Sevilla FC El resultadismo que despista a Lopetegui

  • De ganar en Vigo a la ‘crisis’ que atraviesa el Sevilla sólo lo separan el 0-2 que tuvo Ocampos o el fatídico final.

  • El entrenador vasco no fue fiel a su ‘portería a cero’ y no equilibró el centro del campo con un tercer hombre.

Julen Lopetegui, con media sonrisa en un entrenamiento del Sevilla FC. Julen Lopetegui, con media sonrisa en un entrenamiento del Sevilla FC.

Julen Lopetegui, con media sonrisa en un entrenamiento del Sevilla FC. / Juan Carlos Muñoz

“Hemos ganado muchos encuentros haciendo peores partidos que el de Vigo”. La frase la pronunció Julen Lopetegui el pasado martes en la tertulia radiofónica en la que participó en Radio Marca y resume un poco lo que marca la línea del bien y el mal en el fútbol. Y Sevilla no es ninguna excepción. Es verdad que los extremos quizá sean un poco más protagonistas que en el norte a nivel de las sensaciones que perciben –y, por tanto, rebotan hacia el equipo– afición y prensa, pero al fin y al cabo es como en todo el mundo: las cosas van bien si el equipo gana y mal si el equipo pierde. Claro está, con sus claros y sus oscuros.

Quizá la diferencia está en que aquí cuando gana no sólo cuenta que lo haga, sino que también adquiere una importancia relevante si es dando espectáculo o buscando rentabilizar las ventajas y dejar la portería a cero. Lopetegui repitió en el mismo foro y se confesó adepto al credo de “la puerta a cero”, un concepto no del todo bien visto y que llegó a costarle chistes en su contra al último entrenador que dejó al Sevilla clasificado en tercera posición, Manolo Jiménez.

Lopetegui tiene razón. Si el Sevilla hubiese convertido la ocasión de Ocampos en el 0-2 o no hubiese recibido el pasado domingo por dos errores puntuales dos goles en Balaídos en poco más de 15 minutos las sensaciones a día de hoy serían muy diferentes, nadie hablaría ya de crisis y los conceptos futbolísticos del equipo estarían mucho más reforzados.

El Sevilla jugó un buen partido en Vigo. Es cierto. Con un matiz: concedió más ocasiones en su propia portería de lo que hasta entonces había sido lo habitual en el equipo de Lopetegui. No en vano, Vaclík fue uno de los más destacados interviniendo en varias ocasiones claras para los delanteros del Celta antes de los goles, en uno de los cuales –el segundo en el descuento– pidió perdón al saber claramente que se había equivocado con un mal despeje primero y una mejorable colocación en el disparo escorado de Pione Sisto luego.

Y si al entrenador vasco se le ha criticado por lo general que trata de cerrar los partidos para que no pase nada cuando se pone por delante en el marcador, ante el Celta se le puede achacar de lo contrario pese al cambio de Banega por Franco Vázquez, que no varió el esquema inicial con el que sorprendió al equipo gallego buscando más velocidad y ataque del espacio.

El 1-4-2-3-1 como variante de su 1-4-3-3 preferido restaba un hombre en el centro del campo para potenciar la fase ofensiva del juego muy probablemente como respuesta a la falta de profundidad que el Sevilla estaba acusando en los últimos partidos y que también había motivado críticas hacia su modelo. Sin ir más lejos, en el empate ante el Alavés en casa la semana anterior al equipo le costó un mundo crear ocasiones ante un rival replegado como el vitoriano, con una defensa de cinco hombres y una línea de otros cuatro por delante.

Ahora puede decirse que el Sevilla vive un momento de indefinición, aunque también es cierto que la llegada de En-Nesyri al equipo obliga a reajustar ciertas cosas para explotar lo mejor posible sus condiciones como variante al juego que puede ofrecer De Jong, total y claramente de otras características. Ni mejores ni peores, diferentes.

“Antes nos faltaba velocidad arriba. Ahora, con Youssef, la tenemos”, indicó sin dejar de reconocer que el delantero marroquí, que calificó de apuesta de futuro, aún está “un poco salvaje”.

Aunque Lopetegui ya va conociendo un poco cómo se entienden las cosas del fútbol aquí en Sevilla, el técnico tiene que convivir con los oportunistas vaivenes de las críticas según se den los resultados. Miranda de Ebro sí fue un borrón importante y ya lo han reconocido Monchi y el propio entrenador.

El resto es andar por encima de una manguera en el suelo como quien hace equilibrismo en el vacío, pero tocando con los pies los dos lados del suelo sobre el que descansa la goma. Traducido al fútbol: hay veces que interesa criticar el resultadismo y otras veces que no.

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