Copa del Rey | Sevilla FC- Villanovense

El Sevilla da un sorbo angustioso (1-0)

  • El equipo de Machín, otra vez muy debilitado por sus suplentes, provoca el temor en su gente al peligrar su pase hasta el final

  • Sólo Andre Silva, al cazar el rechazo del penalti que él falló, batió a un enorme Isma Gil

El Sevilla FC-Villanovense. El Sevilla FC-Villanovense.

El Sevilla FC-Villanovense. / Antonio Pizarro

A los apenas 20.000 sevillistas que acudieron a Nervión les revoloteó en la mente, hasta el pitido final de Medié Jiménez, el reciente batacazo copero de su equipo ante el Racing de Santander, con Emery en el banquillo. O aquel ya más lejano ante el Isla Cristina, otro equipo de Segunda B. Al final, el litigio con el Villanovense, también de la categoría de bronce, quedó en un susto, como cierto año con Juande Ramos en que el Denia rozó la machada en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Pasó a octavos el Sevilla, qué menos. Pero fue un sorbo de lo más angustioso. Porque el bravo equipo extremeño se mantuvo a un gol del pase hasta el final. Acabó decidiendo un solitario gol de Andre Silva ante un portero inmenso, Isma Gil.

Hasta media docena de paradas de mérito hizo el guardameta del esforzado equipo verde. Entre ellas, el penalti de Andre Silva que acabó decidiéndolo todo y evitó males mayores. Fue en el minuto 49. Provocó la pena máxima Muriel, que fue con fe a un balón incierto, lo ganó ante el defensor y también fue más rápido que el arquero en el cruce dentro del área. El colombiano fue el atacante más bullidor, más insistente. Pero de nuevo evidenció que no lleva el gol en los genes. Quizás por eso le dio el balón a Andre Silva para que lanzara desde los once metros. 

Ese gol templó algo los nervios en la grada, que al descanso obsequió a los suyos con una sonora pitada.

Hasta entonces, era la tercera vez que la afición local se dejaba escuchar más que el animoso millar largo de seguidores desplazados desde Villanueva de la Serena. La primera fue en el minuto 16, como siempre, y la segunda cuando desde el gol norte se coreó el himno de Andalucía. El resto de la banda sonora fue extremeña, tal fue la frialdad de un ambiente que por fin se caldeó en el tramo final, cuando el personal olisqueó que podía haber guasa de la mala.

Esa frialdad inicial del ambiente era la misma que irradiaban Franco Vázquez o Andre Silva cada vez que la jugada iba con ellos. Pablo Machín compuso un equipo trufado de suplentes habituales, pero también salió algún primer espada, como el argentino y el portugués, para intentar encarrilarlo todo pronto y evitar tener que recurrir a la artillería del banquillo: Banega, Sarabia, Ben Yedder. La inminencia de la importantísima visita a Mestalla aconsejaba la dosificación de esfuerzos. Y que enfrente aguarda un equipo de Segunda División B también, qué caramba. Al final, los tres tuvieron que saltar a la hierba porque todo se mantuvo muy en el aire.

Entre la desidia de unos y las limitaciones mostradas una vez más, por si Joaquín Caparrós no lo había visto, de muchos de los integrantes de la unidad B, la primera parte se consumió con un inquietante empate a cero.

El Sevilla, hasta ese intermedio, tuvo ocasiones. Hasta ahí podíamos llegar viendo que litigaban el segundo de LaLiga con el decimosexto del Grupo IV de Segunda B, con un punto más que el filial del anfitrión. Pero en partidos de este pelaje, si no hay eficacia en los primeros remates y el portero del modesto coge confianza en la misma medida que los rematadores del poderoso la pierden, todo se va enredando. Y así sucedió.

En el minuto 15, Andre Silva dispuso de una volea un tanto forzada, y con su pierna menos buena, la zurda, que remató en semifallo. La pelota botó antes de que el portero Isma Gil sacara su brazo y desviara un balón que se colaba.

Le envió el balón al portugués desde la derecha Promes, una de las contadas noticias agradables de los de blanco en esa primera mitad. Por allí sí hubo chispa y profundidad, todo lo contrario que por el ala siniestra, donde Arana volvió a jugar con la cabeza agachada y arrugado, como el niño al que el padre reprende una trastada. Machín, como hizo con la merma de centrocampistas por las lesiones y la adaptación de Sarabia y Franco Vázquez como interiores, ha tirado de improvisación y le da el carril derecho a Promes ante las bajas de Jesús Navas y Aleix Vidal. Y el holandés ya sabe que es su oportunidad para encajar de una vez en el engranaje y empezar a justificar el esfuerzo en contratarlo.

Promes bajó tras el descanso. Y aunque Muriel sí mantuvo su vigor físico, se topó dos veces más con Isma Gil, en un zurdazo ajustado al palo izquierdo (62’) y en un eslalon que resolvió estrellando el balón en el pecho del guardameta (82’), que antes también tapó a Ben Yedder en un desmarque típico del franco-tunecino (67’).

Llegó la temida recta final. El decorado se puso como lo había soñado Julio Cobos, el entrenador de los pacenses. Y ahí estuvieron. En un balón bombeado que buscó el costado izquierdo de la zaga, Arana volvió a ser blando, su par le ganó por arriba y Gnagnon despejó defectuosamente a córner. Era el último minuto.

Caparrós debió soltar un tembloroso bufido desde la grada. Todo quedó en un susto, pero el rato angustioso que pasó el director deportivo le debe servir de acicate para redoblar los esfuerzos por contratar en este mercado invernal a tres jugadores que lleguen a aportar de verdad, como hicieron Lenglet y Jovetic hace dos años. Este primer cruce copero es otro aviso, como el de las tres salidas en su grupo de Liga Europa. Hay tiempo, dinero y una campaña que pinta guapa.

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