Getafe - Sevilla | Contracrónica

El aprecio al rival o la sorna de Lopetegui

Ganar al Getafe es llegar a la línea de meta tras haber superado a la zaga de los All Blacks en un campo de minas. La frase con que Martínez Munuera envió a los vestuarios a los azulones al descanso, entre protestas por no se sabe qué batallita perdida, fue ilustrativa: "Vamos para dentro, que os gusta mucho una guerra". Cada choque con Enes Ünal, con Cucurella, con Nyom, con Arambarri tenía un posible doble resultado: o patada al césped entre grito estentóreo y piscinazo si la entrada era de un sevillista o recadito y pierna encogida si la entrada era de un azulón.

Más que una batalla, el Getafe plantea una guerra con mil batallas. Y todas las ganó el Sevilla, aunque para ello necesitara de la colaboración involuntaria de Etxeita.

Cucurella trata de impedir a toda costa el avance de Suso. Cucurella trata de impedir a toda costa el avance de Suso.

Cucurella trata de impedir a toda costa el avance de Suso. / Zipi / Efe

Lo hizo también la temporada pasada y Joan Jordán, buen analista de fútbol, dio una clave. La diferencia del abultado y contundente 0-3 del pasado mes de febrero fue que el 0-1 llegó antes. Pudo marcar el Sevilla ese 0-1 en los primeros compases del partido. También cuando el propio Joan Jordán estrelló una falta en el larguero con un disparo a lo Marcos Assunçao o Cristiano Ronaldo, de folha seca, en portugués brasileño o insular de Madeira, da igual.

Vídeo resumen del Getafe-Sevilla. / La Liga

Pero lo hizo, el anhelado 0-1, cuando Suso, por fin, se atrevió a sacar un centro tenso y hacia dentro de los que temen los defensas. Con dos delanteros altos en el área ya, De Jong y En-Nesyri, a Etxeita se le nubló la frente y se la coló a David Soria, como antes sus compañeros habían estado atinados en decenas de despejes, en anticipaciones y cierre de espacios, en hacer explotar cada mina en el momento adecuado.

Nyom eleva mucho su pierna izquierda ante Ocampos. Nyom eleva mucho su pierna izquierda ante Ocampos.

Nyom eleva mucho su pierna izquierda ante Ocampos. / LaLiga

A Lopetegui le dio la risa cuando un periodista, esta vez de Madrid, le preguntó si no le preocupaba, después de lo de Huesca, volver a ganar en Getafe por 0-1. Y el guipuzcoano, que ya torció el gesto ante un periodista de la radio oficial cuando le preguntó lo mismo tras el triunfo en Krasnodar en el minuto 95, dio un argumento irrefutable: así se clasificó el Sevilla para la Champions la temporada pasada, ganando muchos partidos de Liga por la mínima. Y así se coronó también como hexacampeón de la Europa League.

A estas alturas, el manual de Lopetegui es claro como el agua. Algunas veces es infiel en la relectura de su línea editorial, por necesidades del guion, por refrescar el equipo en una rotación extrema como ante el Chelsea o por tenerle excesivo respeto al rival, como le pasó con el Madrid. Pero al Getafe sí lo respetó como lo que es, un muy serio equipo de la Primera División española con el que compitió de tú a tú hace unos meses por lograr el sol de la Champions.

En su forma de plantear el partido, en la atención a las vigilancias para evitar las contras, en la perseverancia, en menear el árbol de la suerte una y otra vez, Lopetegui sí respetó a Bordalás. Y volvió a ganarle. Sufriendo. Claro, es la Liga.

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