El Sevilla, un trasunto perfecto de la desesperanza
El sevillista no sabe ya adónde mirar y si se asoma a Internet se topa con Sergio Ramos...
Almeyda: "El partido se ve reflejado en el penalti"
QUÉ difícil es ponerse en estos momentos en el pellejo de un sevillista. O qué fácil si se lo ve como el trasunto perfecto de la desesperanza. Tras dejar atrás 2025, el año de las cuatro únicas victorias en Nervión, el 2026 lo abrió el Sevilla con una durísima derrota ante el Levante de Carlos Álvarez e Iván Romero. Los dos ex sevillistas hicieron bueno el aserto de que no hay peor cuña que la de la propia madera. Pero es que la madera está tan mojada en la estructura del otrora poderosísimo y temido Sevilla Fútbol Club...
Si malhadado fue 2025, el año en que eclosionó la venta del club como única solución posible tras años de guerra familiar, el entrante dejó una imagen desoladora. Entre el horario del almuerzo, el temporal Francis, la grotesca huelga de los biris -antes ultras que sevillistas como otros accionistas antes que sevillistas- y la desilusión que emana del club, el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán presentó no sólo la peor entrada de todo el curso, sino una imagen descorazonadora.
Fue la viva imagen de la desesperanza de un sevillismo que ya no sabe adónde mirar pues el palco hace oídos sordos a los gritos de censura y, además, qué más da a estas alturas si lo que se discute ahora es quién será el nuevo dueño del club... Por haber vacío emocional hasta quedó casi en el olvido el cántico que homenajea al héroe caído, Antonio Puerta.
Sin un líder ni en el césped ni en las moquetas, con Alexis cediendo al ímpetu juvenil del inepto Isaac para lanzar un penalti, con el entrenador sancionado y escondido en las entrañas del estadio, con José María del Nido Carrasco con el crédito absolutamente perdido como presidente y enrocado frente a la opinión pública... el sevillista miraba en la ilusionada víspera de la cabalgata de los Reyes Magos y sólo veía la nada.
Almeyda, de momento, sólo cumple una de las peores condenas: la de la falsa esperanza. Aunque le queda su dosis de crudo realismo como anclaje para la resistencia. Resistir para sobrevivir. El problema es que hasta el esperado nuevo dueño, una especie de taumaturgo que obrará el milagro de la salvación, es incierto y ahora surge Sergio Ramos como una aparición... ¿Hasta cuándo esta desesperanza? ¿Hasta cuándo esta subasta indecente del Sevilla?
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