La única farmacia de Sierpes echa el cierre

La antigua botica El Correo, abierta a finales del siglo XIX, deja el centro y se muda para siempre a Los Bermejales

Imagen antigua de calle Sierpes, donde se aprecia la farmacia.
Juan Parejo

28 de enero 2010 - 05:03

No sólo los comercios tradicionales se marchan de la calle Sierpes. La única farmacia que ha existido en la vía más emblemática de Sevilla echa el cierre esta semana. Lo hace para no volver. Se trasladan al populoso barrio de Los Bermejales, donde hay muchos más vecinos a los que despachar aspirinas y donde podrán disfrutar de unas instalaciones mucho más modernas y funcionales. Además de la despoblación del centro, el estado ruinoso del edificio -propiedad del dueño de la botica- hacen inevitable la clausura.

La antigua farmacia de Lemus, ese fue su primer propietario, abrió sus puertas a finales del siglo XIX. Al principio combinaba la actividad farmacéutica con la droguería, algo muy habitual en la época. Fue una de los importantes despachos abiertos en la Sevilla de finales del XIX y principios del XX. En esa época convivió con otras farmacias míticas como el Globo, en Tetuán, o la Central, en la Campana, todas desaparecidas con los años.

La farmacia se denominó durante muchos años El Correo, por encontrarse frente a la sede de Correos y Telégrafos, hoy edificio que ocupa el Círculo de Labradores. Los siguientes propietarios fueron Juan Fernández Jerez e Ignacio Gómez Millán, conocido farmacéutico trianero. Los empleados de la botica recuerdan cómo muchos jóvenes visitaban la farmacia en busca de este "hombre bueno".

En el año 1979 la adquiere su actual propietario, Jesús Machuca de Castro. En su interior aún se conservan vestigios de la primitiva apoteca. Los arbarelos, la mayoría del siglo XIX, se disponen en las antiguas estanterías de hierro forjado con las viejas medicinas, y el hule con tachuelas que adorna los mostradores aún muestra la fecha de su última reforma: 1953.

Hasta ayer, los vecinos de la zona que pasaban por la puerta del número 31 de Sierpes entraban para congratularse de que aún permaneciera abierta. La calle Suecia es más moderna, pero les coge muy lejos. Un farmacéutico con solera, José Zambrano, da en la clave: "El centro comercial ha absorbido al centro residencial. Nosotros vivimos de los habitantes, no del comercio". Su padre era el boticario de Sagasta. También se mudaron hace cinco años a Los Bermejales.

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