Dorsal de Leyenda | Sevilla FC Lleno hasta la bandera y la reventa por las nubes

  • Un atestado antepalco recordó las noches agosteñas de los trofeos Ciudad de Sevilla

Blanco saluda a Eloy Matute, recordando su llegada al Sevilla, ante un atestado antepalco. Blanco saluda a Eloy Matute, recordando su llegada al Sevilla, ante un atestado antepalco.

Blanco saluda a Eloy Matute, recordando su llegada al Sevilla, ante un atestado antepalco. / Juan Carlos Vázquez

Nunca antes el antepalco del Ramón Sánchez-Pizjuán había presentado tal aspecto. Ni antes de las reformas que convirtieron la estancia en una diáfana especie de área grande. Se acabaron los tiempos de aquella puerta corredera que se cerraba en postpartidos de crisis para deliberar y coger aire para aguantar el chaparrón.

Blanco colgó el "no hay billetes" por primera vez en un Dorsal de Leyenda. Ni el primer acto en aquella feliz idea de José María del Nido para poner en un pedestal a su admirado Juanito Arza concitó a tanto fútbol en las entrañas del estadio que un día pensó Sánchez-Pizjuán. Como en aquellas calurosas noches de los trofeos Ciudad de Sevilla, el sevillismo –hubiese jugado al fútbol o no– se apiñaba y trataba de auparse, asomarse, estirar el cuello... para no perderse un detalle de ninguno de los testimonios, ya fuera en vídeo o en carne y hueso. Aquellas noches con rivales que sonaban a verano agosteño: Os Belenenses, Vasco da Gama, Honved de Budapest... o Ferencvaros, aquellos húngaros que nunca se imaginaron que iban a participar en el partido despedida de un mito en sevillismo. Porque aquello del 83 fue la despedida; el partido homenaje se jugó ayer con un lleno hasta la bandera en el coliseo de sus amores.

Nunca antes se habían cerrado las puertas con el aforo completo. Los teléfonos de un par de periodistas echaban humo en la calle junto a un ex futbolista que se impacientaba, Bonilla, y que estuvo a un tris de volverse a su casa. El protocolo al final tiró de sentido común y los imaginarios tornos siguieron aumentando sus cifras de récord. Nadie se podía mover. Fuera periodista, amigo, ex futbolista del Sevilla, ex futbolista del Betis. Pablo Alfaro, Buyo, Zúñiga, Nando, Rafa Paz, Diego Rodríguez, Javi Varas, Redondo... esos no entraban en la amplia etiqueta de ex compañeros de Pablo. Biosca, López, García Soriano... hasta Chaparro, se podían incluir en el séquito de Cardeñosa, verdiblanco con voz y voto en el estrado.

Resumen de la entrega del Dórsal de Leyenda a Pablo Blanco

Premios José Antonio Blázquez como Antonio García Barbeito; su imaginero de cabecera, Luis Álvarez Duarte; ex ministros y hermanos de ex ministros, como Juan Ignacio Zoido, Javier Arenas y Eduardo; un sevillista que volvía a donde se crió, Domingo Pérez... un rosario sin fin de nombres, prueba de las muchas generaciones a las que cautivó Blanco. Y las que quedan.

La reventa estaba cara en la puerta de cristales, sede de la ácida peña la Escalera, quizá germen de la bendita exigencia que tiene al Sevilla donde lo tiene. Pablo puso el Sánchez-Pizjuán a revienta calderas. Se enfundó el brazalete de capitán y empezó a repartir. Con ese aire a Javier Sardá, fue el mejor maestro de ceremonias de un Crónicas Sevillanas.

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