Marín pasea un trofeo en el adiós a los ruedos de Javier Valverde
El catalán cuaja una faena de mérito en Zaragoza y el salmantino es ovacionado en el festejo de su retirada como torero ante una deslucida corrida de Alcurrucén
GANADERÍA: Toros de Alcurrucén, el 6º como sobrero tras correrse turno en tercer lugar, desiguales de presentación. 1º, manso. 2º, encastado (aplaudido). 3º, manejable. 4º, manso y descastado. 5º y 6º, descastados. TOREROS: Javier Valverde, saludos en ambos;Serafín Marín, saludos y oreja. Miguel Tendero, saludos y silencio. INCIDENCIAS: El matador de toros Javier Valverde se despedía de los ruedos.media plaza.
La corrida fue toda cinqueña. Al primero lo anunciaron con 592 kilos, y aunque era largo, no los aparentaba, ni cerca. Huesudo y de carnes sueltas, era poco toro. El de Alcurrucén manseó hasta decir basta en todos los tercios y llegó a la muleta buscando más la huida que emplearse, aunque se movió. Con la cara suelta, eso si. Bien lidiado por Luis Carlos Aranda, Valverde anduvo paciente con él, trató de sujetarlo y consiguió robar muletazos de buen aire por la izquierda, que era el único potable. Lo mató a la segunda.
El toro con el que Valverde dijo adiós tampoco quiso embestir. Manseó de salida, se durmió en el peto pero también buscó la huida y llegó defendiéndose y sin terminar de romper hacia adelante en la muleta. El salmantino tiró de oficio y consiguió algunos pasajes aislados sobre la zurda, pero no hubo manera de levantar la faena. A Valverde lo arroparon con cariño y le hicieron saludar.
El segundo fue otra cosa. Bajo de agujas y bien hecho. Embistió. El de Alcurrucén se dejó torear de capa y Serafín lo cuajó en lances templados. Bien picado, el toro se vino galopando y con fijeza. Exigente también, porque cuando se quedaba encima se indisponía y comenzaba a defenderse.
Serafín quiso lucirlo y lo lució de largo en una faena marcada por la intensidad del animal. Cuando estaba comenzando a elevar el vuelo, un desarme dejó en tono plano la faena, en la que no volvió la cara y en la que hubo, sobre todo, ganas delcatalán. Y varios pinchazos.
El quinto manseó de salida, se refugió en las rayas en los primeros tercios y no rompió nunca hacia adelante. Sin embargo, Serafín nunca le volvió la cara y apostó ya desde el capote, con un ajustadísimo quite por gaoneras dando al toro las ventajas en sus terrenos, clamoroso. No movió un músculo y dijo aquí estoy yo. Y estuvo. La faena fue una lucha entre el no quiero embestir y el vas a hacerlo. Y el catalán le fue robando los muletazos a base de pisar su terreno, aguantar parones y exponer los muslos. Eso y una buena estocada pusieron en sus manos la oreja.
El tercero tuvo tan buenas hechuras y condición como falta de fuerzas. Tendero corrió turno y el que estaba de sexto fue un toro bajo y apretado de carnes que se frenó de salida y al que el albaceteño metió bien en el canasto con lances genuflexos. Miguel hizo el esfuerzo y se puso y, cuando le cogió el aire y la distancia, llegaron muletazos buenos y templados. Sin embargo, las series no pudieron alargarse y el público no terminó de meterse en la faena.
El sobrero cerró plaza y tampoco embistió. Agarrado al piso, sin querer pasar ni humillar, frenado siempre, metido en las rablas y sin embestir dos veces. A punto estuvo de echarse. Tendero estuvo por encima.
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