Sevilla FC Pablo Machín y su reinvención táctica más radical

  • El giro hacia el 4-3-3, positivo hasta que las lesiones y la fatiga lo frustraron, presenta una nueva vía, inédita en el soriano desde sus inicios

Pablo Machín da órdenes y Jesús Navas corre pegado a la cal para acompañar el juego. Pablo Machín da órdenes y Jesús Navas corre pegado a la cal para acompañar el juego.

Pablo Machín da órdenes y Jesús Navas corre pegado a la cal para acompañar el juego. / Antonio Pizarro

Después de 18 jornadas de 25 en zona de Liga de Campeones, el Sevilla perdió su privilegiado puesto ante el Barcelona. La negativa racha liguera había puesto fecha de caducidad a esa posición de privilegio, por mucho que los perseguidores del equipo nervionense se empeñasen en fallar también. Ahora el Sevilla inicia una nueva fase en la que ya tendrá que luchar en dos frentes: contra su propia dinámica negativa y contra los rivales directos, que se van multiplicando. Para esta nueva fase, Pablo Machín tendrá una semana limpia con la que refrescar las ideas, tras realizar la revisión táctica más radical de las que lleva hechas.

A Pablo Machín se le venía pidiendo que reaccionase y buscase otras vías ante el atasco, futbolístico y de resultados, de su equipo, condicionado por la evidente carga de partidos. Pero sobre todo por las malas sensaciones que estaba dando su esquema y su idea de juego, como si aquella revisión que hizo de su sistema en el mediodía de la goleada sobre el Levante hubiese caducado. Y lo cierto es que ante el Barcelona realizó ese giro táctico, que puede calificarse sin duda como el más radical desde que está en el Sevilla. Aunque Messi y las circunstancias lo frustraron.

Para contrarrestar el juego del Barcelona, después de las experiencias adquiridas en los cuatro partidos precedentes (Supercopa, Liga y los dos de Copa), Machín optó por renunciar por primera vez en tres años y medio a su dibujo de tres centrales y dos carrileros. La zaga de tres ha sido la piedra angular sobre la que el técnico ha construido su ascendente trayectoria deportiva desde que llegó al Girona en la primavera de 2014. Entonces cogió al equipo colista y lo salvó, para en las tres temporadas jugar dos promociones de ascenso y terminar subiendo con el equipo de Montilivi, siempre bajo el patrón de tres centrales en sus diferentes versiones: 3-5-2 (ó 5-3-5) ó 3-4-3 (3-4-2-1 ó 3-4-1-2).

Hay apenas cuatro excepciones en la trayectoria en el fútbol profesional de Machín desde que llegó a Montilivi. De los 235 partidos oficiales que suma entre el Girona y el Sevilla sólo en cuatro ocasiones ha jugado con defensa de cuatro. Dos fueron en los primeros partidos en sus inicios en Gerona, pues el día de su debut y dos jornadas después mantuvo el 4-2-3-1 de su predecesor en el cargo, Javi López. Luego cambió a la zaga de tres y ya siempre la mantuvo, salvo un partido aislado de Copa del Rey y el de este sábado ante el Barcelona.

El soriano explicó tras el partido el porqué de su giro hacia el 4-3-3. Lo argumentó sobre la necesidad de solidificar las bandas y darles más profundidad, para lo que situó a Jesús Navas y Promes de extremos, sus puestos naturales, por delante de los dos centrales más capacitados para jugar de laterales, como han hecho en sus equipos anteriores: Mercado y Wöber. Hizo debutar a Marko Rog como titular para que hostigara a Messi, hasta que se agotó. Y dio vía libre a Sarabia en la mediapunta para acompañar a sus tres compañeros de ataque, los dos extremos y Ben Yedder. Y el plan le salió bien de partida, y de hecho venció al Barcelona con esa versión hasta las lesiones de los dos laterales, Mercado y Wöber, y el agotamiento de Marko Rog, que fue titular después de mucho tiempo sin jugar.

El resto, ya es historia: los relevos salieron muy fríos, trastocaron el sistema, que volvió al 3-5-2 en su versión más conservadora de 5-4-1, impidieron refrescar al equipo por delante y el Sevilla le tendió la alfombra roja a Messi para que realizara su particular exhibición.

Hasta este sábado, Machín ha ido reinventándose para intentar adaptar a su sistema la plantilla que Joaquín Caparrós le puso en sus manos. Y quizá sea hora de redundar en ese giro con el que adaptó el sistema a sus jugadores.

Entre la falta de materia humana para ciertos puestos y las lesiones, el soriano tuvo que ir evolucionando desde el 3-4-3, hasta la tecla en aquella goleada sobre el Levante con Sarabia y Franco Vázquez como escuderos adelantados de Banega.

Sin apenas centrales que saquen limpia la pelota. Sin medios que aúnen oficio, talento y fibra; sin carrileros específicos, pues el único fichado para tal puesto es el sempiterno lesionado Aleix Vidal, y sin ningún punta que domine el juego aéreo, Machín optó por la calidad y el juego interior. Hasta que gripó el equipo.

La racha de 2019 es de 5 puntos de 24, de 9 de 30 si se toma la referencia de los diez últimos partidos, invita a buscar soluciones. Pero Machín es muy fiel a su estilo y en ninguna de las cuatro veces que jugó con cuatro atrás ganó. Por cierto, una de ellas fue en Huesca (08-09-2016), en la Copa del Rey. Perdió 1-0...

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