Donde tiraron las puertas, abrieron nuevas ventanas

Metrópolis | La Florida

Pioneros. Nombre de un Estado sureño, un pionero sacó de la nada un oasis entre dos puentes, entre dos puertas. Hizo la revolución verde sin retórica y con un jardinero-milagro. Les falta un colegio, centro de mayores y rescatar el mercado

Plantas y flores en la calle Alcalde Isacio Contreras, arteria principal de La Florida.
Plantas y flores en la calle Alcalde Isacio Contreras, arteria principal de La Florida. / Juan Carlos Muñoz

PAISANO de Pizarro,Hernán Cortés y Alvarado, este extremeño descubrió la Florida sevillana. Gonzalo Martín Domínguez (San Martín de Trevejo, Cáceres, 1941) preside la Intercomunidad de Puente a Puente. Del puente de la Calzada o de San Benito, que desapareció, al de San Bernardo. Un itinerario cofrade del Martes Santo al Miércoles Santo. De la Puerta de Carmona a la de la Carne, el nombre del mercado que diseñaron para la Sevilla del 29 Gabriel Lupiáñez y Aurelio Gómez Millán y que lleva veinte años muerto de asco y abandono, cuando no saqueado por okupas que destrozaron sus vidrieras. De puente a puente, de Luis Montoto a Eduardo Dato.

Les llaman la UGT, “la Unión de Gonzalos Trabajadores”. Cuando Gonzalo Martín se vino a Sevilla desde La Algaba, se trajo a Gonzalo Guerrero Pino, ilipense (gentilicio de los de Alcalá del Río) que es mucho más que el jardinero del barrio. Es la persona más querida y solicitada. Además de ocuparse de la vegetación acorde con el nombre del barrio, de tener en perfecto estado de revista el simbólico abeto que sustituyó al sauce llorón que se secó, lo mismo repara una lavadora o un mando de televisión a distancia que barniza una cómoda. “Sabe hacer de todo”, dice Charo Adorna, vecina de La Florida desde 1980. Nació en Triana y vivía en la Macarena antes de venir a esta media geográfica y espiritual entre esas dos Sevillas.

El alma del barrio se carteó con varios alcaldes en demanda de soluciones –Monteseirín, Zoido, Espadas– y tiene a dos alcaldes en el callejero. Bajo su gestión, se rotuló una de las calles con José de la Bandera, el extremeño que fue alcalde de Sevilla y murió fusilado el 10 de agosto de 1936 en el mismo lote de la infamia que Blas Infante. La arteria principal de la intercomunidad es la calle Alcalde Isacio Contreras, el que nombró conservador del Alcázar a Romero Murube. Hubo un proyecto de abrir al tráfico esta calle para unir Menéndez Pelayo con José María Moreno Galván. La tenacidad de Gonzalo Martín lo impidió. “Es un barrio muy familiar, ideal para la gente mayor y para los niños”. Lo dice Carmen Ochavo, que regenta una librería en la que además de libros y prensa vende de todo, hasta queso de cabra de El Real de la Jara. Su marido, Juan José Parra, hermano del ex futbolista Joaquín Parra, es librero y administrador de la intercomunidad.

Un barrio ideal, pero con carencias. “No tenemos guardería, colegio, biblioteca ni un centro para mayores donde además de echar su partida, estas personas puedan ver desde una terraza los pináculos de la Giralda”, dice Gonzalo Martín. Hay una escuela infantil, Ciempiés, que es bilingüe. Consiguieron el cierre de la discoteca Novara. Destaca la ayuda que encontró en la Policía Local, la Guardia Civil “y doña Pía”, en referencia a Pía Halcón, la delegada de la época de Zoido.

Además de presidir la Intercomunidad entre los Puentes, desde 1991 es presidente de la Casa de Extremadura en Sevilla, con 1.150 socios. Tiene la medalla de Sevilla, que recibió en la misma gala que Alejandro Sanz, y de Extremadura. En Cordovilla de Lácara (Badajoz) fundó una romería y levantó una ermita. A ese ciclópeo currículum hay que añadirle su papel para recuperar para La Algaba la Torre de los Guzmanes, Guggenheim de ese pueblo. “En una visita que hizo a Itálica con Hiro-Ito le saqué a la entonces Princesa Sofía 800.000 pesetas”. Por su intercesión, la solería que está a los pies de la Giralda está hecha de piedra de Quintana de la Serena.

La Florida da nombre a una calle rotulada así en 1890. Es la transversal que permite el giro del tráfico en una zona que se reordenó como solución urbanística tras el derribo de las puertas de la ciudad, que sólo dejaron su evocación topográfica con portones de aire y de historia.

