Sevilla FC

Si ése era el plan, Lopetegui es mago (0-1)

  • El Sevilla conquista tres puntos de un valor incalculable en su visita al Getafe gracias a un autogol de Etxeita

  • Cuatro minutos antes, Koundé salvó otro entre los palos y tal vez ahí esté la diferencia, entre el francés y el vasco

  • El vídeo del triunfo del Sevilla en Getafe

Suso, que centró en el gol, intenta escapar de Etxeita, el autor del mismo. Suso, que centró en el gol, intenta escapar de Etxeita, el autor del mismo.

Suso, que centró en el gol, intenta escapar de Etxeita, el autor del mismo. / Zipi | Efe

Tres puntos de diamante, más que el oro, para el Sevilla en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe. Pero esto es el fútbol, sin más, y los sevillistas pueden darle las gracias a todo el santoral por haber conseguido que el denominado Martínez Munuera consignara en el acta un triunfo del equipo visitante por cero a uno. Es así y quien quiera discutirlo, está condenado a llevarse horas y horas tratando de razonar lo que no tiene ningún motivo empírico.  

Dicho lo dicho y con la máxima felicidad futbolística en el interior de todos los que sienten la fe balompédica radicada en el sevillanísimo barrio de Nervión, conviene puntualizar que si ése era el plan que tenía trazado Julen Lopetegui para llevarse los tres puntos de su visita al Getafe, cabe alzarla al altar mayor del fútbol mundial. El vasco sería un auténtico mago si hubiera ideado esa manera de hacerse con todo el botín en juego.

Porque los suyos, sencillamente, jugaron a cara o cruz con el rival, tiraron la moneda al aire y a partir de ahí existía un 50 por ciento de posibilidades de que la misma cayera hacia un lado o hacia otro. Y se decantó hacia la faz, cara pues, y el Sevilla conquistaba un triunfo que le sirve para vivir en la zona más noble de la tabla clasificatoria.

¿Se puede pensar que un partido que se prolonga durante más de 95 minutos, contabilizando los dos alargues, se puede decantar por un factor tan aleatorio como la suerte? Bueno, quien esto suscribe es el resultadista más empedernido y, por tanto, siempre pensará que los sevillistas hicieron alguna cosa más mejor que los futbolistas que vestían de azul y que por eso ya figuran como ganadores de este litigio para los anales de la historia.

Pero sería tremendamente injusto no darle valor al hecho de que sólo cuatro minutos antes del gol que lo decidió toco, Koundé había sacado entre los palos una falta en el borde del área que había sacado Timor y que había desviado su trayectoria gracias a un toque de Acuña, que estaba en la barrera y que ya había puesto la pelota imposible para Bono. Tal vez, sin embargo, ahí esté el factor que lo decantó todo, que Koundé, listo como el hambre y defensa que está en el top mundial, supo intuir lo que sucedió, se quitó a toda velocidad de la punta de la barrera y se fue a proteger el poste más lejano a Bono. Diez para el central francés, pues salvó a los suyos del uno a cero.

Etxeita, zaguero que ha militado en varios equipos sin excesivo éxito y que llegó a estar en su día en las listas de un Monchi que manejaba muchísimo menos dinero para la confección de sus plantillas, trató de sacar también un balón centrado por Suso con la rosca hacia dentro, tocó la pelota con su cabeza y lo que consiguió fue un testarazo digno del mejor rematador de todos los tiempos. Imposible para David Soria, cero a uno para el Sevilla.

Tal vez quepa hallar la explicación a todo en la diferencia entre Koundé y Etxeita, tan fácil como eso

Koundé y Etxeita, un central aspirante a ser top mundial y otro zaguero que se gana la vida de forma más que digna con su trabajo. Si a eso se le suma la suerte, la buena y la mala, pues ésa es la cuestión que decide un fútbol tan igualado como el actual  y quien sonríe a mandíbula batiente es el Sevilla después de haber abandonado el estadio del Getafe, un recinto nada agradable, con los tres puntos en los baúles de sus utilleros.

Pero conviene desglosar el juego y lo primero que se viene a la mente en lo que se refiere al Sevilla es que Lopetegui siguió con su política de dosificación de la plantilla lógica respecto a Rennes. Entraban en el once titular Aleix Vidal, Acuña, Fernando, Joan Jordán y Ocampos, el 50 por ciento de los hombres de campo para que los blancos no se vieran mermados de energías contra un equipo que propone tanto físico como el que adiestra José Bordalás.

En la política de dosificación, Lopetegui sacó a cinco titulares que no lo fueron en Rennes

Y el Sevilla iba a arrancar con intenciones de hacer daño al Getafe. A los cuatro minutos exactamente se le anulaba un gol a Rakitic por fuera de juego de En-Nesyri, que cabe suponer que fue muy claro tras la revisión del VAR, pero que no fue pasado por ninguna repetición y dejaba la duda de la posición de Nyom en la parte más lejana de la pantalla junto al autor material del tanto. Pero no valió, como tampoco entró una falta en el borde del área que puso Joan Jordán en el travesaño con David Soria ensimismado por el lanzamiento y sin tener ni la más mínima opción de atajarlo.

El gol del Sevilla llegó con dos ‘nueves’ para ganar y con el central Koundé como un interior

Ahí se finiquitaría prácticamente la producción ofensiva de un Sevilla que volvió a jugar a lo que sabe realizar, a ese control de la situación que le tiene inculcado Lopetegui a los suyos para defenderse con la posesión del balón e impedir cualquier acercamiento del adversario hasta Bono. Y así iría transcurriendo el choque hasta que Etxeita tuvo a bien convertirse en el mejor delantero sevillista.

Hay que ser justos, sin embargo, y valorar que no fueron opciones nítidas, pero Joan Jordán erró dos empalmes con todo a favor, Acuña tuvo un doble disparo, sobre todo el segundo, para batir a David Soria y hasta En-Nesyri dispuso de un tiro cruzado que se fue muy cerca antes de que Lopetegui apelara ya a jugar con dos delanteros para hostigar la meta local, cosa que sucedió justo después de otro testarazo de Ocampos, y con Koundé como interior derecho en ataque pese a ser el central.

Ocasiones menores, cierto, pero acercamientos con peligro antes de que Koundé tuviera la intuición para irse al sitio justo y salvar el uno a cero. Después llegaría Etxeita para convertir a Julen Lopetegui en un verdadero mago del fútbol, porque si ése era su plan, insisto, a los altares de este deporte que se denomina balompié cabe llevarlo con celeridad.   

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