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Supercopa de España | Sevilla 1-2 Barcelona

Ben Yedder agua un vino de reserva

  • El Sevilla desperdicia un penalti casi sobre el tiempo reglamentario y desaprovecha la gran ocasión de pelear por un nuevo título

  • El equipo de Machín deja buenas sensaciones, pero no puede malograr opciones así

Franco Vázquez se lleva las manos a la cara en un lance del partido. Franco Vázquez se lleva las manos a la cara en un lance del partido.

Franco Vázquez se lleva las manos a la cara en un lance del partido. / Antonio Pizarro

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Fue con la cabeza muy alta, pero con la misma frustración que siempre. El Sevilla no fue capaz de revertir esa dinámica negativa en la que ha entrado con el Barcelona de Messi, que le cierra la puerta hacia los títulos una y otra vez y se va de Marruecos con la cabeza dando más vueltas que una lavadora pensando en lo que pudo ser y no fue. Porque Ben Yedder falló de manera lastimosa un penalti con el tiempo casi cumplido y cometido por Ter Stegen cuando Aleix Vidal ya se disponía a empatar a puerta vacía. Pero no se puede disparar tan mal y con semejante desgana cuando lo que está en juego es nada más y nada menos que un título oficial.

La consecuencia es rumiar una nueva decepción, aunque no harían mal los sevillistas en apelar a las conclusiones futbolísticas , a los detalles que los condujo a estar mucho más cerca del Barcelona que en las anteriores ocasiones e incluso haber podido ocupar el puesto en el que se colocaron Messi y los suyos.

Para empezar, no fue mala la declaración de intenciones del Sevilla. Las circunstancias no eran las mismas en ningún sentido, pero el cuadro de Pablo Machín se plantó sobre el césped del estadio de Tánger con las ideas muy claritas y sabiendo cómo le podía hacer daño al coloso azulgrana. Siempre bajo el patrón del técnico soriano de jugar con ese 1-3-4-3 inalterable, las variaciones, lógicamente, dependen de los peones que sean utilizados en cada encuentro. Esta vez la idea era buscar un mayor control y por ello arriba partía Muriel en compañía de Franco Vázquez y Sarabia.

Con esos elementos, el Sevilla fue un equipo práctico y peligroso al mismo tiempo para el adversario. La razón estribaba en la capacidad de Franco Vázquez para enlazar con los futbolistas de arriba, para hacerles llegar el balón con la posibilidad de jugarlo y de dañar incluso a Piqué y Lenglet, lentos como se debe estar a estas alturas de la pretemporada si el trabajo físico es intenso.

Y el premio para ese Sevilla tan bien dispuesto no iba a tardar en llegar. Una arrancada de Muriel por el centro acabó con el esférico en condiciones ideales para que Sarabia se perfilara y marcara con calidad con su pierna izquierda. Sin embargo, el línea le echó agua fría a la celebración con un fuera de juego a todas luces inexistente. Para esas cosas sí sirve el VAR, para evitar errores de semejante magnitud.

Con la ventaja, el Sevilla pasó a la segunda parte de su plan, a defenderse de una forma posicional, como si todo se jugara sobre una pizarra y los movimientos lo hicieran los entrenadores con sus fichas correspondientes. El Barcelona no cesaba de atacar, cierto es, pero lo hacía con lentitud, sin capacidad para desbordar en ningún momento. Eso propiciaba que los nervionenses se sintieran bastante cómodos a la hora de proteger a Vaclik.

Pero el problema de colocarse tan cerca del área propia, de sentirse incluso a gusto con semejantes argumentos defensivos, pero eso conlleva ciertos riesgos. Y éste no era otro que se pudiera producir alguna acción a balón parado. Aunque Vaclik había tenido que intervenir, con acierto, en apenas un par de ocasiones, todo pendía de que hubiera una falta al borde del área. Y se produjo.

Messi la ejecutó, la pelota se estrelló en el poste y le cayó a Piqué, que fue el más listo al ir a buscarla. Partido igualado pendiente del segundo acto, aunque ese breve lapso de tiempo hasta el intermedio debió marcar Sarabia su segundo gol.

No fue así porque Ter Stegen realizó un paradón impresionante y todo iba a comenzar tras el descanso de la misma manera que arrancó el primer periodo, con tablas, aunque también con el cansancio acumulado ya en las piernas de unos futbolistas con escasa preparación y mucha carga de trabajo en este ecuador de agosto.

La duda, a partir de ahí, estribaba en saber a quiénes les iba a pesar más las piernas. El Sevilla no dio la sensación en ningún momento de encaminarse a un descarrilamiento, al contrario siempre se supo mantener dentro de la pelea y sólo iba a caer castigado por las maravillosas individualidades de este gigante llamado Barcelona.

Incluso, tuvo sus opciones a través de Franco Vázquez particularmente. Dos disparos durísimos del argentino no entraron por muy poquito y más cerca aún iba a estar con la testa en un córner. El Mudo se anticipó en el primer poste para darle valor a la estrategia ideada por Machín y su cuerpo técnico, pero el cabezazo se estrelló en el poste con Ter Stegen mirando.

Unido a un disparo de Jesús Navas tras una buena pared con el debutante Andre Silva, fueron los mejores acercamientos de un Sevilla más que digno, pero que también se salvaría gracias a la calidad de Vaclik justo un minuto antes del trallazo de Dembele. Pero faltaba por llegar la más clara, un derribo de Ter Stegen que evitaba un gol de Aleix Vidal y que después desperdiciaba Ben Yedder con un disparo absolutamente inocente y cargado de desidia.

Ahí se le fue al Sevilla la posibilidad de haber prolongado el juego y de haberse hecho con esta Supercopa. El título, otra vez, se iba a negar frente a este Barcelona de Messi y compañía, pero las sensaciones de los sevillistas nada tendrán que ver con las que tenían cuando abandonaron humillados el Wanda Metropolitano en la Copa. Es evidente que nada fue igual en Marruecos, ni en los prolegómenos, con tantas arbitrariedades por parte del organizador, la Federación Española, ni el mismo desarrollo del juego, con todo muchísimo más equilibrado.

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