En los impares de esa calle sólo queda la casa número 17 del trazado original. Los pares los ocupaba un solar que lleva años entre andamios de incertidumbre, un proyecto que se vinculó a nombres mediáticos y paralizó la crisis. Ese futuro es ahora un espectro futurista que sólo sirve como mural publicitario donde los carteles electorales son cambiados por reclamos musicales. Donde estaba el de Ciudadanos, acaban de colocar el de No me pises que llevo chanclas, que presenta disco el 28 de diciembre en la discoteca Antique. En los impares estaba el cine Florida, al que fue en el primer Festival de cine de Sevilla la cineasta Susan Seidelman al estreno de Buscando a Susan desesperadamente, que protagonizaban Madonna y Rosanna Arquette.

Además de flores y plantas, de La Algaba, la anterior escala de Gonzalo Martín, vinieron los obreros que hicieron los bancos que rodean al abeto; también los materiales para el parterre que hace las veces de perímetro del barrio, donde hasta no hace mucho estaba la vía de los trenes que llegaban a la estación de Cádiz o San Bernardo, cuyo esqueleto se divisa al fondo de la avenida.

María del Carmen Aguilar ha vivido en media España, “Galicia, Madrid, Vascongadas, Navarra, y como aquí en ningún sitio”. “Esto es un oasis en Sevilla, el silencio se puede oír”, dice José estudillo, profesor jubilado. A la mujer de Manuel Rodríguez Rico, con la marcha de los hijos, el piso se le queda pequeño. “Quiere venderlo para irnos a otro sitio y desde entonces no le hablo”, bromea el marido.

Es la Sevilla de los ochenta la que se asienta entre los puentes. “Mi hijo tiene 37 años y vino con un añito”, dice Antonio Pozo, profesor en la Facultad de Matemáticas. A Margarita Jiménez le dieron la llave en mayo de 1983, en los primeros meses de Felipe en la Moncloa. “Aquí murió mi padre y nació el pequeño de mis hijos”. La vida y sus dos caras. Aquel benjamín es ahora un licenciado en Dirección de Empresas “que está en el paro”.

José Piniella nació en Constantina, fue gerente de zona de un laboratorio. “Me casé en el 78 y la licencia del piso nos la dieron en el 79”. “Mi casa empieza en el barrio”. “Es un poeta”, le dice María Lucía Rojas a Gonzalo cuando éste empieza a leer su Manifiesto. María Lucía, profesora de EGB, vino al barrio con Antonio Poyato, perito industrial. Venían con sus cinco hijos, que los han hecho siete veces abuelos.

Queda en pie un edificio de una Fundición de Aceros de 1930, antigua fábrica de armas. Julio cuenta que había unas puertas correderas para que los vagones cargaran la mercancía. El oasis fue en tiempos una escombrera. Julio y Paula llegaron en 1980. Es una historia que parece una película de Garci. Se conocieron trabajando de telegrafistas. Paula, extremeña de Granja de Torrehermosa, llegó a Sevilla desde la central de Figueras. A Julio, sevillano de la Puerta Real, lo destinaron desde la de Murcia.

El Estado de Florida fue descubierto por Juan Díaz de Solís, Américo Vespucio, los hermanos Pinzón y Ponce de León, que le puso el nombre. Ahora el suyo está muy cerca de la Florida, apenas dos paradas de Tussam.

Un mercado entre Pedro Roldán y Alejo Fernández

En la historia de las calles de Sevilla, Antonio Collantes dice que La Florida debió ser el nombre de una huerta o quinta situada en la zona. Antes la calle se llamaba de San Rafael, por el nombre de unos almacenes próximos. La calle se trazó a través de la Huerta de Espantaperros, inmediata al arroyo Tagarete. La finalidad de la apertura era un acceso más directo desde la Ronda a la Alcantarilla de las Madejas, donde se iniciaba el camino a Madrid. Contrasta la densidad del tráfico en la calle La Florida con la tranquilidad a escasos metros en esta intercomunidad. Los bloques acaban donde empieza el antiguo mercado, delimitado por las calles Pedro Roldán y Alejo Fernández. La Florida tiene parada de las líneas de Tussam 21, 24 y 27. A ella llegan unas jóvenes con atuendo de azafatas que salían del centro de estudios aeronáuticos situado donde se juntan La Florida, Menéndez Pelayo y la calle Estella, población navarra donde nació Juan Arza, el mítico futbolista del Sevilla que ganó el Pichichi.

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