Descubierta una nueva especie de avispa prehistórica conservada en ámbar en Cantabria
La avispa Cretevania orgonomecorum, atrapada hace 105 millones de años, revoluciona el conocimiento sobre insectos del Cretácico
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Un equipo internacional de investigadores ha identificado una nueva especie de avispa fósil en el ámbar de la cueva de El Soplao, en Cantabria. El ejemplar, bautizado como Cretevania orgonomecorum, permaneció atrapado en resina fosilizada durante 105 millones de años y presenta características anatómicas únicas que no coinciden con ninguna especie descrita hasta la fecha. El hallazgo ha sido publicado en la revista Palaeoentomology y amplía el catálogo fósil del Cretácico español, permitiendo redefinir la clasificación interna de su propio género.
La región de Cantabria se ha consolidado como uno de los territorios más relevantes para la paleontología europea. En este contexto, El Soplao destaca por la calidad excepcional de su ámbar, que ha revolucionado el estudio de la vida del Cretácico. A diferencia de otros yacimientos que conservan únicamente restos duros, el ámbar tiene la capacidad de mantener congelados en el tiempo tejidos blandos, estructuras delicadas, pigmentos, venas alares e incluso microdetalles anatómicos imposibles de observar en otras formaciones geológicas.
El descubrimiento añade una pieza inédita al rompecabezas evolutivo de las avispas evánidas y confirma la extraordinaria riqueza paleontológica del ámbar español. La investigación ha contado con la participación del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), la Universidad de Barcelona, la Universidad de Valencia, la Academia China de las Ciencias y el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. Además, ha recibido financiación del Gobierno de Cantabria, el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Generalitat Valenciana.
Características anatómicas de la nueva especie
La pieza de ámbar que contenía a Cretevania orgonomecorum fue examinada con técnicas de alta precisión, como microscopía confocal y análisis 3D. Estas herramientas permitieron obtener imágenes milimétricas y observar detalles clave de la anatomía del insecto. Los científicos pudieron distinguir características distintivas de sus antenas, la forma del tórax, la disposición de las patas y la compleja venación de sus alas, un rasgo fundamental para diferenciar especies dentro de este grupo taxonómico.
Aunque la avispa pertenece al género Cretevania, ampliamente distribuido en yacimientos del Cretácico de China y Myanmar, es más grande y presenta una combinación de rasgos morfológicos que no encaja en ninguna de las variantes descritas hasta ahora. Esta discrepancia llevó a los investigadores a declararla como una nueva especie y a revisar los límites diagnósticos de su árbol evolutivo. La identificación precisa de estos caracteres distintivos ha sido posible gracias a la preservación extraordinaria que proporciona el ámbar cántabro.
El valor científico del ámbar de El Soplao
El Soplao es conocido desde hace años en la comunidad científica internacional por la calidad excepcional de su ámbar. Hasta la fecha se han documentado más de 1.500 inclusiones fósiles en su resina, entre insectos, plantas, hongos e incluso pequeñas partes de vertebrados. De todas ellas, los científicos han descrito más de 30 especies nuevas de manera oficial, lo que convierte a este yacimiento en uno de los más prolíficos de Europa.
El ambiente en el que se formó este ámbar era muy particular: una antigua zona costera en la que coincidían ambientes continentales y marinos durante el Cretácico medio. La vegetación resinosa, sometida a cambios de humedad, temperaturas tropicales y actividad biológica intensa, generó grandes cantidades de resina que quedaron atrapadas bajo sedimentos durante millones de años. Este proceso de fosilización excepcional ha permitido conservar escenas completas: interacciones entre insectos, polen adherido a patas, trazas de hongos y restos de plantas que ya no existen.
El consejero cántabro de Cultura, Turismo y Deporte, Luis Martínez Abad, ha celebrado el descubrimiento, destacando que El Soplao sigue siendo «una gran fuente de información científica» y subrayando su relevancia global. Por su parte, el investigador del IGME-CSIC Enrique Peñalver ha señalado que el hallazgo «amplía nuestro conocimiento sobre la evolución de las avispas evánidas y confirma la extraordinaria riqueza paleontológica del ámbar español».
Reconstrucción del ecosistema del Cretácico europeo
El Cretácico medio, la época en la que vivió Cretevania orgonomecorum, corresponde a un periodo en el que gran parte de Europa estaba sumergida bajo mares tropicales. La Península Ibérica formaba un mosaico de islas donde convivían reptiles primitivos, plantas con flor recién desarrolladas, insectos de gran diversidad y los primeros organismos que comenzarían a dar forma a los ecosistemas modernos. Este contexto paleogeográfico resulta fundamental para comprender la distribución y evolución de las especies fósiles encontradas.
En este escenario, las avispas evánidas se consideran especialmente valiosas porque tienen un patrón de distribución muy amplio y presentan variaciones morfológicas muy marcadas. Esto significa que pueden actuar como fósiles guía, es decir, organismos cuya presencia ayuda a determinar la edad aproximada de los sedimentos en los que se encuentran. La nueva especie identificada en El Soplao proporciona información crucial sobre las conexiones biogeográficas entre Europa y Asia durante el Cretácico.
Historia y descubrimiento de la cueva de El Soplao
Situado entre los municipios de Herrerías, Valdáliga y Rionansa, El Soplao fue descubierto durante las explotaciones mineras de principios del siglo XX. La cavidad fue descubierta alrededor de 1908, cuando los mineros perforaron la galería «La Isidra», en el entorno del Prao Collao de Celis, un enclave privilegiado con vistas panorámicas que abarcan desde la costa asturiana hasta los Picos de Europa.
