Sevilla FC Ocampos contra el academicismo

  • El regreso del argentino recupera la mejor versión de fútbol control del Sevilla, en el que Banega es el adalid de la pausa hasta provocar el bostezo

Ocampos presiona con todo a Reina para impedir su saque. Ocampos presiona con todo a Reina para impedir su saque.

Ocampos presiona con todo a Reina para impedir su saque. / Cati Cladera / Efe

El Sevilla termina el año 2019 tercero en la Liga. Es la mejor ratificación de que el regreso de Monchi y su apuesta por Lopetegui, tan denostada en junio –y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra–, fueron un acierto. La prueba de personalidad que era defender el estatus de ser el mejor visitante de la Liga llegó una vez más a balón parado y mediante el fútbol control. Todo muy académico. El propio Lopetegui lo es, a veces hasta la exasperación, como en Mestalla, ante el Real Madrid o el Villarreal. La reacción tras dos partidos sin ganar necesitó, empero, de un antídoto contra ese vicio: Lucas Ocampos.

En un equipo con un perfecto reparto de roles en el que cada vez chirría más el que (in)cumple De Jong, Ocampos pone la necesaria nota discordante que mantiene al fútbol como un deporte que atrae a las masas, con o sin VAR. La implantación del VAR y del rigorismo arbitral, de la medición al milímetro de cada acción, está acercando el fútbol a esa perfección técnica de los superprofesionalizados deportes norteamericanos.

Lo dijo Maheta Molango, controvertido consejero delegado del Mallorca, ex futbolista por más señas: "El videoarbitraje es un concepto copiado del baloncesto, donde si alguien te toca es falta. Pero en el fútbol no siempre es falta aunque te toquen". El VAR es el academicismo legalista llevado a su extremo. Banega es el fútbol control en su quintaesencia y Ocampos es una fuerza de la naturaleza desatada en pro de los desequilibrios que no halla la perfección de la play station. Y Diego Carlos ha salido de un cómic.

El Sevilla ganó con dos goles a balón parado en los que intervino a su favor el VAR. Munir es el único que ha logrado marcar en juego en los cinco últimos partidos de Liga, pero en la banda está condenado a presionar en pro del fútbol control, en el rigorista reparto de roles de Lopetegui. Su apuesta por De Jong condena al madrileño a la orilla del juego, aunque su sacrificio en la derecha permitió a Ocampos percutir y percutir por la izquierda hasta propiciar la decantación del partido para el Sevilla. Una jugada suya propició el córner del 0-1: Banega la pone de lujo y Diego Carlos, imponiéndose a todos en su imperial salto, cabecea, como en la play.

Pero Banega no juega en la play y, igual que no siempre saca bien de esquina, tampoco se va a encontrar siempre un césped en tan buen estado ni un VAR tan a favor del que más académicamente juega. El Sevilla, ya con Munir en punta y Koundé demostrando que sabe jugar mejor al fútbol que media plantilla y que lo mismo podría ser extremo que ariete, acentuó el control y los bostezos: la siesta del carnero. El aperitivo del almuerzo traía una dosis de caos en forma de Ocampos, bienvenido al mundo del fútbol control.

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