A todo esto..., habrá que ganar alguna vez un partido

El Sevilla de Almeyda, ya sin el argentino en la banda tras su polémica sanción, empieza a necesitar con angustia sumar para alejarse del descenso · El Getafe de Bordalás, durísimo examen para un grupo que debe transformar su rabia en algo positivo

Segundo tiro al aire: Apelación mantiene los siete partidos a Almeyda

Sow, Akor Adams y Ejuke, en un entrenamiento reciente.
Sow, Akor Adams y Ejuke, en un entrenamiento reciente. / José Ángel García

Han estado muy bien los alegatos a la justicia, los golpes de pecho, las lecciones de sevillismo y las rasgaduras en la camisa. Matías Almeyda, bandera de la rebelación contra el maltrato indiscriminado en una Liga corrupta desde hace mucho tiempo, ha sufrido en sus carnes lo que se llama una lección de ésas de las que se decían que con sangre entra. El problema es que las consecuencias las paga el Sevilla, un equipo que no gana nunca y que es eso lo único que necesita hacer, ganar.

Ni respaldos, ni apoyos, ni que le den la razón al técnico ni que se la quiten a los árbitros y a los comités. Probablemente el tal Iosu Galech se equivocó al expulsarlo, o no (porque según parece las advertencias estaban siendo constantes y el responsable del banquillo es el primer entrenador), pero quien se pasó tres pueblos fue el que se ha erigido, por omisión de otros, en el único estandarte del sevillismo en su reacción posterior y el castigo de 7 partidos es, a día de hoy, un cable suelto de alta tensión para un Sevilla que pisa con los pies desnudos en suelo mojado.

Todo esto no es más que la consecuencia de la inexperiencia de un recién llegado. Todos los entrenadores que ya conocen la Liga le dan la razón como colegas que son, pero ninguno se moja más de lo conveniente. Es instinto de supervivencia, un sexto sentido que Almeyda no tiene. Aprenderá a desarrollarlo, pero ahora esa carencia le ha jugado una mala pasada.

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La previa / 74

El bonaerense, que se ha ganado el respeto por su discurso claro y sin dobleces, corre el riesgo de perderse en las batallas contra los molinos que no son gigantes, sino molinos. Y un golpe en esa piedra blanca y dura del paisaje manchego puede llegar a aturdir el discernimiento. El Sevilla no está para eso. El Sevilla no está para que su entrenador, el único además que defiende a la entidad, se pierda en batallas inútiles en las que nunca, pero nunca de los jamases, va a resultar vencedor un mortal.

Aunque se sienta el menos culpable del mundo, el compañero de la Cope Víctor Fernández utilizaba esta semana un símil acertado al referirse a la reacción de Almeyda. “Si la Policía Nacional te pide por la calle el DNI, aunque uno no haya hecho nada es absurdo negarse a mostrarlo y ponerse como se puso porque acabas en el furgón”. El entrenador del Sevilla –y el club en su recurso– puede tener razón en que no debió ser expulsado. Negarse a obedecer y montar un circo en el que tuvo que ser agarrado por varias personas es algo que no permiten ni la Policía ni los árbitros. Y es por lo que ha sido, en su mayor parte, castigado.

El partido, por el ardor y la intensidad que ponen ambos equipos, se espera que sea trabado y con muchas interrupciones

A todo eso, el Sevilla tendrá que ganar alguna vez un partido. Hace un mes ya que no lo hace. Si Almeyda no acaba la temporada en el cargo no será por los árbitros ni por los comités... será sencillamente porque no gana partidos. Y ahí sí hay un problema serio. Se van acabando los asaltos y el Sevilla ni suma ni se distancia de la zona de descenso todo lo deseable en vista de todo lo que rodea en una entidad sumergida desde los pies a la punta del pelo en la locura. Una locura que también se vive en los partidos, en la forma de afrontarlos y en la forma de desarrollarlos.

No debería ser una referencia el derbi que está al volver la esquina, pero la ciudad ya se sabe cómo es, con lo que, por ello, adquiere más gravedad el resultado de esta tarde en el Coliseum ante uno de los peores rivales posibles, el Getafe de Bordalás, un equipo que llega además en racha, con dos triunfos consecutivos (uno de ellos sobre el Villarreal) y al que le puede resultar muy fácil llevar a la desesperación a un adversario que llega inmerso en la angustia y que tiene al desorden en un lugar preferente en su ideario.

Se miden los dos rivales que le ponen más ardor e intensidad a cada balón en disputa, por lo que no esperen un encuentro de gran calidad técnica y juego fluido. Los sevillistas, sin el calor de los consejos de Almeyda, deben dejar a un lado esa sobreexcitación que, por ejemplo, le costó a Juanlu no estar hoy en tierras madrileñas o muchas amarillas tempraneras a Carmona.

Protestar, no agacharse ante una injusticia y hacer respetar los derechos está muy bien, pero esto se trata de ganar partidos y alguna vez habrá que ganar alguno.

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