El término «El Soplao» alude al aire que se percibe al conectar una galería pobre en oxígeno con otra, motivo por el cual la cueva recibió su nombre. Aunque inicialmente fue explotada con fines mineros, la importancia científica del yacimiento quedó patente cuando comenzaron a documentarse las primeras inclusiones fósiles en ámbar. Desde entonces, la cueva ha sido objeto de numerosas campañas de investigación que han revelado su valor excepcional para el estudio de la vida prehistórica.
¿Qué son las avispas evánidas?
Las avispas evánidas constituyen una familia de himenópteros parasitoides que se caracterizan por su abdomen reducido y elevado, insertado en la parte superior del tórax. Estos insectos presentan un aspecto distintivo que los diferencia de otras familias de avispas. En la actualidad, las especies vivientes de evánidas son parasitoides de ootecas de cucarachas, lo que sugiere una relación ecológica antigua y especializada.
El registro fósil de este grupo es particularmente abundante en yacimientos de ámbar del Cretácico, especialmente en Asia y, ahora, en Europa. La diversidad morfológica observada en los fósiles indica que durante el Mesozoico estas avispas experimentaron una importante radiación evolutiva. El descubrimiento de Cretevania orgonomecorum aporta nuevos datos sobre esta diversificación y sobre las adaptaciones que permitieron a estos insectos colonizar diferentes ambientes durante el Cretácico medio.
¿Por qué es importante el ámbar para la paleontología?
El ámbar es resina vegetal fosilizada que tiene la capacidad única de preservar organismos con un detalle excepcional. A diferencia de los fósiles convencionales, que generalmente conservan solo las partes duras de los organismos, el ámbar puede mantener estructuras tridimensionales completas, incluyendo tejidos blandos, colores originales y hasta contenido intestinal. Esta preservación extraordinaria convierte al ámbar en una ventana privilegiada para observar la vida del pasado tal como era.
Los yacimientos de ámbar del Cretácico son particularmente valiosos porque corresponden a un momento crucial en la historia de la vida terrestre: la radiación de las plantas con flor y la diversificación de los insectos polinizadores. El ámbar de El Soplao, con sus 105 millones de años de antigüedad, captura un momento en el que los ecosistemas terrestres estaban experimentando transformaciones profundas. Cada inclusión fósil proporciona información sobre las interacciones ecológicas, la diversidad de especies y las condiciones ambientales de aquel periodo.
¿Cómo se estudian los fósiles en ámbar?
El estudio de inclusiones fósiles en ámbar requiere técnicas especializadas que permiten examinar los especímenes sin dañar la pieza. La microscopía óptica de alta resolución es el primer paso, pero en muchos casos resulta insuficiente para observar detalles minúsculos. Por ello, los investigadores recurren a técnicas avanzadas como la microscopía confocal, que permite obtener imágenes tridimensionales de alta precisión mediante el uso de láser.
Otra técnica fundamental es la microtomografía computarizada de rayos X, que genera reconstrucciones digitales en tres dimensiones del fósil sin necesidad de extraerlo del ámbar. Estos modelos digitales pueden ser manipulados virtualmente, permitiendo observar estructuras ocultas, medir con precisión diferentes partes anatómicas y realizar comparaciones con otras especies. En el caso de Cretevania orgonomecorum, estas técnicas fueron esenciales para identificar los rasgos distintivos que la separan de otras especies del mismo género.
Implicaciones para la biogeografía del Cretácico
El hallazgo de Cretevania orgonomecorum en España tiene importantes implicaciones biogeográficas. Hasta ahora, el género Cretevania se conocía principalmente de yacimientos asiáticos, especialmente en ámbar de Myanmar y de China. La presencia de este género en la Península Ibérica sugiere que durante el Cretácico medio existían conexiones biogeográficas entre Europa y Asia que permitieron la dispersión de estos insectos.
Esta distribución geográfica amplia plantea preguntas interesantes sobre las rutas de dispersión y las barreras geográficas que existían durante aquel periodo. La configuración de los continentes en el Cretácico era muy diferente a la actual, con mares poco profundos cubriendo extensas áreas y archipiélagos conectando regiones que hoy están separadas. El estudio de la distribución de fósiles como Cretevania orgonomecorum ayuda a reconstruir estos antiguos paisajes y a comprender cómo se movían los organismos entre diferentes regiones.
Perspectivas futuras de investigación
El descubrimiento de esta nueva especie de avispa prehistórica abre nuevas líneas de investigación en el yacimiento de El Soplao y en otros depósitos de ámbar cretácico. Los investigadores planean continuar con el análisis sistemático de las inclusiones fósiles conservadas en colecciones, muchas de las cuales aún no han sido estudiadas en detalle. Se espera que estos trabajos revelen nuevas especies y proporcionen información adicional sobre la diversidad de insectos durante el Cretácico.
Además, el desarrollo de nuevas técnicas de análisis, como la espectroscopía y el análisis químico no destructivo, permitirá extraer información sobre pigmentos originales, compuestos orgánicos y otros aspectos de la biología de estos organismos que hasta ahora han permanecido inaccesibles. La combinación de estos avances tecnológicos con la riqueza paleontológica de yacimientos como El Soplao promete seguir transformando nuestro conocimiento sobre la vida en el pasado remoto de nuestro planeta.
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