FC-Barcelona-Sevilla FC | La contracrónica

El amaneramiento del (ex)líder

  • El Sevilla salió mirándose al espejo del Barcelona y cuando se dio cuenta ya iba 2-0, como le ocurre en otros grandes escenarios

  • El Camp Nou marca su listón: con la buena intención no basta y Messi y Ter Stegen asieron con fuerza el liderato

Semedo se va fácilmente de Franco Vázquez en el origen del 1-0. Semedo se va fácilmente de Franco Vázquez en el origen del 1-0.

Semedo se va fácilmente de Franco Vázquez en el origen del 1-0. / Alejandro García / Efe

El Camp Nou es el campo que se le ha dado siempre peor al Sevilla. Sólo ganó allí seis veces y con la de anoche fue la visita septuagésima quinta en la historia de la Liga. Diciembre de 2002, la última vez que el Sevilla se impuso al coloso azulgrana en su casa en el torneo liguero, queda demasiado lejos. Enero de 2010 está algo más cerca, pero fue en la Copa del Rey, que acabaría levantando el Sevilla en este mismo escenario ante el Atlético de Madrid. ¿Qué le pasa al Sevilla en el Camp Nou?

Nada menos que 58 derrotas en 75 visitas ligueras es un lastre demasiado grande para un equipo con la historia y el palmarés del Sevilla, que, en cambio, en el siglo XXI es el que más veces le ha ganado jugando en casa al Real Madrid, 11 veces por siete del Barcelona. Son datos para reflexionar.

El Sevilla llegó al Camp Nou con la vitola de líder y Messi se la quitó de un plumazo a los dos minutos. Bueno, Messi, no. Fue Semedo el que aprovechó el amaneramiento del líder para entrar casi hasta la cocina mientras Franco Vázquez y Arana seguían mirándose en los espejos de ese coliseo tan sugerente y grandilocuente. Poco después sí fue Messi en persona, tras su asistencia a Coutinho en el 1-0, quien tumbó definitivamente al líder de la octava jornada para bajarlo a la tierra de su propia realidad histórica. Bastó otro error, otra indecisión, esta vez de Jesús Navas, para que el Barcelona rompiera los espejos del fútbol bonito y le demostrara al Sevilla que se trata de pegar más fuerte que el otro.

El golazo de Messi, que recibió con espacios mientras Banega intentaba iniciar un ataque apoyándose en el capitán sevillista, abrió una brecha que parecía imposible de cerrar. Pero el Sevilla sí sacó algo que conserva por encima de ese amaneramiento proverbial que saca en el Camp Nou, donde cuando es un equipo defensivo se vuelve ultradefensivo y cuando es un equipo sin solidez se transforma en blando hasta dar grima. Como anoche. Y ese algo que tiene por encima de su amaneramiento, o mejor dicho, ese algo de lo que se nutre su amaneramiento es fútbol y llegada.

Pese a que no era el día del Mudo –ya lo demostró enseñándole la alfombra roja a Semedo en el minuto 2–, este Sevilla sigue teniendo muchas piezas con las que conjugar acciones futbolísticas como para amedrentar a este Barça dubitativo. Sobre todo sin Messi: ¡sólo jugó 16 minutos!

La lesión del astro argentino abrió la espita, de forma tardía, y Andre Silva, con juego siempre iluminado por un faro puesto en la portería rival, y Jesús Navas, con su fe y su perseverancia, metieron al Sevilla en el partido.

Pero igual que Messi marca el listón de los que salen al Camp Nou a mirar y dejarse mirar, en la portería el Barcelona tiene a otro futbolista que marca el listón de los que no tienen la suficiente calidad, o la suficiente frialdad, o la suficiente maldad... Ter Stegen demostró con cuatro paradones a pares, a Andre Silva y Franco Vázquez primero y a Sarabia y Ben Yedder después, que ser líder de la Liga requiere algo más que hacer un fútbol llegador y atractivo. Requiere ese algo que le falta al Sevilla cuando acude a un gran escenario: romper los espejos.

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