De Sevilla a la Super Bowl: cuando Bad Bunny actuó en el auditorio Rocío Jurado hasta en dos ocasiones
El artista puertorriqueño, ahora consolidado como un fenómeno internacional, actuó en Sevilla en dos giras tempranas antes de alcanzar la cima de la industria musical.
Así fue la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl 2026, con la aparición sorpresa de Lady Gaga y Ricky Martin
Bad Bunny convirtió este domingo 8 de febrero el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX en un acontecimiento histórico. El artista puertorriqueño protagonizó el primer show íntegramente en español en la historia del evento deportivo más visto del planeta, seguido en directo por más de 150 millones de personas en todo el mundo. Una actuación cargada de simbolismo, celebrada en el Levi’s Stadium, que transformó el descanso del partido en una gran fiesta de la cultura latina y que contó con las apariciones sorpresa de Lady Gaga y Ricky Martin.
Sin embargo, mientras su nombre ocupa hoy titulares en todo el mundo, Sevilla puede mirar atrás y recordar que fue una de las ciudades que lo vio actuar cuando aún estaba empezando.
Sevilla, una parada clave en los inicios de Bad Bunny
Antes de convertirse en una figura global y de actuar en la Super Bowl, Bad Bunny pasó por Sevilla en dos de las primeras giras de su trayectoria. La primera fue el 6 de octubre de 2017, cuando tenía 23 años y actuó en el Auditorio Rocío Jurado dentro del Soy Peor Tour, una gira que marcó su desembarco en Europa y que coincidió con el momento en el que empezaba a hacerse un nombre fuera de Latinoamérica.
Apenas un año después, el 13 de julio de 2018, regresó al mismo recinto con la gira La Nueva Religión Tour, ya con una proyección internacional creciente, pero todavía lejos del estatus de superestrella que hoy lo sitúa en lo más alto de la industria musical.
En aquellos conciertos, Bad Bunny actuaba ante públicos reducidos en comparación con los actuales macroeventos. Las entradas se movían entre los 30 y los 75 euros, precios que reflejan una etapa inicial de su carrera, cuando su nombre aún no encabezaba festivales ni llenaba estadios. Resultan cantidades muy lejanas respecto a la gira de estadios que le llevará a Madrid y Barcelona este 2026, cuyos precios mínimos superan los 100 euros.
El Auditorio Rocío Jurado, hoy en desuso, fue uno de los escenarios que acogió a ese Bad Bunny incipiente, en un momento en el que su gira por España se componía de paradas similares en recintos medianos y salas de conciertos.
Un sonido muy distinto al de hoy
El Bad Bunny que actuó en Sevilla poco tiene que ver con el que este domingo hizo historia en la Super Bowl. En aquellos años, su propuesta estaba dominada por el reggaeton y el trap latino, con temas que lo habían colocado en el radar internacional pero sin la profundidad conceptual ni el giro artístico que definirían su evolución posterior.
Actualmente, tras ganar el Grammy a álbum del año en 2026, su último trabajo, Debí Tirar Más Fotos, representa una etapa completamente distinta: un disco más introspectivo, con referencias a sus raíces caribeñas, a la memoria y a la identidad, y que acumula ya más de 5.000 millones de reproducciones a nivel global.
Un show histórico con carga política y cultural
La repercusión del espectáculo del medio tiempo ha ido mucho más allá de lo musical. En un contexto especialmente delicado para la comunidad inmigrante en Estados Unidos, con el endurecimiento de las políticas migratorias y varios casos recientes de muertes de inmigrantes, en su mayoría latinos, Bad Bunny optó por un repertorio íntegramente en español.
Un gesto leído como una reivindicación de la identidad, la cultura y la dignidad de los pueblos latinoamericanos, lanzado desde uno de los escenarios más influyentes del planeta.
De un auditorio sevillano al escaparate global
Hoy, Bad Bunny es una figura internacional consagrada, capaz de convertir la Super Bowl en una celebración latina ante millones de espectadores. Pero antes de todo eso, Sevilla fue parte de su camino, una ciudad que lo escuchó cuando aún no era una superestrella y cuando su nombre todavía no encabezaba carteles ni rankings globales.
Un detalle que, con el paso del tiempo, convierte aquellos conciertos en el Rocío Jurado en una pequeña pero significativa pieza de la memoria musical de la ciudad.
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