Sevilla FC Mendizorroza, precedentes para ponerse el traje de pana

Jesús Navas, Munir, Joan Jordán y Escudero, ante el segundo de Lopetegui, Pablo Sanz. Jesús Navas, Munir, Joan Jordán y Escudero, ante el segundo de Lopetegui, Pablo Sanz.

Jesús Navas, Munir, Joan Jordán y Escudero, ante el segundo de Lopetegui, Pablo Sanz. / Antonio Pizarro

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Mendizorroza no se le ha dado bien históricamente al Sevilla. Han sido pocas veces las que el equipo nervionense ha visitado el feudo del Alavés. En Primera División apenas en nueve ocasiones. Y sólo una vez salió victorioso en la élite, en diciembre de 2001, con un solitario gol de Casquero. A una hora intempestiva y después de un largo parón en el que no ha podido contar con muchos de sus futbolistas por los compromisos internacionales, el Sevilla afronta este domingo una cita en la que debe mostrar que su fortaleza no es flor de un día. Y debe hacerlo dando esa imagen de bloque solidario, pétreo y serio tácticamente que ofreciera en Cornellá y Granada. Porque si suena a algo Mendizorroza es al roce de la pana.

Un Sevilla con muchas estrellas y con el prurito de un fútbol de calidad, a veces de salón, ha doblado más de una vez la rodilla en sus visitas a la fresca llanura vitoriana. De hecho, desde aquel triunfo del Sevilla de Caparrós con gol postrero de Casquero poco antes de Navidad ha cosechado tres derrotas (02-03, 05-06 y 17-18) y dos empates (16-17 y 18-19). En marzo de 2006, con Juande Ramos rotando mucho ante la posibilidad de jugar la final de la UEFA además de la final de la Copa, el Sevilla cayó derrotado por 2-1, pese al gol inicial de Saviola y tras una rigurosa y absurda expulsión de Aitor Ocio (16'). Formó entonces con Palop; Daniel, Javi Navarro, Aitor Ocio, Escudé; Jesús Navas, Jordi, Renato (Kanoute, 59'), Puerta; Saviola (Luis Fabiano, 59') y Kepa (Martí, 46').

La temporada pasada, en diciembre de 2018, Ben Yedder, a pase de Sarabia, fue el único capaz de batir a Pacheco para salvar un empate que parecía encaminado a la derrota por el gol inicial de Jony, ahora en la Lazio, tras una jugada tonta en la que Sergi Gómez habilitó a un jugador en fuera de juego. Era un Alavés potente que aparecía como una de las revelaciones de la Liga. El Sevilla, en cambio, ya había iniciado el declive previo a la destitución de Pablo Machín.

No le fue mucho mejor al Sevilla de Vincenzo Montella, que cayó en una fría tarde de finales de enero de 2018 por 1-0, gol de Manu García tras un par de rechaces en un córner, ni al Sevilla mandón de Jorge Sampaoli que no pudo pasar del empate a uno, tras adelantarse Ben Yedder e igualar Katai en otra jugada tonta, un centro que parecía inocuo.

El Sevilla hacía muchos años que no iniciaba el campeonato liguero habiendo encajado sólo un gol en las tres primeras jornadas. El Celta logró un gol con escasísimas llegadas, aprovechando el único error de un sistema defensivo bien cimentado en la pareja de centrales y el trabajo solidario de una medular que agradece la capacidad física y táctica de Fernando, la omnipresencia de Joan Jordán y la presión coordinada de todo el equipo. Vaclik casi ha sido un espectador hasta ahora.

Esa filosofía de portería a cero es la que quiere seguir aplicando Julen Lopetegui, quien reincidió el lunes en esa necesidad del Sevilla de darle a cada partido, a cada rival y a cada momento lo que demande, bajo la premisa de competir e intentar ganar. "Quiero que mi equipo tenga una respuesta a cada momento del juego", dijo de forma ilustrativa.

El inconveniente de los muchos internacionales fuera, incluido Carriço, se contrarresta con que la mayoría de hombres que realizan la labor de resta y de presión han estado con Lopetegui estas dos semanas de parón. Pero aún no está Lucas Ocampos, duda hasta última hora, y Chicharito llegará justo de tiempo y sin conocer a sus compañeros.

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