Comienzo discreto en Santander con una novillada sin trofeos

El novillero sevillano Lama de Góngora, en un desplante.
David Carrera (Efe) / Santander

21 de julio 2013 - 01:00

Pocos argumentos ofreció la novillada de Julio García, que se saldó con cinco silencios y una ovación, en el primer festejo de la Feria de Santiago celebrado ayer en Santander, en el que sólo el oficio de Lama de Góngora salvó una tarde en la que Fernando Rey y José Garrido pasaron desapercibidos.

Sólo el oficio y buen hacer de Lama de Góngora rescató una novillada gris como el cielo de Santander en una tarde en la que la terna estuvo tan desconcertada como la embestida del encierro enviado a la Feria de Santiago por el ganadero Julio García.

El diestro sevillano ofreció los mejores detalles de una corrida impropia para esta feria, en la que Fernando Rey y José Garrido se mostraron voluntariosos pero faltos de argumentos para contrarrestar el escaso fuelle y la falta de movilidad de este ganado salmantino.

De las reses, muy en la línea de su procedencia, Fuente Ymbro, solo se libró el sexto, el único que se dejó lidiar con el capote a manos de Lama de Góngora.

Con éste, el novillero andaluz cimentó lo más potable con la muleta en la cara del novillo para no perder al animal por el camino. Muy por encima de sus compañeros, sabiendo lo que hacía y, sobre todo, lo que quería, Lama de Góngora dio aire al novillo y supo arañar dos tandas meritorias con la mano izquierda que el público agradeció con los únicos aplausos de la tarde.

A su primero el sevillano hubo de mimarlo de igual modo aunque con distinta suerte, un toro muy lavadito de cara, más brusco que el resto pero al que, con temple, supo meter en el canasto. Una faena basada en el pitón derecho, con compás, de cuerpo a cuerpo y en la que el novillero volvió a salir vencedor aunque de nuevo sin suerte con los aceros.

Fernando Rey no supo o no pudo contrarrestar la falta de clase del novillo que abrió plaza, hecho que deslució una faena sin ligazón, con pases deslavazados y sin apenas continuidad.

Aunque lo intentó, el de Torremolinos acusó la falta de festejos -era su segunda actuación con picadores- y se tuvo que rendir ante un complicado toro al que dio la sensación de que se le podía haber sacado algo más.

Con el cuarto de Julio García, cosido a capotazos durante la lidia, el malagueño volvió a mostrarse generoso aunque con igual resultado, a pesar de leer con acierto el buen viaje del rival por el pitón izquierdo.

Al igual que en su primero, que despidió antes de matar con unas manoletinas a éste le sacó unos molinetes para cerrar una actuación con discreta y con altibajos.

José Garrido, novillero del que en principio se esperaba más, no tuvo su tarde y eso que quiso agradar de salida con unas gaoneras a su primer rival. La falta de temple del diestro pacense deslució los intentos con la muleta, enganchada en cada pase.

Sin continuidad, la faena no levantó el vuelo y pasaportó al novillo con la estocada más certera del festejo.

Su segundo enemigo resultó igual de manso y todo le tocó hacerlo a Garrido, con un animal que iba más a arreones que a embestidas y como el resto del encierro cada vez más metido en sus terrenos.

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