Sevilla - Atlético de Madrid

Contracrónica: Un decíamos ayer a lo Julen

El dicebamus hesterna die, el "decíamos ayer" de Fray Luis de León cuando volvió a su cátedra en Salamanca tras cuatro años en la cárcel, tiene mucho de leyenda y puede que esté fundamentado en una realidad no demostrada. El Sevilla de Julen Lopetegui también tiene sus leyendas y también está construido sobre realidades demostradas. Una de ellas es que es fiel a un sistema de juego machacón que, cuando sus futbolistas están frescos, puede amargar a cualquiera, por mucho que duplique o triplique su presupuesto. Ya lo demostró el año pasado, cuando más avanzada la primavera retomó la competición después de tres meses de confinamiento y fue un titán en la Liga... y en la Liga Europa. Este año sólo tendrá el campeonato nacional para demostrar que el descanso del guerrero lo ha llenado de nuevo de brío y energía temibles.

Esta temporada, el Sevilla de Lopetegui, sin descanso en verano, tuvo la mala fortuna de que cuando más atosigado estaba por la fatiga y las lesiones –las de Acuña y Ocampos, por ejemplo– le llegaron las grandes citas por eliminatorias. Lo pagó en la Copa de forma muy cruel y en la Europa League debido a aquella mala noche en Nervión ante el ansioso Haaland. Ahora ya sólo le quedan nueve jornadas de Liga para demostrar que ha vuelto en toda su dimensión el Sevilla de Lopetegui, al que ya sólo le queda luchar con holgura y sin angustias por afianzar su puesto en la Champions League. Casi nada...

Ante el Atlético de Madrid, el Sevilla realizó un partido completísimo coincidiendo con el regreso a la competición después del muy necesario parón de dos semanas por la triple fecha de selecciones. Lo estaban pidiendo a gritos tanto el entrenador como sus futbolistas. Y a la hora del encuentro, la puesta en escena y el desarrollo del mismo demostraron de forma palpable que este Sevilla es el que esperan todos sus aficionados: fuerte, bizarro, atrevido, desafiante... Todo un equipo que mira a los ojos a su rival sea éste del nivel que sea.

Que le pregunten al líder de la Liga cómo se las gasta este Sevilla cuando está fresco y tiene confianza en sus piernas para ir y volver sin que la fatiga afecte a su mente, con el riego necesario para elegir la mejor opción. Y ya ni le pesa, en ese nuevo espacio de frescura y confianza, que Ocampos falle un penalti como ante el Barça. El Sevilla siguió a lo suyo, pese a la losa que podría haber significado tropezar de nuevo en aquella piedra tan dolorosísima, y terminó por doblegar y vencer, con justicia, a un Atlético sin apenas opciones, pese a que Bono tuvo que salir de nuevo como héroe a última hora.

Tener un portero de la trascendencia de Bono está ayudando al Sevilla a buscar su meta. Y ahora se comprende más cómo celebró su equipo el gol que salvó apenas un punto en Valladolid: permitió al grupo irse a descansar en el remanso del oasis sin malos sueños, con la tranquilidad de sentirse fuerte pero cansado. Ahora, el guerrero vuelve a sentirse enérgico, brioso. Lástima que ya sólo luche por un objetivo, aunque es muy trascendente y lo tiene tan a la mano que casi falta emoción a la lid. Este equipo, tras un respiro que pedía desde otoño, vuelve a demostrar que puede arrostrar grandes retos.

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