020. En definitiva, hablamos de algo real desde hace más de 30 años en muchos países diferentes.
Pero una vez más: la viralización convierte en importante lo que a priori podría ser tan anecdótico como los grupos de chavales y chavalas que se caracterizan como personajes manga, como los “cosplay”, alejándonos de entender que lo que se viraliza no tiene que ser realmente importante, es más, a veces es una anécdota amplificada a tal nivel que se pierde hasta la pista de su origen tomando derroteros realmente peligrosos. Y esto es lo ha ocurrido en 2025-26 con el impulso algorítmico que nos distrae e hipnotiza para que nos olvidemos una vez más de lo fundamental. Casualmente son jóvenes y adolescentes quienes aparecen comúnmente en estos contenidos virales.
Desde la parte más clínica de la psicología no se trata de un trastorno sino de un área de exploración más de la identidad, que en muchas ocasiones no tiene ni si quiera que ser nocivo. La “licantropía clínica” o zoantropía en psiquiatría sí es un síntoma “raro” asociado a trastornos psicóticos o delirantes en los que la persona cree literalmente estar transformándose en animal, algo muy distinto a la experiencia therian.
Patologizar a la población es otra tendencia viral, y el autodiagnóstico o el de nuestra propia familia es el deporte nacional; así que este grupo de chavales no iba a ser menos. Es una obviedad señalar que si alguna conducta o sensación se convierte en dañina o preocupante, sería interesante explorarla, pero si no genera inadaptación, inadecuación, angustia, conductas autolesivas… no habría que intervenir.
No todas las personas nerviosas tienen TDA, ni las personas más rígidas o introvertidas se representan bajo el espectro autista por mucho que últimamente no paren de salir contenidos en Internet que nos lleve a la búsqueda masiva de etiqueta propia como si se tratase del horóscopo.
Mientras debatimos sobre si un joven puede ir a una concentración de amigos con una máscara de conejo, se nos olvida que hay cientos de miles que acuden a la quedada para insultarlo y grabarlo en vídeo, para señalarlo como distinto sin hacernos muy consciente de que lo que realmente une a los demás es “el odio al diferente”.
Queremos colocar en la cúspide a una minoría inofensiva como peligrosa y como la muestra de la decadencia social sacando de contexto algo que ni es nuevo, ni es peligroso, ni es masivo.
El único peligro real es el odio, es la violencia y es que una vez más pongamos a los más jóvenes como “evidencia del declive social” haciendo que la opinión pública se radicalice, y así podamos seguir sin cuestionarnos en profundidad qué estamos haciendo para que haya palizas en las puertas de discotecas, violaciones múltiples entre menores de edad o suicidios anunciados por Tik tok.
Es más, si el problema de nuestro país fuesen los Therian más nos valdría preguntarnos qué estamos haciendo para que la mejor opción de un adolescente sea sentirse un perro en vez de un humano.
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